Estudio científico alerta por hundimiento progresivo en Torreón

Estudios científicos revelan que 62.5 por ciento de la superficie urbana de Torreón presenta subsidencia y que la ciudad registra un hundimiento de 1.7 centímetros anuales.
AguaQuemada

noviembre 4, 2026

La tierra se está hundiendo debajo de Torreón, Coahuila. No es una percepción ni una amenaza lejana: un estudio internacional publicado en la revista científica ‘Nature Cities’ documentó que la ciudad registra una tasa de subsidencia (hundimiento progresivo, vertical y de baja pendiente) de aproximadamente 17 milímetros anuales, equivalente a 1.7 centímetros, mientras otra investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), identificó que 62.5 por ciento de su superficie urbana está afectada por este fenómeno; informa MILENIO.

El segundo estudio, presentado en abril de 2026 durante un simposio internacional sobre hundimientos del terreno, también señala que 58 por ciento de los habitantes de Torreón vive en zonas clasificadas con vulnerabilidad alta o muy alta. Los resultados corresponden a mediciones satelitales realizadas entre 2016 y 2023, mientras la investigación de ‘Nature Cities’ analizó el periodo de 2014 a 2023.

Los hallazgos colocan nuevamente bajo observación un problema que durante décadas se ha manifestado mediante grietas, hundimientos y socavones en distintos puntos de la Comarca Lagunera, pero cuya dimensión supera los daños visibles sobre el pavimento.

Debajo de las viviendas, los corredores industriales, las avenidas y las redes de agua potable y drenaje, el suelo experimenta movimientos asociados con la extracción de agua subterránea y las características geológicas de la región.

El problema no afecta de la misma manera a todos los terrenos. En algunas zonas se registra una compactación gradual, mientras que en otras las filtraciones y la erosión interna pueden favorecer la formación de cavidades que eventualmente colapsan.

La diferencia es importante: la subsidencia puede avanzar durante años sin provocar un socavón, mientras que las abras y los hundimientos repentinos responden a condiciones particulares del terreno que requieren estudios específicos.

Sin embargo, ambos fenómenos forman parte de los riesgos geológicos que enfrentan distintos sectores de La Laguna, una región donde la explotación intensiva del agua subterránea y la expansión urbana han incrementado la presión sobre el subsuelo.

Torreón, entre las ciudades que más se hunden

La investigación publicada el 12 de octubre de 2026 en ‘Nature Cities’, titulada ‘A global view of urban land subsidence and its changing trajectories (Una visión global del hundimiento del terreno urbano y sus trayectorias cambiantes)’, analizó información satelital de 465 ciudades distribuidas en 107 países.

A partir de observaciones obtenidas entre 2014 y 2023, los científicos identificaron diferencias en la velocidad con la que desciende el terreno en distintas zonas urbanas del planeta.

Torreón apareció entre los casos relevantes, con una tasa aproximada de hundimiento de 17 milímetros anuales.

La cifra supera el valor central de ocho milímetros por año identificado para la Ciudad de México, aunque en algunos sectores de la capital del país se detectaron hundimientos localizados de hasta 217 milímetros anuales.

A escala internacional, ciudades como Medan y Bandung, en Indonesia, registraron tasas aproximadas de 33 y 22 milímetros anuales, respectivamente, mientras Isfahán, Irán, presentó alrededor de 11 milímetros.

En contraste, ciudades como Nueva York, Londres, Tokio, Seúl y Sídney mostraron variaciones mucho menores, de entre 0.1 y 1.9 milímetros anuales.

Los resultados no significan que toda la superficie de Torreón descienda exactamente 1.7 centímetros cada año. La cifra resume el comportamiento identificado mediante observaciones satelitales durante el periodo estudiado y puede variar considerablemente entre sectores.

Los investigadores también advierten que las mediciones corresponden a un periodo histórico específico y requieren seguimiento para determinar si las tendencias continúan, se aceleran o disminuyen.

