La risa del poder

La Mañanera tiene Detector de Mentiras. Lo que todavía no tiene es Detector de Preguntas a Modo. Y algunas llegan con la respuesta, el elogio y hasta el aplauso incluidos. ¿Periodismo o servicio a la habitación? Hay preguntas que fiscalizan al poder y otras que se lo sirven en bandeja: “70% de aprobación, Presidenta, ¿cómo lo logró?”. Sheinbaum puede reírse de una nota falsa. Claro. La pregunta incómoda es qué ocurre cuando desde la principal tribuna del Estado la risa sustituye al argumento y el crítico se convierte en espectáculo. En Palacio hasta la cortesanía se disfraza de periodismo.
AguaQuemada

septiembre 6, 2026

// Ombudsman del Derecho de las Audiencias de la Mañanera del Pueblo / IAQuemada


Semana del 31 de agosto al 4 de septiembre de 2026

Ciudad e México.- La Mañanera tiene dos versiones de sí misma. En una, el periodista pregunta y el poder responde. En la otra, el periodista proporciona la respuesta y el poder solamente agradece la asistencia.

Durante la semana del 31 de agosto al 4 de septiembre —sin conferencia el martes 1 por el Segundo Informe— ambas convivieron en Palacio Nacional y en la conferencia realizada en Zacatecas. Hubo preguntas incómodas sobre Rubén Rocha Moya, huachicol fiscal, Andrés Manuel López Beltrán, Adán Augusto López, Aduanas, austeridad, corrupción y vínculos políticos. Pero también hubo preguntas que parecían diseñadas para que Claudia Sheinbaum desarrollara su argumentario.

El problema no es afirmar que en la Mañanera nadie cuestiona. Los documentos demuestran que eso sería falso. El problema es otro: quién obtiene el micrófono, desde dónde pregunta, qué clase de pregunta formula y qué hace la Presidenta con quien contradice su narrativa.

El poder empieza en las sillas

El primer dato no admite demasiada retórica.

Esta semana hubo 26 participaciones. Catorce correspondieron a periodistas ubicados en primera fila; cinco, en segunda; cuatro, en tercera; dos, en cuarta, y solamente una en quinta.

La primera fila concentró así 53.8% de las participaciones. Las dos primeras, 73.1%. Las tres primeras acumularon 88.5%.

Estar adelante no demuestra afinidad política. Pero estadísticamente significa algo bastante sencillo: el acceso a la palabra está extraordinariamente concentrado.

Y el micrófono presidencial no es un objeto menor. Permite preguntar, pero también colocar asuntos en la agenda nacional y proporcionar a Sheinbaum oportunidades para desarrollar mensajes que después serán reproducidos por medios, redes sociales y canales oficiales.

El lunes fue excepcional: la propia relatoría señala que las preguntas fueron limitadas al tema educativo debido a la presencia de estudiantes. Hans Salazar y Cristian Galarza concentraron las intervenciones.

La sustancia política llegó el miércoles.

“¿Cómo llegar a un 70 por ciento?”

Carlos Navarro, de Heraldo Media Group, mencionó una encuesta que otorgaba 70% de aprobación a Sheinbaum y formuló una pregunta difícil de considerar fiscalizadora:

“¿Cómo llegar a un 70 por ciento justamente en su Segundo Informe, Presidenta?”

Después llegó Máximo Allende, de Subjetivo MX. Comenzó recordándole que siete de cada diez mexicanos la respaldaban y que Morena alcanzaba 52% de preferencias electorales. Quiso conocer el momento más satisfactorio de su gobierno y, durante el intercambio sobre sus giras, incluso preguntó si no se cansaba de los trayectos.

Más adelante describió el escenario político como el de “tal vez, la peor oposición que ha tenido México en el siglo XXI”, antes de preguntarle qué podía todavía acordarse con PRI y PAN.

Esto ya no es solamente una pregunta favorable. Es una modalidad más sofisticada: la pregunta argumentativa.

El periodista construye primero la tesis, define buenos y malos, establece la interpretación y finalmente entrega la palabra a la Presidenta para que concluya el razonamiento.

