Jalisco registra el primer complejo de ‘hongos zombie’ en el país

Se trata de un ejemplar del género Opiocordyceps, una variedad que infecta el sistema nervioso de hormigas y arañas para manipular su conducta, obligándolas a buscar zonas húmedas donde mueren.
AguaQuemada

agosto 21, 2026

César Eduardo Ballesteros Aguirre no salió al bosque a buscar hongos. Salió a buscar hormigas.

Era un día cualquiera de trabajo de campo en el Jardín Botánico Haravéri, cerca de San Sebastián del Oeste, en el extremo norte de la Sierra Madre del Sur, cerca de la costa de Jalisco. 

Su tarea consistía en elaborar un listado de las especies de hormigas que habitaban aquel rincón de bosque húmedo. 

Entre la vegetación, comenzó a recolectar ejemplares. Hasta que encontró algo que no estaba buscando.

Varias hormigas estaban muertas, aferradas con sus mandíbulas a una hoja, una rama o una estructura vegetal, mientras de sus cuerpos comenzaban a emerger los restos de un hongo; publica MILENIO.

Ballesteros acababa de encontrar lo que él mismo terminaría describiendo como un cementerio de hormigas.

“Después de encontrar varias hormigas, me di cuenta de que algunas de ellas tenían residuos de un hongo que las estaban infectando”, recuerda Ballesteros en entrevista exclusiva con MILENIO.

Aquel hallazgo terminaría convirtiéndose en algo mucho más grande: el primer registro en México del complejo de hongos Ophiocordyceps unilateralis, conocidos popularmente como los “hongos zombie”, y en la identificación de seis especies nuevas para la ciencia, capaces de infectar a siete especies distintas de hormigas no registradas previamente en el país.

Una de ellas recibió un nombre que difícilmente podría ser más tapatío: Ophiocordyceps deltoroi, en honor al cineasta Guillermo del Toro.

El motivo no fue solo el homenaje. El comportamiento del hongo —infectar, alterar el comportamiento de su víctima, llevarla hasta un sitio determinado, matarla y después utilizar su cuerpo para reproducirse— parecía salido de una película de terror y fantasía oscura.

Buscaba hormigas y encontró un cementerio

Ballesteros es investigador y estudiante de doctorado del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), de la Universidad de Guadalajara (UdeG), donde encabeza este trabajo desde el Laboratorio de Micología.

Cursa el Doctorado en Ciencias en Biosistemática, Ecología y Manejo de Recursos Naturales y Agrícolas (mejor conocido como programa Bemarena), un posgrado intercentros de la UdeG que reúne a los centros universitarios de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, de la Costa Sur y de la Costa.

La investigación estudia fenómenos biológicos, ecológicos y agrícolas.

Jardín Botánico Haravéri, cerca de San Sebastián del Oeste. (Foto: Cortesía / UdeG)

Pero el origen de todo no estuvo en un laboratorio ni en un proyecto diseñado específicamente para encontrar hongos capaces de manipular hormigas. Estuvo en una caminata de campo.

“Me di a la tarea de investigar de qué hongo se trataba, me di cuenta que no había registros en México y vi una oportunidad para realizar en ese entonces mi licenciatura”, explica a MILENIO.

Lo que encontró terminó abriendo una puerta que no estaba buscando.

“Gracias a ese estudio me di cuenta que se trataban especies nuevas, entonces se requerían de nuevos estudios para poder formalizarlas ante la ciencia”, relata el investigador.

Aquello que comenzó como un listado de hormigas terminó convirtiéndose en una investigación de años, una maestría y, finalmente, en la publicación científica que documentó seis especies nuevas del complejo Ophiocordyceps unilateralis.

El descubrimiento, dice Ballesteros, le llegó sin que lo estuviera buscando. No había un antecedente en México.

¿Por qué nadie los había encontrado antes?

La pregunta parece inevitable: si estos hongos llevan millones de años interactuando con insectos, ¿por qué apenas ahora fueron identificados en México?

La respuesta está, en buena medida, en que son organismos que pocos especialistas buscan.

“La razón por la que se descubrió hasta este momento y no antes es porque realmente hay muy pocos especialistas de este grupo de hongos”, señala.

