La Biblia, como una de las principales obras literarias de la historia, y la figura de Francisco de Asís, quien predicaba valores como el amor a todas las criaturas, serán los temas que el escritor y periodista italiano Aldo Cazzullo abordará durante su participación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL); publica MILENIO.
Con más de 30 libros dedicados a la historia y a la identidad italianas, tanto en clave crítica como en defensa de hechos históricos propiamente dichos, Cazzullo (1966) será uno de los 61 autores italianos que desembarcarán en la FIL (programada del 28 de noviembre al 6 de diciembre) y que este año tiene a Italia como país invitado de honor.
Vicedirector del Corriere della Sera, uno de los principales diarios italianos, y conductor de Una giornata particolare, un popular programa de profundización histórica transmitido por la televisora privada La7, Cazzullo dice que para él “es un honor y un placer” ir a la FIL y asegura sentirse feliz de regresar a México, país que ha visitado una sola vez, en el lejano 1993.
En entrevista con MILENIO en medio de su apretada agenda, que incluye viajes por toda la península para la promoción de su último libro Quando l’Italia Rinacque (sobre el Renacimiento, en el que, al igual que durante el Imperio romano, Italia estuvo en el centro del mundo), el autor confirma que en Guadalajara tendrá una lectio magistralis sobre la Biblia y un diálogo sobre san Francisco de Asís con Davide Rondoni, poeta, escritor y dramaturgo italiano.
Esos temas están al centro de dos de sus libros traducidos al español: El Dios de nuestros padres. La gran novela de la Biblia y Francisco. El santo humilde que cambió el mundo. El primero se convirtió en un best seller y en 2024 fue el libro más vendido en Italia, aunque también lo han sido otros de sus títulos, entre ellos Roma. El imperio infinito, que en castellano ha sido publicado con un prólogo del escritor Javier Cercas.

¿De qué hablarás en Guadalajara?
Tendré una lectio magistralis sobre la Biblia y un diálogo sobre san Francisco de Asís con Davide Rondoni, que ha escrito sobre este último.
Yo no soy un católico practicante. Tengo más esperanza que fe, pero haber tenido la Biblia en el lecho de muerte de mi padre me ha dado una intensidad espiritual y emotiva muy fuerte, que creo se entiende leyendo mi libro.
En mi opinión la Biblia, a la que yo califico como novela, es una obra de arteliteraria como El Quijote y La Divina Comedia, es uno de los grandes libros de la humanidad desde que inicia con la frase: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.
Es una frase solemne, grandiosa. No sé si la Biblia fue escrita por Dios en persona pero seguramente fue escrita divinamente (del término latino divinus, es decir, con cualidades propias de la divinidad). Es un texto sagrado para quienes tienen fe. Es un texto sagrado para los judíos, los cristianos y es también muy importante para el Islam; hay que recordar que la mujer más citada en El Corán es María. La Biblia es también la raíz de nuestra cultura. Cuando se dice latina se piensa en América Latina, pero yo más bien pienso en países como España, Italia, Francia, una cultura latina que nació en Roma hace 2 mil años y llegó al continente americano con la Conquista.
Cerca de la extinción
Cazzullo dice que aunque el Imperio romano persiguió a los cristianos, América Latina y Europa tomaron su religión porque se convirtió. “Sin embargo, los romanos no la comprendían muy bien porque representaba lo contrario de su mundo: la pobreza para los romanos era una maldición y para los critianos es un valor, como lo era para san Francisco de Asís y los primeros cristianos.
“El cuerpo que los romanos masajeaban, exhibían, entrenaban o dedicaban a placeres como el vino, la comida, las termas y el sexo se convirtió en algo negativo, malo para los cristianos, a quienes lo que importaba no era el cuerpo, sino el alma, el espíritu”.
El autor compara las visiones de ambos grupos sobre la cruz: “Para los romanos era el símbolo de la muerte más humillante, pública, dolorosa, y se convirtió en el símbolo de la salvación para los cristianos. Pero un emperador romano, Constantino, entendió que esa extraña religión que no se podía erradicar, se podía incorporar y así Roma se volvió cristiana y por eso lo que llamamos hoy Occidente es cristiano”.
¿La Biblia es actual en un mundo poco creyente?
Es muy actual porque leyéndola puedes encontrar el camino del hombre: amor, muerte, violencia, guerra, paz, todo está ahí. Puedes encontrar las razones del odio, de la guerra; hay páginas terribles en las que Dios reprocha a Moisés no porque ha matado a demasiados enemigos, sino porque no ha matado a suficientes enemigos. Es una página terrible.
Hay violencia sexual, incestos, pero están también las raíces del amor, en la Biblia está la frase de Jesús que dice: ama a tu prójimo como a ti mismo. Cuando él invita a amar a nuestros enemigos, que es la verdadera revolución del cristianismo, hace más fuerte y radical un pasaje de la ley de Moisés que dice: “Si encuentras a tu enemigo cuyo asno ha caído bajo el peso de la carga, ayúdale a quitar la carga de encima”.
