El 11 de septiembre de 2001, mientras el mundo veía en televisión cómo dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas, Vicente Fox Quesada tuvo una preocupación que iba más allá de Nueva York y Washington: que los ataques terroristas pudieran llegar a México; publica MILENIO.
El entonces presidente estaba en el World Trade Center de la Ciudad de México, encabezando un evento en el que se llevaba a cabo una presentación, cuando un asistente del Estado Mayor le entregó un papelito para advertirle que algo estaba ocurriendo en Estados Unidos y que las imágenes podían verse en televisión.
Eran aproximadamente las nueve y media de la mañana en México.
Fox encendió la televisión y vio, como millones de personas en todo el mundo, los aviones estrellarse contra las Torres Gemelas.
“Un día impresionante aquel, un día que por sí solo quizá ha sido el mayor impacto que hemos tenido el mundo entero, el poder ver en vivo esas imágenes que salieron de esos aviones tipo kamikaze que llegaron a destruir las Torres Gemelas”, dice el hoy ex mandatario en entrevista exclusiva con MILENIO.

El impacto no terminó frente a las pantallas. Fox terminó rápidamente el evento, canceló el desayuno que seguiría a la presentación y se dirigió a Los Pinos para estar preparado ante cualquier cosa que pudiera ocurrir.
Porque en ese momento, recuerda, el gobierno mexicano tuvo temor de que el terrorismo pudiera cruzar la frontera.
“Llegamos a pensar que pudieran llegar esos ataques inclusive a México”, reconoce.
La primera reacción fue una alerta generalizada para el Ejército y la Marina, además de comunicación con las instituciones de seguridad de Estados Unidos para prever cualquier situación que pudiera llegar desde la frontera norte.
El papelito que cambió la mañana
En el marco del 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, que se conmemora este viernes, Fox Quesada habla con MILENIO sobre cómo vivió aquel día desde la Presidencia de México.
Desde el rancho San Cristóbal, en el municipio guanajuatense de San Francisco del Rincón, recuerda que la primera persona de su gabinete con la que habló fue el entonces canciller Jorge G. Castañeda. Antes de eso, quien le había entregado el mensaje fue un asistente del Estado Mayor.
“Bueno, primero, el del papelito pues es un asistente del Estado Mayor, el que me lleva el papelito para hacerme consciente de lo que estaba pasando en ese momento. Eran como las nueve y media de la mañana en México, por ahí más o menos”.
Después de Castañeda, el presidente habló con el Ejército y la Marina para conocer su posición y determinar qué podía hacer México.
“Platicamos de lo pavoroso del evento y un país como México en esos casos no tiene mucho que hacer. No somos un… no tenemos un ejército bélico, un ejército para participar en misiones mundiales o globales. No es ese sentido de México y del Ejército mexicano, es más bien para la paz interior y para la seguridad interior, en lo cual desde luego platicamos”.
La respuesta inmediata no fue enviar tropas al extranjero ni emprender una operación militar. Fue vigilancia.
“Después de Castañeda platicamos con el Ejército, con la Marina, para ver qué era su pensamiento. No, repito, no surgieron políticas públicas o ideas prácticas de qué hacer, salvo llamar al presidente (de Estados Unidos, George W. Bush), salvo expresarle nuestra preocupación y alinearnos con la política de él, a seguirlo respaldando por lo que fuera la lucha contra el terrorismo”.
La alerta alcanzó puntos estratégicos del país.
“Bueno, yo te diría que sí, (declaramos) una alerta generalizada para el Ejército y para la Marina, de estar atentos a cualquier cosa, ponerse en comunicación con las instituciones de seguridad de Estados Unidos para ver en qué podíamos colaborar o prever cualquier cosa que viniera a través de la frontera norte hacia México”.
Aeropuertos, puertos, instalaciones estratégicas y plantas generadoras de electricidad quedaron bajo esa vigilancia.
“Una alerta generalizada… a aeropuertos, puertos, en lugares estratégicos, plantas generadoras de electricidad y demás. Sí, el Ejército de inmediato puso su plan en marcha de estar atentos a cuidar que no nos fueran a pasar cosas similares”.
