Con las voces de algunos de sus protagonistas, este ensayo reconstruye la gestación de ‘Poesía en movimiento’, un libro capital para comprender la poesía mexicana del siglo XX.
Por Adolfo Castañón
I
Poesía en movimiento cumple sesenta años desde su aparición con el sello de Siglo XXI, editorial recién fundada entonces por Arnaldo Orfila Reynal, quien acababa de dejar el Fondo de Cultura Económica (FCE). Hasta la fecha se han publicado 36 ediciones. El proyecto de la antología se remonta a los últimos tiempos del editor argentino en el FCE. Así le escribe a Octavio Paz:
Junio 18 de 1965
Mi querido amigo:
Recordará usted nuestra Antología de la poesía mexicana moderna, que mereció el agudo examen crítico que publicara usted en el momento de su aparición. Dicha obra se agotó hace algunos años y Castro Leal nos ha tenido a la espera de su nueva Antología por ese mismo tiempo. Ahora último, he debido cancelar las tratativas que con él llevábamos para decidir la edición, en vista de una actitud poco amistosa que ha demostrado.
Esto me ha dejado en libertad de considerar la posibilidad de hacer otra Antología diferente y se me ha ocurrido que usted sería quien podría dar la mejor selección para una obra de esa naturaleza y para la que le serviría como trabajo adelantado la que publicó en la UNESCO.
¿Qué impresión le produce esta idea? ¿No cree usted que podría prestarnos esa gran ayuda y que pudiéramos darnos el gusto de publicar una Antología preparada por usted?
[…]
Una variante podría ser —en caso de que usted deseara alguna colaboración— efectuar una “selección colectiva”, que me parece podría resultar una idea novedosa[1]: que tres o cuatro escritores o críticos participaran en la selección y que se explicara luego la forma en que se proceda. Alí participaría y podríamos ponernos de acuerdo en los otros dos nombres. Me daría mucho gusto que usted me diera su opinión sobre todo esto y que me dijera que por lo menos no le parece disparatada esta segunda proposición[2].
II
El FCE había publicado en 1953 una antología de la poesía mexicana hecha por Antonio Castro Leal: La poesía mexicana moderna. Paz la había criticado y era vox populi que la selección de Castro Leal había sido superada y que era necesario hacer otra. Por su parte, Octavio Paz tenía en mente hacer una antología de la poesía mexicana más ágil y rigurosa. Sin embargo, estaba fuera de México y no era fácil concertar la operación a larga distancia. Orfila le propuso que la hiciese apoyado con un equipo de amigos que estaría compuesto por Alí Chumacero (1918-2010), José Emilio Pacheco (1939-2014), Homero Aridjis (1940) y él mismo. Yo añadiría otro nombre: el del propio Arnaldo Orfila, sin cuyo empeño inteligente no hubiera podido salir a la luz la antología, como muestra el epistolario Cartas cruzadas 1965-1970, donde también es posible ver cómo en distintos momentos el proyecto de Poesía en movimientoparece a punto de naufragar: Paz amenaza con desistir, pero también lo hacen Alí y José Emilio. El proyecto solo se salva gracias a la paciencia y al sentido de la equidad de Orfila, que funge como benigno intermediario entre Paz y Alí y Pacheco, y quien al final resulta el único realmente satisfecho. Se tiene la fortuna de que el proceso de composición de la antología está expuesto en esta correspondencia, que ventila el laboratorio editorial. El título de la antología le sería propuesto a Paz por Orfila, como se desprende de una extensa carta que Octavio Paz escribe el 3 de mayo de 1966:
Pero lo importante del prólogo es el tono: firme sin insolencia ―o, más bien, sin demasiada insolencia― y, en cierto modo, agresivo, polémico. Nuestra divisa y justificación: “Pour être juste, c’est à dire pour avoir sa raison d’être, la critique doit être partiale, passionnée, polémique, c’est à dire faite à un point de vue exclusif, mais un point de vue qui ouvre le plus d’horizons” (Baudelaire). Nos proponemos una antología no de la mejor poesía mexicana moderna sino de los poetas que conciben la poesía como aventura y experimento. Una antología de la poesía en movimiento.
III
El juguete editorial presenta un conjunto de novedades: el orden regresivo y no histórico; la convivencia de unas notas anónimas de los editores sobre los poetas que encuentran un contrapunto con el prólogo de Octavio Paz, en el cual combina su lectura poética y crítica con una caracterización de los 42 poetas nacidos entre 1871 y 1940, desprendida del I Ching, cuya inspiración el poeta mexicano le debe al músico norteamericano John Cage.