Las abras y los hundimientos repentinos responden a condiciones particulares del terreno. (Foto: Manuel Guadarrama)

Otro estudio identifica afectaciones en 62.5% de Torreón

La magnitud territorial del problema también fue examinada por Enrique Cabral-Cano, Daniel Hernández-Luna, Enrique Fernández-Torres y Luis Salazar-Tlaczani, investigadores vinculados con la UNAM y el Servicio Geológico de Canadá.

Su trabajo, presentado en abril de 2026 durante el Simposio Internacional de Subsidencia de Taiwán, identificó una extensa superficie afectada por movimientos del terreno en la región de Torreón.

Mediante una serie de observaciones de radar satelital correspondientes al periodo comprendido entre el 7 de octubre de 2016 y el 20 de agosto de 2023, los especialistas calcularon que la huella regional de subsidencia alcanza aproximadamente 2 mil 940 kilómetros cuadrados.

Se trata, según los investigadores, de la mayor superficie de subsidencia identificada en México, con una extensión cercana a tres veces la registrada para la Ciudad de México bajo la metodología utilizada.

El análisis también encontró velocidades localizadas de deformación de hasta 134 milímetros anuales medidas en la línea de visión del satélite, un indicador diferente de la tasa media de hundimiento vertical reportada por ‘Nature Cities’.

La investigación concluyó que 62.5 por ciento de la superficie urbana de Torreón presenta subsidencia y que 58 por ciento de sus habitantes se encuentra en categorías de vulnerabilidad alta o muy alta.

Jesús Urbina, director de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Arquitectura de la UJED. (Foto: Lucero Sánchez)

La extracción de agua modifica el subsuelo

Jesús Urbina, director de la Facultad de Ingeniería, Ciencias y Arquitectura (FICA), de la Universidad Juárez del Estado de Durango (UJED), explica que las características del subsuelo lagunero contribuyen a entender estos movimientos.

La región se asienta sobre depósitos aluviales formados por gravas, arenas, arcillas y otros materiales sedimentarios acumulados durante miles de años en las cuencas de los ríos Nazas y Aguanaval.

El comportamiento de esos materiales cambia cuando se modifican las condiciones del agua subterránea.

La extracción intensiva puede reducir la presión del agua contenida en los poros del terreno y favorecer la compactación de los estratos más susceptibles, particularmente los materiales finos.

Cuando esta deformación se acumula, la superficie puede descender de manera gradual y, en determinadas condiciones, irreversible.

«La zona, al sufrir una sobreexplotación constante, experimenta asentamientos inevitables al ir vaciando los depósitos de agua. Esto comenzó a manifestarse de manera evidente hacia 1970, con la aparición de las primeras abras en los municipios de Matamoros y Viesca, un fenómeno que con los años se ha ido extendiendo por toda la cuenca», detalla el especialista en entrevista con MILENIO.

El abatimiento de los niveles del agua subterránea se encuentra entre los principales problemas históricos de La Laguna, donde el desarrollo agrícola, industrial y urbano ha dependido durante décadas del aprovechamiento de los acuíferos.

Los registros de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) han documentado una disponibilidad negativa de agua subterránea en el acuífero Principal-Región Lagunera, una condición que refleja la presión existente sobre este recurso.

Sin embargo, la extracción excesiva no explica por sí sola todos los hundimientos repentinos.

Urbina señala que también existe un proceso conocido como tubificación, mediante el cual el movimiento del agua dentro del terreno puede arrastrar partículas finas y formar conductos subterráneos.

«En nuestra región el suelo es predominantemente arenoso y mezclado con gravas. Cuando el agua subterránea corre a gran velocidad o se desplaza por los gradientes hidráulicos, se va arrastrando los materiales finos, abriendo cavidades y huecos en el subsuelo. Al dejar de correr el agua o cambiar los niveles, esa estructura pierde soporte y colapsa. A este proceso los ingenieros le llamamos ‘tubificación’ (o piping), porque la corriente subterránea va cavando conductos a modo de tuberías invisibles. Esos pequeños túneles se van agrandando día con día hasta que el techo de la cavidad no soporta el peso y ocurre el colapso en la superficie.»

Este mecanismo permite entender por qué algunos hundimientos se producen de manera súbita, aunque la formación de las cavidades haya ocurrido durante periodos prolongados.

