Estados Unidos dejó bien claro la madrugada del primero de octubre en Bolivia que las reglas del juego han cambiado. No sólo para el país sudamericano, sino también para todo el continente. Lo hizo a través de un hecho que impactó dentro y fuera de ese país: la detención del fiscal general de la Nación, Roger Mariaca, en el aeropuerto de Santa Cruz, en el oriente boliviano, tierra del agronegocio y bastión de la derecha; publica MILENIO.
El arresto de la cabeza del Ministerio Público ocurrió con un timing muy preciso: dos días después de que el Departamento de Estado en Washington le hubiera quitado la visa, acusándolo de “aceptar sobornos para facilitar el narcotráfico y ayudar a criminales violentos a evadir la justicia”. Mariaca, en el medio, había declarado que la sanción no lo frenaría en su investigación contra Fernando Cerimedo, el operador –protegido de Estados Unidos– de campañas sucias en el continente, detenido el 18 agosto en Bolivia, acusado de feminicidio, enriquecimiento ilícito, usurpación de funciones y posibles vínculos con el narcotráfico.
La trilogía del movimiento fue prístina: Washington sancionó sin presentar pruebas, el acusado resistió y 48 horas después fue arrestado en plena madrugada. O “secuestrado”, como declaró la Fiscalía antes de ser intervenida y descabezada. Y si bien la operación fue presentada como obra del gobierno de Rodrigo Paz y encabezada por la Policía Boliviana, el propio ministro de Gobierno boliviano, Marco Oviedo, reconoció al día siguiente que la acción había contado con el apoyo de agencias estadounidenses, en particular la DEA.
El gobierno estadounidense felicitó el arresto: “las acciones de Bolivia demuestran el liderazgo necesario para hacer que nuestro hemisferio sea más seguro, fuerte y próspero”, declaró Marco Rubio, secretario de Estado y hombre clave en el diseño de las políticas de Washington hacia el continente. El reconocimiento no fue para menos: Washington acusó al fiscal general de un país extranjero e ipso facto fue detenido por orden formal del poder Ejecutivo.
Con ese solo movimiento Estados Unidos logró tres cosas: mostrar que puede hacer y deshacer en un país latinoamericano según su necesidad; salvar al presidente Paz que tambaleaba ante la posibilidad de la investigación sobre Fernando Cerimedo que lo inculpa de narcotráfico y corrupción; y tener a partir de ahora a un fiscal general boliviano puesto a medida de sus necesidades. Y todo de manera alevosa, como ya es costumbre en estos tiempos de geopolítica donde importa evidenciar quién manda.
El hombre MAGA en Latinoamérica (que sabía demasiado)
Fernando Cerimedo ocupó portadas en periódicos de casi toda la región en las últimas semanas. Su detención en Bolivia abrió una caja de Pandora con irradiación hacia al menos nueve países: Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Paraguay, Brasil, Honduras, México y Estados Unidos. En los primeros siete fue donde se confirmó sus operaciones encabezadas por él o sus socios en campañas sucias. En cuanto a Estados Unidos, se trata de la casa matriz de toda la arquitectura desplegada en el continente.
Su línea de tiempo política es la de la política latinoamericana de 2022 a la fecha: ese año realizó su aparición en la campaña por el plebiscito constitucional en Chile; luego en el intento de golpe de Estado en Brasil; lo vimos en su acercamiento a Javier Milei en Argentina, que fue electo en 2023. Luego comenzó a desplegarse por diferentes elecciones de la región, como en Bolivia, Chile y Honduras en 2025, o en Perú este año. El mapa del avance de las derechas o ultraderechas en los gobiernos coincidía con su paso por esos mismos países.
Cerimedo estaba este año en su cúspide política, como hombre clave del débil presidente boliviano, y una red de campañas sucias tendida por el continente. Pero, cuánto más alto se sube, más fuerte es la caída. Y esa caída se dio a partir de agosto pasado, con la denuncia de intento de asesinato por parte de su expareja, Nadia Beller, que logró sobrevivir a los disparos. Al abrir los ojos en el hospital comenzó a denunciarlo: de negocios de contrabando de gasolina, de narcotráfico, de ser el poder detrás del trono, acusaciones que llegaron hasta el Palacio Presidencial boliviano, incluyendo a la misma esposa de Paz, María Elena Urquidi.
Beller evidenció algo más: las conexiones con el trumpismo de Cerimedo, “El hombre MAGA en Latinoamérica”, como lo había denominado la revista The Economist. Lo demostró con la publicación de fotos junto a Donald Trump Jr., hijo del presidente, con Brad Parscale, asesor comunicacional de Trump, o Dick Morris, operador comunicacional ligado al trumpismo, conocido en México por su participación en la campaña presidencial de Felipe Calderón en 2006, que marcó una particular estrategia contra Andrés Manuel López Obrador.
Cerimedo sabía entonces demasiado. Había que callarlo y para eso era necesario detener la investigación del fiscal general Mariaca. Y como el fiscal no entendió el mensaje con la sanción del Departamento de Estado, entonces procedió el arresto que, además, envió un mensaje contundente: Cerimedo no se toca porque con él cae Paz (debido a que los caminos de corrupción y narcotráfico de Cerimedo desembocan en el presidente mismo, y Estados Unidos tiene las huellas digitales marcadas en toda la trama). Así que si muerto el perro se acaba la rabia; arrestado el fiscal se acaba la investigación.