La antología no considera sonetos; en cambio, sí contempló integrar poetas en prosa como Julio Torri y Juan José Arreola. Seis de los autores, Villaurrutia, Gorostiza, Owen, Pellicer, Novo, Ortiz de Montellano, pertenecen al grupo de Contemporáneos; cuatro son de La espiga amotinada; hay un estridentista, Manuel Maples Arce; y dos provienen de la revista Taller, Octavio Paz y Efraín Huerta. La selección busca salvar “instantes en que la poesía, además de ser franca expresión artística, es búsqueda, mutación y no simple aceptación de lo heredado”. Se da un contrapunto y “oscilación entre formas abiertas y cerradas”. Hay un diálogo entre Poesía en movimiento y La espiga amotinada, animada por Agustí Bartra. Cabría pensar que en esta antología se materializa el diálogo entre el mexicano y el catalán.
El paisaje comprende 42 poetas (cuatro son mujeres). Cuatro son de Jalisco, tres de Tabasco, tres de Tuxtla Gutiérrez, dos de Monterrey, dos de Sinaloa, dos de Veracruz, dos de España y los restantes de Querétaro, Hidalgo, Morelos, Coahuila, Zacatecas, Guanajuato, Nayarit, San Luis Potosí. Predominan los nacidos en la ciudad capital.
Dentro de la antología hay errores en algunas de las fechas de nacimiento: Gabriel Zaid no nació el “14 de octubre de 1934”, sino el 24 de enero; y Jaime García Terrés no nació el “24 de mayo de 1924”, sino el 15 de mayo.
IV
Veinte años después Octavio Paz escribió un “Postscriptum”:
Estas páginas fueron el prólogo del libro Poesía en movimiento (selección y notas de Alí Chumacero, José Emilio Pacheco, Homero Aridjis y Octavio Paz), aparecido en 1966. Las publico no sin vencer ciertos escrúpulos. Aparte de sus lagunas e insuficiencias, fueron escritas hace veinte años y el paisaje poético de México ha cambiado mucho. La porción más vulnerable y perecedera de mi ensayo es la sección “Juego”. Ahora, al releerla, siento rubor, irritación y mareo. Fue una apuesta. Perdí en muchos casos, en otro, la muerte anuló la rotación de los signos: Becerra. Me consuela saber que ese infortunado muchacho nos dejó una obra. Por último, no será excesiva presunción decir que unas cuantas de mis modestas previsiones se han cumplido. Por ejemplo, aunque pocos se han dado cuenta con la publicación de sus últimos libros de poemas y de Poética y profética, hemos asistido al “tercer nacimiento” de Tomás Segovia.
Un nombre —una obra— que ha cambiado nuestro paisaje poético: Eduardo Lizalde. Unos años antes de la publicación de Poesía en movimiento era conocido por un libro inteligente y, al mismo tiempo, sensible: Cada cosa es Babel (1960). Diez años después, en 1970, publicó El tigre en la casa. Fue el año de su aparición, en el sentido fuerte de la palabra: la aparición de un poeta verdadero tiene algo de milagroso. Desde entonces Lizalde ha publicado varios libros de poemas; cada uno de ellos cada vez con mayor precisión y limpieza no exenta de piadosa ironía es una operación sobre el cuerpo de la realidad. Mirada cuchillo de cirujano, mirada de moralista, mirada de enamorado. Podría agregar más casos, como el de Francisco Cervantes. Otro cambio no menos notable: la presencia de una nueva generación de poetas. No se ha manifestado como una irrupción, sino como una lenta marea. Es una generación dividida en dos promociones: los mayores se acercan a los cuarenta años y los menores no llegan a los treinta. Juzgarlos sería temerario; no lo es decir que entre ellos se encuentran algunos de los mejores poetas jóvenes de nuestra lengua. Nos ha tocado a los mexicanos, durante estos últimos años, vivir tiempos duros e inciertos; entre los pocos signos que me devuelven la confianza en nuestra continuidad espiritual, encuentro dos: la poesía y la música de los jóvenes. Es un fenómeno del que, como siempre ocurre, muy pocos hablan. Es mejor: en el silencio germinan las obras que duran.
México, 10 de junio de 1986[3].
V
Todavía no hemos logrado digerir lo que este corpus de la lírica mexicana contemporánea significa y seguimos girando a su alrededor sin encontrar el hoyo negro que la alimenta. No extraña entonces que Gabriel Zaid, nueve años después, haya hecho una lectura singular: “Aspectos siniestros de Poesía en movimiento”:[4]
Poesía en movimiento es una antología racista que discrimina ignominiosamente a algunos de los más nobles signos del zodiaco: Piscis, Virgo, Libra, Sagitario, Capricornio, para consagrar a los de su propia ralea: Aries, Cáncer y amigos: Escorpión, Géminis, Leo. Es además una lucha interna por el poder entre el Sol y la Luna; Marte y Júpiter. Afortunadamente, las claves esotéricas (esas fechas precisas) que se han dejado a la posteridad, con la vanidad propia de quienes creen cometer un crimen perfecto, han sido convertidas y tabuladas para ponerlo todo en evidencia.