En otros casos, las grietas pueden relacionarse con diferencias en la velocidad de asentamiento de terrenos contiguos, un fenómeno denominado subsidencia diferencial.

La identificación de cada mecanismo requiere estudios geológicos y geotécnicos específicos.

La tragedia de 1991: la tierra se tragó a una mujer mientras dormía

Los hundimientos en La Laguna no son un fenómeno nuevo.

Uno de los episodios más graves ocurrió el 23 de agosto de 1991, en la colonia Emiliano Zapata, de Lerdo, cuando el suelo colapsó debajo de una vivienda y provocó la muerte de Consuelo Dávalos de Valadez.

La mujer desapareció al abrirse una cavidad debajo de la habitación donde dormía, en un suceso que quedó registrado en la historia de la región.

De acuerdo con el Programa Municipal de Protección Civil de Lerdo de 2017, el hundimiento ocurrió en una vivienda de la calle Francisco Sarabia y dejó una abertura de aproximadamente tres metros de diámetro y diez metros de profundidad.

El caso marcó a las familias de las colonias cercanas al cauce del río Nazas y se convirtió en una referencia recurrente cuando aparecen nuevos agrietamientos.

Urbina recuerda aquel episodio al explicar los riesgos de la erosión subterránea.

«Si recordamos lo ocurrido en 1991, una habitante se fue al fondo con todo y su cama mientras dormía», rememora el director de la FICA. «Eso ocurre precisamente porque el agua subterránea mina las capas inferiores, hace túneles cuyas ramificaciones no podemos prever desde la superficie y culmina en la compactación severa del suelo.»

La documentación municipal da cuenta de otros episodios en los años posteriores.

En julio de 2004, una grieta de ocho metros de longitud afectó a 43 viviendas de las colonias Villa de las Flores y Emiliano Zapata.

El 22 de septiembre de 2008, otro hundimiento obligó a evacuar 50 viviendas en el sector de la calle Francisco Sarabia.

En noviembre de ese mismo año se registraron nuevos colapsos en la colonia César G. Meraz, donde decenas de familias tuvieron que abandonar temporalmente sus hogares.

La zona también aparece en antecedentes de daños y episodios de riesgo identificados en 1998 y 2016.

Estos acontecimientos explican por qué las colonias César G. Meraz, Emiliano Zapata y Villa de las Flores figuran entre los sectores de Lerdo que históricamente han requerido vigilancia por problemas de estabilidad del terreno.

El río Nazas también puede activar riesgos

El comportamiento del río Nazas tiene una relación particular con algunos de los hundimientos registrados en la región.

Durante periodos prolongados, parte de su cauce permanece seco; sin embargo, cuando se realizan desfogues de las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco, el agua vuelve a circular por zonas donde existen depósitos sedimentarios, materiales susceptibles a la erosión y antiguas cavidades.

Las avenidas extraordinarias de 2008 y 2016 coincidieron con episodios de agrietamientos y hundimientos en distintos sectores de la Comarca Lagunera.

La infiltración del agua puede modificar las condiciones de humedad, arrastrar sedimentos o favorecer procesos de disolución en terrenos que contienen materiales solubles, como yesos y ciertas rocas carbonatadas.

También puede producir asentamientos por humedecimiento en determinados suelos que pierden resistencia al contacto con el agua.

Estos mecanismos no ocurren necesariamente de manera simultánea ni explican de forma automática todos los daños registrados durante las avenidas del río.

Entre las zonas con antecedentes se encuentran la colonia San Luciano, en Torreón, y los sectores El Consuelo y Bellavista, en Gómez Palacio.

En estos puntos se han identificado grietas, asentamientos y afectaciones en vialidades e infraestructura de servicios.

Tomás Galván, director de Obras Públicas de Gómez Palacio, explicó que la experiencia acumulada llevó a fortalecer las medidas de prevención y supervisión para nuevos proyectos.

