Por María Beasain // IAQuemada
¿Tons qué, mi Fabrizio Míster Plagio Mejía? ¿Ya te calzaste los tenis de la congruencia para proponer al mismísimo Manuel Bartlett como flamante presidente del INE? Digo, ahora que se murió el inge Cárdenas y ya que la vida es una tómbola y en la Cuarta Transformación las leyes y los reglamentos se doblan más rápido que una tlayuda en viernes de quincena, ¿por qué no coronar al arquitecto de la “caída del sistema” de 1988 como el supremo árbitro electoral? Al fin y al cabo, según tu iluminada defensa de pantalla de Canal Once —donde una estupenda morra te dio una cátedra de dignidad que todavía te duele—, el pobre Bartlett era una blanca paloma manipulada por Miguel de la Madrid. Como es tiempo de mujeres, me levanto y me quito el sombrero. ¡A webis wey, por Laura Sánnchez Ley!
¡Claro que sí, Fabrizio, Míster Plagio Mejía! Bartlett, esa yerbita santa que luego se dedicó a administrar la CFE con la misma pulcritud con la que hoy se manejan las adjudicaciones directas en el instituto de enfrente. Porque hablando de instituciones que caen a pedazos mientras la nomenclatura disimula, el INE se ha convertido en una sucursal de Ratas Anonymous.
Mientras Ricardo Monreal suda la gota gorda intentando pactar una convocatoria a medias y Dolores Padierna echa fuego en privado contra la oposición —no sea que los panistas vayan a exigir exámenes limpios donde los pupilos guindas no saquen diez cerrado por pura providencia divina—, las verdaderas estrellas del show operaban desde las sombras.
¿Se acuerdan de Lulú Piña Soria? La célebre asesora fantasma que nunca pisó la nómina oficial pero decidía más que Guadalupe Taddei. Ella y su hijita Itzel Sandino montaron un modelo de negocio tan eficiente que hasta la empresa familiar cobró milloncitos por una miniserie documental sobre la elección judicial que absolutamente nadie ha visto, a menos que la proyecten en los cines privados del clan.
Y es que en la 4T los negocios de familia son deporte olímpico, aunque luego salgan los chicos buenos a grabar videos de diez minutos con cara de yo no fui. Ahí tienen al buen Andy, Andrés Manuel López Beltrán, jurando por su lomito sagrado de Palenque que él jamás ha conocido al tal Amílcar Olán ni al huachicol fiscal, y que todo es una malvada conspiración del FBI, de los argentinos y de la derecha internacional para manchar el legado del patriarca. Y Ariadna Montiel exculpando a Andy de todo: ¡Tabasco a tus pies, mi chamaquito!
Claro que, para contrarrestar tanto sufrimiento neoliberal, nada mejor que un poquito de pragmatismo transatlántico: mientras el discurso oficial exige que la Corona española pida perdón de rodillas por los agravios de la Conquista, la mismísima Beatriz Gutiérrez Müller agiliza su trámite de nacionalidad hispana con trato VIP consular y notitas adhesivas que dicen «no quiere traer copia fiel del libro». ¡Soberanía de aduana exprés, caray! Exigir patria para los pobres y pasaporte europeo para la parentela.
Entre comités de evaluación manoseados, juntas ejecutivas que prometen una “limpieza” que huele a purga en el INE y Guadalupe Taddei contando moches para la credencial de elector, el régimen nos demuestra que la verdadera transformación no es cambiar el sistema, sino asegurarse de sentarse en la ventanilla correcta para cobrar los dividendos. ¡No maméis! ¡Salud por la república de las tómbolas, los tíos incómodos y los patriotas con doble pasaporte! Literal.