Uno supondría que los 42 poetas incluidos se distribuirían democráticamente a lo largo del zodiaco, lo cual daría tres o cuatro para cada signo. En la tabla siguiente (ajustada para tomar en cuenta algunas fechas de nacimiento equivocadas), la iniquidad salta a la vista.
Hay un equilibrio razonable entre los signos positivos y los negativos. Sumando alternadamente Aries, Géminis, Leo, etcétera (positivos), resulta 52%. Sumando Tauro, Cáncer, Virgo, etcétera (negativos), resulta 48%. Lo cual concuerda con el equilibrio (y la pugna) de los antológos: dos positivos y dos negativos.
Aries: 7 (17%)
Tauro: 3 (7%)
Géminis: 5 (12%)
Cáncer: 7 (17%)
Leo: 5 (12%)
Virgo: 1 (2%)
Libra: 1 (2%)
Escorpión: 7 (17%)
Sagitario: 1 (2%)
Capricornio: 2 (5%)
Acuario 3 (7%)
Piscis: 0 (0%)
42 (100%)
La lectura de Zaid me ha sugerido abrir el juego hacia los signos del horóscopo chino.
Rata: Ramón López Velarde, Elías Nandino, Manuel Maples Arce, Jaime García Terrés, José Carlos Becerra.
Buey: Alfonso Reyes, Julio Torri, José Gorostiza, Rosario Castellanos, Eraclio Zepeda, Jaime Augusto Shelley, Óscar Oliva.
Tigre: Jaime Torres Bodet, Efraín Huerta, Octavio Paz, Jaime Sabines, Francisco Cervantes.
Conejo: Xavier Villaurrutia, Tomás Segovia, Jaime Labastida, José Emilio Pacheco.
Dragón: Gilberto Owen, Salvador Novo, Homero Aridjis.
Serpiente: Rodolfo Usigli, Margarita Michelena.
Caballo: Amado Nervo, Manuel José Othón, Alí Chumacero, Juan José Arreola, Manuel Calvillo, Manuel Durán.
Cabra: José Juan Tablada.
Mono: Juan Bañuelos, Marco Antonio Montes de Oca, Salvador Elizondo, Thelma Nava.
Gallo: Carlos Pellicer, Renato Leduc, Jorge Hernández Campos.
Perro: Gabriel Zaid, Isabel Fraire.
Cerdo: Bernardo Ortiz de Montellano, Rubén Bonifaz Nuño, Sergio Mondragón.
Dragón: 3 (7%)
Conejo: 4 (10%)
Cerdo: 3 (7%)
Tigre: 5 (12%)
Buey: 7 (17%)
Perro: 2 (5%)
Mono: 4 (10%)
Cabra: 1 (2%)
Rata: 5 (12%)
Caballo: 6 (14%)
Serpiente: 2 (5%)
42 (100%)
El signo de Arnaldo Orfila era Gallo, al igual que el de Carlos Pellicer, Renato Leduc, Jorge Hernández Campos. Todavía quedan cosas por decir sobre este conjunto lúdico y poético.
[1] Orfila tenía en mente proyectos como la Antología de la poesía mexicana moderna(1928) de Jorge Cuesta (1903-1942), o la antología colectiva Laurel. Antología de la poesía moderna en lengua española(1941).
[2] Arnaldo Orfila/ Octavio Paz, Cartas cruzadas 1965-1970, introducción y notas por Adolfo Castañón. Siglo XXI Editores, México, 2016.
[3] “Postscriptum” se publicó en México en la obra de Octavio Paz. Generaciones y semblanzas, FCE, México, 1987.
[4] Gabriel Zaid, Cómo leer en bicicleta. Problemas de la cultura y el poder en México, Cuadernos de Joaquín Mortiz, México, 1975.
‘Poesía en movimiento’ se publicó en noviembre de 1966. Las celebraciones por sus sesenta años de existencia están por comenzar. El miércoles 9 de septiembre se proyectan dos mesas redondas que iluminarán su legado. En la primera, “P’oesía en movimiento’: vigencia y futuro”, participarán Eduardo Casar, Evodio Escalante, Pura López Colomé y Julia Santibáñez; la segunda, “‘Poesía en movimiento’: presencias y ausencias”, convocará a Aurelia Cortés Peyron, Mónica Nepote, Enzia Verduchi y Rocío Martínez Velázquez, a las 17:30 y 19:00 horas, respectivamente. La cita es en el Foro Arnaldo Orfila, Librería Siglo XXI (Cerro del agua 248, Romero de Terreros, Coyoacán).
Foto portada: Especial