En México, explica, la mayoría de los micólogos —los científicos especializados en el estudio de los hongos— concentra sus investigaciones en especies más grandes, comestibles, venenosas o que forman micorrizas con los árboles.

Los hongos que crecen sobre insectos pertenecen a un territorio mucho menos explorado, son diminutos, difíciles de detectar y para encontrarlos no basta con saber de hongos: también hay que reconocer al insecto que está siendo infectado y entender la relación entre ambos organismos.

Ahí aparece otro problema. Quienes estudian insectos suelen recolectarlos vivos o mediante trampas. Si encuentran una hormiga muerta y cubierta por un hongo, puede llamarles la atención, pero no necesariamente se convierte en objeto de estudio.

Como explica Ballesteros, cuando un entomólogo encuentra un ejemplar infectado, “se les hace chistoso, pero normalmente no lo recolectan”.

Del otro lado, un micólogo necesita conocimientos de entomología para identificar qué está ocurriendo.

El resultado es una especie de vacío científico: durante décadas pudieron existir ejemplares en colecciones científicas sin que nadie estudiara a fondo la interacción entre el hongo y su huésped.

El ‘zombie’ no es nuevo: lleva millones de años

Aunque el comportamiento parezca salido de una película contemporánea, Ballesteros insiste en que no hay nada moderno en esta relación.

No es consecuencia del cambio climático, tampoco de la contaminación reciente, es un mecanismo evolutivo mucho más antiguo.

“Hay registros fósiles en ámbar que nos orillan a pensar que estos tipos de interacciones con hongos, y no solamente hormigas, sino con otros insectos también, se ha dado en millones de años”, explica en entrevista.

Existen ejemplares de hongos con hormigas encapsuladas en ámbar, evidencia de que este tipo de interacción entre parásitos y huéspedes existe desde mucho antes de que los seres humanos modificaran los ecosistemas.

El hongo hipnotiza a arañas y hormigas. (Foto: Cortesía / UdeG)

Y tampoco se trata de que el hongo tenga una intención. El efecto parece aterrador para nosotros, pero detrás de él no hay una voluntad maligna.

“No podemos hablar de que el hongo tenga alguna conciencia o alguna personalidad malévola que quiera matar a los organismos y quiera volverlos una especie de zombie. Simplemente son procesos evolutivos que a los humanos nos cuesta mucho trabajo explicar”, menciona César Eduardo Ballesteros Aguirre.

La hormiga abandona su colonia y camina hacia la muerte

La parte más inquietante del descubrimiento está en lo que ocurre después de la infección.

El hongo produce sustancias que interactúan con el sistema nervioso de la hormiga y modifican su comportamiento. 

El insecto deja de comportarse como lo haría normalmente. Abandona su actividad habitual, comienza a caminar de manera errática y se aleja de la colonia hasta buscar un sitio que reúna determinadas condiciones de humedad, temperatura y luz.

Entonces ocurre lo que Ballesteros describe como su “último movimiento”.

La hormiga se aferra con sus mandíbulas a una hoja, una rama o una roca y muere.

Pero ahí no termina el proceso. El hongo continúa desarrollándose dentro del cuerpo del insecto muerto hasta producir los llamados cuerpos fructíferos, estructuras de las que posteriormente surgirán las esporas encargadas de infectar a nuevas hormigas.

Las hormigas, por su naturaleza social, se aproximan a los cadáveres de sus compañeras sin saber que ahí está el peligro, los tocan y se contagian. El ciclo vuelve a comenzar.

El bosque termina albergando pequeños cementerios de insectos que, vistos de cerca, parecen escenas de una película de terror.

¿Por qué Guillermo del Toro?

Fue precisamente esa apariencia la que llevó al equipo de investigación a pensar en Guillermo del Toro, cineasta tapatío ganador del Oscar.

La especie Ophiocordyceps deltoroi lleva su nombre por una razón que parece evidente al observarla: el hongo invade a otro organismo, altera su comportamiento y convierte su cuerpo en un vehículo para su propia reproducción.

“Debido a la apariencia de estos hongos, tan terrorífica, pues se nos ocurrió dedicárselo a Guillermo del Toro, que ha hecho varias películas relacionadas con el terror y la fantasía”, cuenta Ballesteros.