El reportero deja de interrogar al poder y comienza a servirle el pase.

Pero sí hubo preguntas incómodas

Ese mismo miércoles Dalila Escobar, de Proceso, mostró por qué sería tramposo caracterizar toda la conferencia como un ejercicio de propaganda.

Preguntó si la unidad de Morena implicaría protección “a ciegas” de funcionarios o militantes que hubieran cometido delitos; cuestionó sobre Rubén Rocha Moya y las pruebas solicitadas a Estados Unidos; llevó la conversación hasta los señalamientos de la DEA y después abordó el huachicol fiscal, Rafael Ojeda Durán, los Farías Laguna, Andrés Manuel López Beltrán, Adán Augusto López y los contratos de Jorge Amílcar Olán.

Karina Aguilar, de 24 Horas, confrontó el discurso presidencial de gobernar “con humildad y sin excesos” con camionetas, escoltas, vinos caros y vuelos privados.

“¿A quién iba dirigido este mensaje?”, preguntó. Y después insistió: “¿Considera que se le está haciendo caso?”.

Ahí aparece la otra Mañanera.

La que todavía puede funcionar como ejercicio de rendición de cuentas.

Precisamente por eso resulta necesario distinguirla de la cortesanía.

Preguntar o preparar el aplauso

Nancy Flores, de Contralínea, realizó cuestionamientos técnicamente relevantes sobre irregularidades en Aduanas y evasión fiscal relacionada con hidrocarburos. Pero también incorporó calificativos políticos al discurso de sus preguntas: habló de “trasnochados” y de un supuesto “golpe de Estado técnico” contra la reforma judicial.

El jueves el contraste fue todavía más visible.

Carlos Pozos, de Lord Molécula, llevó la conversación hacia Felipe Calderón, el testamento político presidencial y la permanencia de las Mañaneras. El resumen del expediente registra sus temas como la estatua de Calderón, el “testamento” de Sheinbaum, la falta de fastuosidad del Informe y la institucionalización legal de las conferencias.

Ese mismo día Julio Omar Gómez, de Medios del Pacífico, preguntó por funcionarios de Aduanas señalados por corrupción o conflicto de interés y por dudas sobre empresas contratadas para el mantenimiento de las vías del Tren Maya.

Y Yusbel Rada colocó sobre la mesa a las madres buscadoras que dicen no sentirse escuchadas, Ayotzinapa, extorsiones en verificentros y posibles conexiones políticas con el Partido Verde.

La diferencia no podría ser más clara.

Unos preguntan qué quiere explicar el gobierno. Otros preguntan aquello que el gobierno tendría razones para no querer explicar.

El viernes llegaron Andy y Adán

En Zacatecas, Israel Aldave, de Grupo Fórmula, rompió cualquier posibilidad de sostener que los asuntos incómodos están completamente proscritos.

Preguntó directamente si existía alguna investigación contra Adán Augusto López y Andrés Manuel López Beltrán relacionada con huachicol fiscal. Después insistió en saber si la Secretaría Anticorrupción tenía abierta alguna investigación contra ambos.

Gaspar Vela, de MILENIO, había abierto la conferencia preguntando por la solicitud de extradición de Cristina Pereyra, esposa de Genaro García Luna; siguió con las elecciones de 2027 y después interrogó a Omar García Harfuch sobre explosivos, el multihomicidio de Atizapán y el CJNG.

Frente a ellos también aparecieron preguntas más cómodas. Gerardo Romo planteó la posibilidad de llevar el modelo de seguridad de Zacatecas a otros estados, es decir, tomó como punto de partida una valoración positiva de la política presentada por el gobierno.

No necesariamente es propaganda. Sí es una pregunta favorable.

La distinción importa.

Y entonces el poder se ríe

El otro fenómeno de la semana no está solamente en las preguntas sino en las respuestas y en la manera en que Palacio procesa la crítica.

Sheinbaum ha convertido la refutación pública en parte sustantiva de la Mañanera: medios, periodistas, articulistas, opositores y versiones incómodas pueden pasar de objeto de una pregunta a protagonistas de una respuesta presidencial.