Entonces en la Biblia están las raíces de la guerra, del odio, de la violencia pero también del amor, está escrito el mandamiento “No nombrarás a Dios en vano”, que no significa solamente no maldecir, sino también “no usar a Dios”, “no matar en nombre de Dios”. Es decir, es un mandamiento en contra de “Deus vult” (“Dios lo quiere”), la frase en latín que era el grito de batalla de los cruzados antes de masacrar a los musulmanes, o “Gott mit uns” (“Dios está con nosotros”), que estaba escrito en alemán en los uniformes de los oficiales nazis que iban a la caza de judíos, “Allāh Akbar” (“Dios es grande”), como gritan los terroristas islámicos antes de matar inocentes. Hay también extremistas judíos que matan en nombre de Dios, entonces, matar en su nombre significa violar el mandamiento que impone no nombrar a Dios en vano”.
Pero en la Biblia, especialmente en el Viejo Testamento, aparece un Dios vengativo, ¿no es una contradicción?
Claro que es una contradicción. Como decía esta el pasaje en el que Dios reprocha a Moisés no porque ha matado muchos enemigos, sino porque no ha matado suficientes enemigos. La Biblia es el gran relato del hombre, el gran relato de nuestra historia. Hay que pensar por ejemplo en el Cantar de los Cantares, que es un himno al amor, no solamente al espiritual, sino también al físico. Están también las páginas en las que aparece la idea de la resurrección, que es la base del cristianismo.
“En la Biblia el más allá no es siempre un lugar brumoso, confuso, indefinido o el reino de los muertos. En el texto de la Sabiduría está la idea de la inmortalidad del alma y también de la visión de Ezequiel, la idea de la resurrección de la carne, es decir, de la esperanza. En el libro de la Sabiduría está escrito que Dios no ha creado la muerte, que el reino de la muerte está en la Tierra, que en cambio la justicia es inmortal y en el Día del Juicio Final las almas de los justos resplandecerán”.

El legado del santo y el Renacimiento
Cazzullo dice que san Francisco fue el primer italiano, “porque él escribió la primera poesía en italiano y qué poesía: El cántico de las criaturas, un himno a la creación. Inventó el pesebre (o nacimiento) al que todos los italianos somos muy aficionados. Con sus predicaciones reinventó el teatro; las predicaciones de san Francisco eran espectáculos teatrales, mímica, danza, música, poesía, es decir: “Di tutto il corpo faceva lingua” (“De todo su cuerpo hacía lengua”), que significa que comunicaba y predicaba con cada parte de sí mismo, usando gestos, mímica, movimientos y presencia física, no solamente las palabras.
“Ha reinventado la pintura; antes existían los fondos dorados (en la italiana es una técnica artística y un símbolo teológico del arte medieval) y los íconos que eran todos iguales. Inspirado en su amor por las criaturas, los pintores inventaron con san Francisco el paisaje y el retrato. Pero sobre todo fue el primer italiano porque fue el precursor del humanismo, que es la gran contribución que hemos dado a la civilización universal, el gran regalo que hemos dado a la humanidad.
“El humanismo es la idea de que cada hombre está al centro del mundo, como el hombre de Leonardo Da Vinci (“El hombre de vitruvio”, el dibujo de Da Vinci que estudia las proporciones ideales del cuerpo humano). Cada hombre tiene una relación directa con Dios y todos han sido creados a imagen y semejanza de él; nuestro rostro es entonces el de Dios. Francisco era un hombre de paz que amaba a todas las criaturas, a las que llamaba hermanas, la luna, las estrellas, el sol, los cuatro elementos, agua, aire, tierra y fuego y llamaba hermana hasta a la muerte.
En tu último libro dices que la humanidad no ha estado nunca como ahora tan cerca de la autodestrucción pero que el humanismo es nuestra única salvación ¿En qué sentido?
Creo que efectivamente corremos el riesgo de la extinción debido a las guerras y la proliferación nuclear, el cambio climático, las migraciones de masa, la destrucción del trabajo intelectual por parte de la inteligencia artificial; las enormes desigualdades y la irresponsabilidad social de los dueños de internet y de la tecnofinanza; la crisis de la democracia y la llegada de criaturas posthumanas, nacidas de la mezcla entre inteligencia artificial y biotecnología. El hombre ya no será explotado, sino que corre el riesgo de ser sustituido. Nuestro cuerpo sustituido por los cyborgs, los robots, los humanoides, y nuestra mente sustituida por la inteligencia artificial. Este mundo posthumano da mucho miedo y creo que el humanismo, es decir, el respeto de la dignidad del hombre, puede ser un potente antídoto contra este mundo posthumano que están proyectando.
“Creo que quienes lo proyectan necesitan una humanidad ignorante, que no ama los libros, que no ama la música, que no ama el teatro. El humanismo como reivindicación de la dignidad humana y como relación directa entre el hombre y Dios nace con san Francisco y llega al Renacimiento a través de Dante Alighieri y Giotto. San Francisco defendía la dignidad del trabajo, quería que los frailes hicieran un trabajo honesto para así dar el ejemplo en la defensa de la dignidad del trabajo. En el Renacimiento, la ciencia y la técnica estaban al servicio del ser humano y Da Vinci encarna este espíritu universal, uniendo en sí mismo arte, ciencia y una curiosidad ilimitada, un hombre que intuyó con siglos de anticipación descubrimientos de leyes físicas, mecánicas y astronómicas, poniendo siempre al ser humano como objetivo final de sus investigaciones. Entonces, el humanismo de san Francisco, del Renacimiento, de Leonardo Da Vinci, es el dique cultural ante el avance de la tecnología y de la inteligencia artificial, que pueden sustituir la mente y el cuerpo del hombre.
Imagen portada: Andrea Forlani
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