Cementerio de hormigas. (Foto: Cortesía / UdeG)

Pero también hubo una razón científica. La nueva especie comparte características morfológicas con una especie ya descrita en Brasil. Al no existir un rasgo distintivo suficientemente claro para utilizarlo en el nombre, el equipo decidió dedicarla a un personaje.

Así, un hongo que parece salido de una película terminó llevando el nombre de uno de los directores mexicanos más reconocidos internacionalmente por su trabajo en la fantasía y el terror.

San Sebastián del Oeste no es el único escondite

El primer hallazgo ocurrió en el Jardín Botánico Haravéri, cerca de San Sebastián del Oeste, pero eso no significa que los hongos ‘zombie’ necesiten exactamente ese tipo de bosque para sobrevivir.

El sitio reúne condiciones favorables.

Está cerca de la bahía que forma Puerto Vallarta, una zona que recibe una enorme cantidad de humedad proveniente del mar. El resultado es una vegetación exuberante, con árboles grandes, lianas, orquídeas y arroyos que atraviesan el terreno.

Todo ello favorece la presencia y diversidad de hongos. Pero hay una pista todavía más interesante.

Ballesteros ya ha encontrado ejemplares similares, todavía sin estudiar, en la Barranca de Huentitán, prácticamente dentro de la zona metropolitana de Guadalajara, y en Casimiro Castillo, comunidad cercana a Manzanillo, Colima.

“Uno pensaría que estos hongos están relacionados con lugares donde hay mucha humedad, pero realmente se encuentran más comúnmente en bosques tropicales, aunque sean un poco secos, como el de la barranca de Huentitán”, detalla.

La humedad ayuda, pero no parece ser la condición determinante.

El hongo hipnotiza a las hormigas, las masacra y crece a partir de sus cadáveres. (Foto: Cortesía / UdeG)

El denominador común sería el bosque tropical, tanto húmedo como relativamente seco.

Seis especies nuevas y todavía miles de hongos por estudiar

El hallazgo de las seis especies no representa, para Ballesteros, el final de la investigación. Más bien abrió una puerta.

En su colección personal tiene más de 2 mil ejemplares de hongos sin identificar, recolectados en distintos puntos del país.

Ahora, como parte de su doctorado, estudia hongos que infectan mariposas, avispas, abejas y moscas, además de trabajar en la descripción de un grupo relacionado de hongos hipoparásitos.

Y la misma investigación produjo otro descubrimiento: una nueva especie de hormiga, cuyo artículo científico ya está listo y espera publicación.

El científico también observa un posible camino hacia la medicina.

Hongos emparentados con los que estudia han demostrado capacidad para producir metabolitos que podrían tener utilidad contra enfermedades como el cáncer, la tuberculosis y la esclerosis múltiple.

Eso no significa que las seis especies mexicanas recién descritas tengan esas propiedades.

Todavía hacen falta estudios específicos para determinarlo.

Como referencia, Ballesteros menciona el caso de un hongo descubierto en Colombia capaz de “zombificar” tarántulas, del cual ya se han identificado sustancias con posible aplicación médica.

Hormiga zombie. (Foto: Cortesía / UdeG)

Un sueño que empezó con una hormiga

Para Ballesteros, detrás de las seis especies nuevas existe algo más que un hallazgo científico. Existe una historia personal.

La investigación comenzó con una inquietud que parecía pequeña: conocer las hormigas de un bosque.

Terminó llevándolo a describir organismos que nunca antes habían sido reconocidos formalmente por la ciencia.

“Es la culminación de mucho esfuerzo, de algo que empezó como un sueño desde que inicié la carrera de biología”, dice.

Y recuerda cuál era aquella meta que parecía tan sencilla cuando comenzó:

“Uno de mis sueños era descubrir cuando menos una especie nueva”.

Encontró seis. Y todavía tiene más de 2 mil hongos sin identificar esperando una respuesta.

En algún lugar de los bosques de Jalisco, mientras las hormigas continúan recorriendo hojas y ramas sin saber lo que las rodea, probablemente haya otro hongo esperando ser visto por alguien que, como Ballesteros aquel día, salga a buscar otra cosa y termine encontrando algo que la ciencia todavía no conoce.

Imagen portada: Cortesía / UdeG

https://www.milenio.com/comunidad/hallan-en-jalisco-un-hongo-que-hipnotiza-a-las-hormigas?promo_code=10OFF

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

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