La República de Bolivia intervenida por EU
“Todo configura una intervención, no una cooperación”, explica Susana Bejarano, politóloga boliviana. No solamente por lo ocurrido con el fiscal general Mariaca, sino por lo que siguió una semana después de su arresto, como fue la presencia visible de un representante de la embajada de Estados Unidos en la sesión del poder Legislativo para designar a la nueva cabeza interina del Ministerio Público.
“Dijeron que la presencia del funcionario de la embajada en el recinto no fue en realidad para comprar votos, quizás es algo igual de temerario: fue a advertir. ‘Washington quiere saber qué diputados y senadores están por el cambio de la Fiscalía y en la lucha en contra del narcoterrorismo’ (según una fuente), y se quedó presente en toda la votación en la sesión. Este mensaje obviamente da luces de lo que está sucedido”, afirma Bejarano en entrevista para DOMINGA.
“Más tarde, después de la dudosa elección del nuevo fiscal interino [José Armando Urioste Viera], éste en sus primeras declaraciones pidió ayuda al Escudo de la Américas para temas informativos. Vaya uno a saber a qué institución se refiere. Paz más tarde defendió el Escudo, dijo que no se trata de un grupo político o ideológico, y llamó ‘mediocres’ a quienes lo entienden así. Dijo que es una alianza para ‘salvar la patria’. Hay más. El presidente del Tribunal Supremo de Justicia [TSJ] también convocó al Escudo de las Américas”, explica la politóloga. Quizás se imaginan la llegada del Capitán América.
Bolivia tiene entonces a partir de ahora a un fiscal general designado por Paz, como reconoció el propio presidente de la Cámara de Senadores, Diego Ávila Navajas, cuya votación en la Asamblea Nacional fue vigilada por la embajada estadounidense. Y todos, el presidente de la República, el nuevo fiscal general y el jefe del TSJ agradecieron al Escudo de las Américas, el instrumento de diplomacia militarizada para la región, creado por Trump en marzo pasado con los gobiernos aliados.
Existen más áreas de intervención en Bolivia. Como el “curso intensivo enfocado en tácticas de control antidisturbios y manejo de multitudes”, que impartieron instructores de la Policía Estatal de Pensilvania a la Policía Boliviana en las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, según informó la embajada estadounidense en ese país. A los policías formados por Estados Unidos podrían sumarse los jueces también formados allá, si la petición realizada por el presidente del TSJ se cumple. Bolivia: un Estado reformateado a medida de las necesidades de Estados Unidos.
Modelo de exportación para América Latina
Lo ocurrido en Bolivia envió un mensaje para toda América Latina y el Caribe. Por eso todo se hizo tan evidente, desde la sanción sin presentar pruebas, el arresto violando el debido proceso, la felicitación posterior de Marco Rubio, la vigilancia en el recinto de la Asamblea Nacional para mostrar quién manda, hasta la fila de agradecimientos a Washington por parte de quienes encabezan los poderes en el país.
Tenía que notarse y mucho. Que Paz es el hombre de Trump en Bolivia y mientras así sea no caerá. Aunque existan audios difundidos por el propio vicepresidente boliviano, Edmand Lara, con la voz de Cerimedo, involucrando el Palacio Presidencial en comisiones por avionetas de narcotráfico. Y si para defender a Paz es necesario intervenir en el país, decapitar al Ministerio Público, entonces se hace. Así como bombardearon Venezuela en enero y secuestraron a Nicolás Maduro y Cilia Flores, para garantizar luego el flujo de petróleo y dólares hacia Estados Unidos. Esas son las reglas del nuevo juego donde el único árbitro es la fuerza.
Quien leyó lo sucedido como una oportunidad fue el presidente del PRI, Alejandro Moreno, quien afirmó que “lo que ocurrió en Bolivia debe ser una fuerte llamada de atención para los organismos electorales en México”. En su discurso grabado en video celebró la intervención de Estados Unidos en el país sudamericano, y se jactó de buscar algo similar en el país contra los funcionarios del INE que él mismo fue a denunciar ante el Departamento de Estado en Washington en el mes de agosto. La ilusión de ser intervenido, signo de estos tiempos.
El modelo boliviano de injerencia, y posterior reconfiguración, deja finalmente escrito blanco sobre negro sobre qué tipo de relación busca tener Trump con la región en este momento: una donde los respectivos presidentes latinoamericanos funjan como representantes de los intereses de Estados Unidos. Mandatarios débiles además por acusaciones, por ejemplo de narcotráfico o corrupción, y en consecuencia dependientes del sostén de Washington. Como Paz en Bolivia, Daniel Noboa en Ecuador, Abelardo de la Espriella en Colombia, o Javier Milei en Argentina.
¿Paz durará finalmente en su cargo? Difícil asegurarlo, en vista de que Bolivia es un país socialmente volcánico, como mostraron las grandes protestas de este año contra el gobierno, en rechazo a sus medidas neoliberales. El gobierno (la embajada) ya está preparándose ante ese escenario, por eso realizó el curso de entrenamiento a la Policía Boliviana en las ciudades más importantes. Lo seguro entonces es que la apuesta de Washington para este momento político es sostener a sus aliados ante las caídas producidas por sus propios errores y políticas impopulares. Pero, como dice el refrán, las negras también juegan.
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