El problema democrático no consiste en que la Presidenta responda. Tiene derecho a hacerlo.

Consiste en la monumental desigualdad del intercambio.

Un periodista publica una investigación o una columna. La Presidenta dispone del Salón Tesorería, la transmisión oficial, el aparato de comunicación gubernamental, las redes institucionales y una audiencia nacional para contestarle.

Y cuando la respuesta presidencial sustituye argumentos por descalificaciones, etiquetas o risas, la cuestión deja de ser simplemente comunicacional.

Se convierte en una cuestión de poder.

No es censura automática. No impide necesariamente que el periodista siga publicando. Pero tampoco existe simetría entre ambos interlocutores.

Una cosa es ejercer el derecho de réplica. Otra, convertir la tribuna del Estado en tribunal cotidiano del periodismo.

El detector que también necesita detector

La paradoja alcanza su expresión perfecta en una conferencia que incluso posee un segmento denominado “Detector de Mentiras”.

El miércoles apareció formalmente dentro del programa de la Mañanera.

El gobierno verifica al periodismo.

La pregunta democrática inevitable es quién verifica al verificador.

Porque determinar qué afirmación es falsa puede ser un ejercicio legítimo de contraste. Determinar qué periodista merece descrédito desde la principal tribuna política del país es algo distinto.

Y cuando esa práctica convive con preguntas que ya contienen elogios, adversarios predeterminados o éxitos gubernamentales convertidos en premisas, el ecosistema termina cerrándose sobre sí mismo: Palacio pregunta, Palacio responde y Palacio certifica quién dijo la verdad.

La métrica que importa

La revisión de esta semana obliga a abandonar una simplificación frecuente.

No, la Mañanera no está integrada exclusivamente por periodistas cortesanos.

Los propios expedientes lo desmienten.

Hubo cuestionamientos sobre Rocha Moya, Andy López Beltrán, Adán Augusto, Ojeda Durán, huachicol fiscal, corrupción aduanera, austeridad, vuelos privados, desaparecidos y madres buscadoras.

Pero tampoco puede presentarse como una conferencia convencional donde todos los periodistas compiten en condiciones equivalentes.

El dato físico resulta demoledor: 73.1% de las participaciones procedió de las dos primeras filas y 88.5% de las tres primeras.

Por eso AQ propone medir las Mañaneras con cuatro categorías: preguntas críticas/fiscalizadoras, neutrales/informativas, favorables/cortesanas y propagandísticas/argumentativas.

La clasificación debe hacerse pregunta por pregunta, no medio por medio. Un periodista puede formular una pregunta crítica y después una favorable. El rigor obliga a medir el contenido, no adjudicar ideologías.

Ahí está la diferencia entre verificar y militar.

El privilegio de reír desde arriba

La fotografía de la semana no es la de una conferencia donde nadie incomoda a Claudia Sheinbaum.

Es más compleja.

Hay periodistas que incomodan. Hay quienes investigan. Hay quienes preguntan por personajes poderosos de Morena. Hay preguntas que obligan al gobierno a defenderse.

Pero también existe un ecosistema donde algunos participantes proporcionan argumentos, elogios y enemigos antes de formular la interrogante; donde casi nueve de cada diez participaciones se concentran en las tres primeras filas; donde el gobierno posee su propio “Detector de Mentiras”; y donde la Presidenta puede responder desde una plataforma incomparablemente superior a aquella desde la cual fue cuestionada.

La pregunta de fondo no es si Claudia Sheinbaum puede reírse de sus críticos.

Claro que puede.

La pregunta es otra:

¿qué clase de conversación pública construye un gobierno cuando quien concentra el micrófono también decide quién pregunta, quién responde y quién merece la carcajada?

Porque en democracia el poder puede reír.

Lo peligroso comienza cuando solamente desde arriba se escucha la risa.

Fuente:

// Medios / La Mañanera del Pueblo / IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor

// Staff

Más Información

Usamos cookies para mejorar tu experiencia y personalizar contenido. Al continuar, aceptas su uso. Más detalles en nuestra Política de Cookies.