Opacas corcholatas odiadoras

¡NO MAMES! Morena convierte las encuestas en un acto de fe: sin muestras, sin metodología y sin transparencia. Los conversos reciben candidaturas; los fundadores, una escoba para barrer el confeti. Los antiguos adversarios de AMLO se convierten en devotos de la noche a la mañana. No hacen falta resultados: basta una encuesta de utilería, una bendición cupular y mucha memoria selectiva. La encuesta es secreta; la metodología, invisible; el padrino, perfectamente identificable. De odiadores a corcholatas: el dedazo, descarado.
AguaQuemada

septiembre 16, 2026

Por María Beasain // IAQuemada

¡No maches! El laboratorio demoscópico del oficialismo ha perfeccionado un milagro que ni la alquimia medieval se atrevió a soñar: transformar el rencor más rancio contra la Cuarta Transformación en devoción químicamente pura y ungida por la gracia cupular. Para las intermedias de 2027, el sainete de las encuestas de Morena ya no necesita guardar las formas ni fingir decoro metodológico. Ariadna Montiel y Citlalli Hernández despachan desde la cúpula con una política de «reserva demoscópica» tan hermética que raya en el catecismo místico: nadie ve las sábanas de votación, nadie conoce el tamaño de la muestra, nadie sabe los factores de expansión, pero todos deben arrodillarse ante el oráculo de papel. ¡Qué bonita transformación de adversario a candidato!

Wey, es el bautismo de las corcholatas odiadoras, redimidas no por su lealtad al proyecto, sino por el pragmatismo cortesano que premia con una candidatura a quienes hace apenas unos años vomitaban bilis contra Andrés Manuel López Obrador y vaticinaban el abismo autoritario si la izquierda pisaba Palacio Nacional.

Obviously, el caso más grotesco es el de Beatriz Mojica Morga en Guerrero. Hay que tener la memoria blindada con cinismo para olvidar cuando la ilustre perredista acudía a la televisión a proclamar un rotundo «¡Nunca!» ante la sola sugerencia de sumarse a López Obrador, al que no bajaba de misógino y autócrata. Hoy, ungida tras descalabrar a la operadora de Claudia Sheinbaum, Esthela Damián, Mojica descubre súbitamente que su causa «no se entiende» sin Andrés Manuel. El cinismo es miserable: la misma que operó del brazo de la derecha en 2018 para cerrarle el paso al tabasqueño es consagrada hoy como abanderada, desatando la furia de Abelina López, quien bautizó el fraude con precisión forense: encuestas de utilería frente a la realidad de la calle. Betty la odiadora; Citlalli y Ariadna, traidoras. Random, todo random

La desvergüenza no desmerece en el sureste. En Campeche, la marquesina anuncia a Pablo Gutiérrez Lazarus, ex panista de cepa que en 2018 recorría el Carmen volanteando por el mismísimo Ricardo Anaya. No importa wey: bastó una genuflexión ante el feudo de Layda Sansores para lavar los pecados azules y pisotear a las bases fundadoras en nombre del pragmatismo tropical. Mientras tanto, en Michoacán, Carlos Torres Piña —cacique de la corriente que llevó a Silvano Aureoles al poder y artífice de proclamas contra la «escisión obradorista»— salta de la fiscalía a la precandidatura respaldado por Alfredo Ramírez Bedolla, cargando con el fantasma de la impunidad tras el magnicidio de Uruapan y expulsando a la izquierda histórica del templete.

A este festival de conversos se suma la liturgia del nepotismo y los feudos cortesanos. Oquela canción, en Zacatecas, el árbol genealógico de los Monreal vuelve a imponerse en las urnas privadas del partido con Verónica Díaz Robles, reventando a gritos de fraude su propio acto de proclamación frente al desdén del petismo. En Baja California, Marina del Pilar Ávila aplasta al bonillismo encumbrando a Julieta Ramírez mediante audios y guerras sucias; en Colima, Indira Vizcaíno calca a Rosa María Bayardo como su fotocopia transexenal; y en Quintana Roo, el movimiento le entrega la plaza en bandeja de plata a los negocios verdes del chavorruco Eugenio Segura y Jorge Emilio González. Por su parte, la senadora Imelda Castro practica en Sinaloa el salto acrobático del año: distanciarse de Rubén Rocha Moya solo cuando el lodo del Mayogate amenazó con mancharle el calzado, operando todavía con la maquinaria clientelar del rochismo mientras jura inocencia republicana.

A la búrguer… las encuestas de Morena ya no miden nada salvo la docilidad burocrática y el apetito de los gobernadores por garantizarse espaldas cubiertas. El método estrella se degradó a un biombo opaco donde los antiguos enemigos del régimen son recibidos con fanfarrias mientras los leales fundadores barren el confeti. No hay misterio en el acertijo: para heredar el reino de la transformación en 2027, el requisito indispensable no era la congruencia ideológica, sino haber odiado lo suficiente a López Obrador en el pasado como para doblar la cerviz con mayor estruendo en el presente. Ya le dieron al pueblo bueno y sabio atole con el dedazo. Literal.

Fuente:

// Medios / IAQuemada / HeyGen

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// Staff

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