«En el caso específico de los eventos registrados en el sector de la colonia Bellavista, se ha mantenido un monitoreo técnico permanente para verificar que no existan nuevos desplazamientos. En su momento el terreno fue intervenido, estabilizado y rellenado con mecánicas de suelo controladas. Tras esos antecedentes, el reglamento de construcción municipal es sumamente estricto: el estudio hidrológico y la mecánica de suelos detallada son una exigencia ineludible para autorizar cualquier nuevo desarrollo urbano o comercial en el municipio.»

La aplicación de estos estudios permite conocer las condiciones del terreno antes de autorizar cimentaciones, fraccionamientos o establecimientos comerciales.

También proporciona información para identificar zonas que requieren intervenciones especiales o restricciones de construcción.

Tomás Galván, director de Obras Públicas de Gómez Palacio. (Foto: Lucero Sánchez)

Grietas aparecen en zonas residenciales e industriales de Torreón

En Torreón, las señales de deformación del terreno no se limitan a los sectores históricamente afectados por el comportamiento del río Nazas.

Durante los últimos años también se han documentado fisuras y discontinuidades en el norte de la ciudad y en el corredor que conduce hacia la carretera a Mieleras, donde se concentran áreas residenciales y actividades industriales.

Los reportes correspondientes al periodo de 2018 a 2026 ubican manifestaciones de este tipo en distintos puntos de expansión urbana.

Juan Adolfo Von Bertrab, director de Obras Públicas de Torreón, confirmó que el ayuntamiento mantiene vigilancia sobre algunos de esos sectores.

«Hemos detectado grietas y fisuras en el sector norte de la ciudad, particularmente en las inmediaciones de los fraccionamientos Viñedos y Senderos. No son fallas que comprometan la seguridad estructural general de la zona, pero las mantenemos bajo monitoreo constante. Cada vez que se proyecta un desarrollo urbano nuevo o se interviene uno existente, exigimos en la planeación estudios geotécnicos y mecánicas de suelo muy específicas para esa franja.»

El funcionario aclaró que la detección de grietas no implica que todos los inmuebles de esos fraccionamientos enfrenten un riesgo estructural inmediato.

Sin embargo, reconoció la importancia de realizar evaluaciones técnicas y mantener el seguimiento de cualquier modificación del terreno.

Uno de los episodios atendidos recientemente ocurrió en el bulevar Efraín López, donde las lluvias favorecieron la aparición de una grieta que también se prolongó hacia predios sin construir.

«La última grieta de consideración que atendimos se registró en el bulevar Efraín López. Apareció tras una jornada de lluvias intensas; la humedad penetró, provocando una grieta sobre el pavimento que se extendía hacia los terrenos baldíos aledaños. En ese caso procedimos de inmediato a la reparación del paquete de pavimento y al sellado geotécnico de la rasante para evitar que las infiltraciones continúen minando la base.»

El caso ilustra los problemas que pueden presentarse cuando el agua penetra en terrenos susceptibles a la erosión o al asentamiento.

Para las autoridades municipales, la supervisión de las nuevas construcciones constituye una de las herramientas para reducir la exposición de viviendas, vialidades y redes de servicios a esos fenómenos.

Juan Adolfo Von Bertrab, director de Obras Públicas de Torreón. (Foto: Lucero Sánchez)

Más de 28 dolinas en el desierto lagunero

Fuera de las zonas densamente urbanizadas, La Laguna también registra la presencia de grandes depresiones y cavidades conocidas como dolinas.

En octubre de 2024, un recuento difundido por MILENIO documentó la existencia de al menos 28 formaciones de este tipo en la región, incluidos hundimientos observados mediante sobrevuelos en el desierto de Tlahualilo, Durango.

Estas cavidades pueden presentarse en terrenos donde existen rocas solubles, antiguos cauces subterráneos y procesos de erosión o colapso.

Jorge Castañeda Nené, especialista en geohidrología consultado en aquel momento, explicó que algunas de estas formaciones se encuentran asociadas con paleocauces, es decir, antiguas rutas por donde circulaba el agua, así como con zonas de características geológicas particulares.

En el entorno agrícola y desértico de San Pedro de las Colonias, Viesca y Francisco I. Madero, en Coahuila, y Tlahualilo, en Durango, las condiciones del subsuelo también requieren atención por los efectos que pueden tener la extracción de agua, la erosión y los cambios de humedad.

