Habitantes de Jalisco desafían llamado de autoridades ante huracán «Simón»

Algunas personas manifestaron cierta incredulidad ante los avisos oficiales, por lo que decidieron permanecer en sus viviendas.
AguaQuemada

octubre 12, 2026

Luego de dos horas por una carretera serpenteante desde Puerto Vallarta, que atraviesa la sierra tupida de vegetación, se llega a un puente colgante, construido sobre el río Tecolotlán, pero que solo sirve para que pasen personas y motos, no autos.

Antes había un puente vehicular, pero hace unos años —la gente dice que fue en 2019—, una crecida del río lo destruyó y ahora solo se puede pasar en automóvil cuando el cauce no tiene agua, pero hoy el río comienza a llenarse con una llovizna, fina y persistente; publica MILENIO.

Al cruzar ese río, se llega a la fila de poblados que están pegados al mar, de frente al océano Pacífico, como Aquiles Serdán, Naranjitos o Los Corrales, en la zona norte del municipio de Cabo Corrientes, la región que parecía más vulnerable ante la proximidad del huracán Simon, que hasta la mañana del domingo amenazaba con tocar tierra por esta parte del estado de Jalisco.

De ahí, en los últimos días, salió mucha gente que fue trasladada por las autoridades de Protección Civil, de la Marina y el Ejército hacia lugares más seguros, en refugios abiertos en El Tuito o Puerto Vallarta, lejos de la costa, para evitar que los estragos del ciclón ocasionaran daños graves a las personas.

Sin embargo, hasta el domingo por la tarde, en esta zona norte de Cabo Corrientes no había ni vientos violentos ni lluvias torrenciales ni indicios de que Simon estuviera cerca. Si acaso, una ligera llovizna.

El primer pueblito que está al cruzar el río es Aquiles Serdán; aunque al entrar pareciera que está vacío, porque hay silencio y las puertas de varias casas están cerradas con candados, en realidad, bastantes pobladores decidieron no irse y quedarse ahí, en sus viviendas, listos para resistir a un huracán que llevaba días acercándose a Jalisco, pero que ayer por la tarde se anunció que comenzó a perder fuerza y alejarse de la costa jalisciense.

Justamente por esa imprecisión de los pronósticos es que muchos de los habitantes de aquí decidieron quedarse.

Es una ranchería, con casas pequeñas, precarias; algunas son de madera o tienen techos de lámina, con huertos y cercas con alambres de púas.

Aunque podría pensarse que, por vivir pegados al río, los pobladores de aquí tienen un riesgo mayor en caso de que este se desborde, afirman que nunca ha pasado eso, que cuando crece el río, sale directo hacia el mar y no llega a inundar casas. Y señalan que el mar nunca ha llegado hasta sus puertas, porque una barrera de arena y un estero lo contienen.

Además, algunos confiesan a MILENIO —en una visita que se hizo a esa localidad, horas antes de que Simon pudiera tocar tierra— que hay cierta incredulidad a los anuncios oficiales. Que solo “meten miedo”.

Óscar Noé Flores, un hombre de 45 años, por ejemplo, afirma que su casa es segura, pues está bien hecha, de concreto, diferente a la que tenía antes, más endeble. Aunque sí cubrió sus ventanas con tablas de madera, tiene su puerta abierta y sale a platicar con sus vecinos.

Él desestima todos los llamados de las autoridades.

—¿Usted decidió no irse a los refugios?—

«No, no, no le vi sentido».

—¿Por qué?—

«Pues, en primera, porque antes, cuando tenían uno la casa humildita, no venían a avisar, y ahorita que uno tiene su buena casa, ya quieren llevárselo. Pues, no, no le veo sentido».

—Oiga, ¿y no le tiene miedo el huracán?—

«Pues, desde niño ha habido otros más fuertes. Antes no había categorías o los podías descifrar en serie, en números. Y no, la verdad, no. Ahorita dicen que ‘muy fuerte’. El gobierno asusta y quiere intimidar con algo que uno ya vivió años atrás. Pero, pues, ellos te meten el miedito (sic) y dices ‘ay, pues, vámonos, mejor’, pero no, decidimos mejor quedarnos y, pues, no pasa nada, a la de Dios».

—Entonces, ¿usted se siente seguro aquí?—

«Super segurisisisísimo».

​Briseida Souza vive en la casa de atrás. Ella, con sus dos hijas, ya se había ido del pueblo para refugiarse con familiares que viven en El Tuito, la cabecera de Cabo Corrientes, que está en alto, entre montañas, lejos de la costa, donde también se abrieron algunos refugios temporales.

Se fue el viernes, alarmada por las advertencias del gobierno, que llamaron a los pobladores a no salir de sus casas desde las 16:00 horas para protegerse del huracán.

Pero como no hubo vientos ni lluvias, Briseida decidió regresarse a su casa el sábado, confiada de que ahí estaría bien, y sobre todo, más cómoda.

«Yo aquí me iba a quedar. Dije ‘yo voy a estar en mi casa’, pero, pues, se va a ir mi tío, y luego se fueron mis vecinos. Entonces dije ‘me voy a quedar yo sola’. Por eso decidí irme».

—¿Cuándo se fueron?—

«Ayer en la tarde, como a mediodía, como a las 11, más o menos».

—¿Y cuándo regresaron?—

«Ahorita».

—¿Por qué?—

«Porque me enfadé de estar allá encerrada, nomás. Y dije, ‘allá está igual, así, igual, serenita (la llovizna), así como está aquí, pues, mejor me quedo acá, en su casa de uno’».

Algunas personas fueron trasladadas a refugios pero regresaron a sus casas. (Foto: Rafael Montes)

Casi a la entrada del pueblo está la casa de Olinto Flores, quien decidió quedarse también y cuidar su propiedad.

—¿Y usted por qué se quedó?—

«Pues, ¿a qué me voy? Aquí está seguro, de todos modos. Aquí hemos pasado todos los huracanes que han pasado; antes en la casa de madera, ahorita ya tenemos de material».

—¿Con quién se quedó?—

«Con mi papá y mi mamá y mi esposa».

—Puros adultos—

«Sí».

—Oiga, ¿pero vinieron a invitarlos a irse?—

«Vino el Ejército, vinieron Protección Civil también y los bomberos. Pero mucha gente no se fue».

—¿Por miedo a que se metan a sus casas o simplemente se sienten seguros?—

«Pues, también por eso, para cuidar lo poquito que tiene uno, porque muchas veces gente que se ha ido y cuando regresa ya no tiene nada».

—¿Sí ha pasado?—

«Pues, mucha gente se lo roba».

Las personas también se quedan para resguardar sus hogares. (Foto: Rafael Montes)

Es agricultor, siembra maíz y sorgo. Toda su vida, sus 48 años, los ha vivido aquí. Y dice que por eso no se quiere ir.

«Yo aquí nací y aquí me quedo, aquí vamos a topar, como muchos de mi familia, voy a quedarme aquí», dice Olinto, convencido, en la puerta de su casa, hecha de cemento.

Imagen portada: Rafael Montes

https://www.milenio.com/estados/jalisco-habitantes-niegan-abandonar-hogares-durante-paso-huracan-simon

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

Usamos cookies para mejorar tu experiencia y personalizar contenido. Al continuar, aceptas su uso. Más detalles en nuestra Política de Cookies.