Sin embargo, no todas las dolinas tienen necesariamente el mismo origen ni todas pueden atribuirse directamente a la sobreexplotación de los acuíferos.

Algunas responden a procesos naturales de disolución y colapso, mientras otras pueden agravarse por alteraciones asociadas con actividades humanas.

La existencia de estas formaciones demuestra que la inestabilidad del terreno no es un problema exclusivamente urbano y que las labores agrícolas, las vías de comunicación y otras instalaciones también pueden encontrarse expuestas a determinados riesgos geológicos.

El movimiento diferencial del terreno puede afectar cimentaciones, muros, pavimentos, redes hidráulicas y colectores de drenaje. (Foto: Verónica Rivera)

El riesgo alcanza viviendas, drenaje y parques industriales

La importancia de los estudios científicos sobre subsidencia no se limita a establecer cuánto se hunde una ciudad.

El movimiento diferencial del terreno puede afectar cimentaciones, muros, pavimentos, redes hidráulicas y colectores de drenaje, especialmente cuando una parte del suelo desciende a distinta velocidad que otra.

En estructuras rígidas, esos desplazamientos pueden generar esfuerzos adicionales, deformaciones o fracturas que requieren evaluación y, en su caso, reparación.

Para las redes de agua potable y drenaje, las variaciones del terreno pueden modificar pendientes, provocar daños en las uniones y complicar el funcionamiento de las instalaciones.

Los puentes, las vialidades y las cimentaciones industriales también requieren condiciones de estabilidad acordes con las características del subsuelo.

El riesgo adquiere particular relevancia en una región donde continúan desarrollándose nuevos fraccionamientos, instalaciones productivas, zonas comerciales y obras de infraestructura.

No obstante, la presencia de subsidencia no significa que toda construcción situada dentro de la superficie identificada por los investigadores presente daños o deba considerarse inhabitable.

La evaluación de seguridad exige conocer la velocidad y distribución de los asentamientos, las propiedades del suelo, el tipo de cimentación y las condiciones particulares de cada inmueble.

De ahí la importancia de incorporar información geológica actualizada a la planeación urbana y a los procedimientos de autorización de nuevas obras.

La subsidencia plantea un desafío que rebasa la reparación de grietas o el relleno de los socavones. (Foto: Roberto Amaya)

La respuesta debe comenzar debajo del pavimento

La subsidencia plantea un desafío que rebasa la reparación de grietas o el relleno de los socavones una vez que aparecen.

Las intervenciones inmediatas permiten recuperar vialidades, proteger instalaciones o disminuir riesgos localizados, pero no necesariamente eliminan los procesos de fondo que provocan la deformación del terreno.

Por ello, los especialistas consideran indispensable avanzar hacia una gestión sustentable del agua subterránea, acompañada de mejores sistemas de observación y evaluación geotécnica.

Entre las herramientas disponibles se encuentran las mediciones satelitales periódicas, los estudios de mecánica de suelos, la instalación de dispositivos para detectar asentamientos y las exploraciones geofísicas que permiten identificar anomalías o posibles cavidades.

Una de estas técnicas es la tomografía de resistividad eléctrica, que analiza las variaciones de las propiedades eléctricas del subsuelo y puede contribuir a localizar zonas que requieren investigaciones adicionales.

También pueden evaluarse proyectos de recarga artificial de acuíferos, siempre que las condiciones hidrogeológicas y la calidad del agua permitan su aplicación segura.

La actualización de los reglamentos de construcción y la coordinación entre municipios de Coahuila y Durango forman parte de las acciones necesarias para enfrentar un fenómeno que no reconoce límites administrativos.

La información científica ofrece una base para establecer prioridades, identificar sectores vulnerables y decidir dónde se requieren estudios de mayor precisión.

El desafío para La Laguna consiste en atender simultáneamente la presión sobre sus reservas de agua, los riesgos del subsuelo y las necesidades de crecimiento de una zona metropolitana que continúa expandiéndose.

Imagen portada: MILENIO

https://www.milenio.com/estados/estudio-cientifico-alerta-por-grave-hundimiento-en-torreon

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

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