La preocupación no se limitó a la frontera con Estados Unidos. Fox recuerda que también se mantuvo vigilancia sobre la frontera sur con Guatemala, ante el temor de que México pudiera convertirse en una vía de entrada para quienes pretendieran llegar a territorio estadunidense.
Bush: “Las prioridades cambiaron”
Son alrededor de cinco kilómetros los que separan al Centro Fox de la casa donde vive el expresidente. El camino conduce hacia una zona donde el paisaje cambia poco a poco. A los costados aparecen tierras de cultivo y personas trabajando en el campo, entre la siembra y las extensiones de terreno que forman parte del entorno del rancho San Cristóbal.
Ahí, quien fuera jefe del Ejecutivo federal de 2000 a 2006 recibe a MILENIO en su sala. Hoy camina con dificultad, pero al hablar de aquella mañana, el recuerdo parece devolverlo por momentos a la escena que ocurrió un cuarto de siglo atrás.
Relata que, mientras México activaba sus mecanismos de vigilancia, él intentaba comunicarse con George W. Bush. La llamada fue solicitada ese mismo 11 de septiembre, pero no entró.
Bush se encontraba en el Air Force One, mientras las llamadas de líderes de todo el mundo se acumulaban en la Casa Blanca. Fox sostiene que no fue falta de voluntad para comunicarse con el mandatario estadunidense, sino el orden en que se fueron atendiendo las llamadas.
“Yo pedí una llamada con el presidente Bush ese mismo día, el mismo día del evento, pero esa llamada no entró y me explicaban que el presidente Bush estaba sobrevolando en el Air Force One o en el avión donde lo ponen al presidente de Estados Unidos para que no esté en tierra y no sea sujeto de un atentado”.
Finalmente, la conversación ocurrió hasta el 12 de septiembre.
La llamada tenía para Fox una importancia particular. Apenas unos días antes, México y Estados Unidos habían avanzado en uno de los principales proyectos de su administración: una reforma migratoria que buscaba modificar las condiciones de los mexicanos que vivían en Estados Unidos. La propuesta había recibido el apodo coloquial de «la enchilada completa».

Pero el 11-S cambió las prioridades de Washington.
“Él me avisó: “’Vicente, las prioridades cambiaron, ya no voy a poder concentrarme en la idea de reformar el producto de la migración, el llegar al Congreso con una ley que modificara las condiciones en que se encontraba el asunto migratorio’”.
La nueva prioridad, recuerda Fox, quedó resumida en una frase:
“Mi prioridad ahora es combatir el terrorismo en el mundo entero y a eso voy a dedicar el resto de mi administración”.
Bush lanzó entonces una cruzada mundial contra el terrorismo, viajó por distintos países y pidió a los gobiernos democráticos y aliados de Estados Unidos que se sumaran a la lucha contra esa amenaza.
Fox describe que a partir de entonces el presidente estadunidense emprendió una transformación profunda de su gobierno:
“Yo creo que hizo una gran tarea. Reformó todo el gobierno de Estados Unidos, lo puso en alerta permanente y, afortunadamente, por esto no se han vuelto a repetir las mismas cosas”.
La migración quedó atrapada por el 11-S
El cambio fue especialmente significativo para la relación entre ambos países porque, apenas unos días antes de los atentados, Fox había estado en Estados Unidos.
A principios de septiembre, Bush lo había invitado a una visita oficial. La agenda incluía una estancia en la Casa Blair, la residencia destinada a visitantes del gobierno estadunidense, así como una cena ofrecida por Bush en la Casa Blanca.
La delegación mexicana tuvo además reuniones con empresarios, políticos, diputados y senadores estadunidenses.
Fox tenía previsto hablar ante las dos cámaras del Congreso reunidas y participar en encuentros con pequeños grupos de legisladores de la Cámara de Diputados y del Senado relacionados con migración y la relación con México.
“Y ahí, pues, ya estaba, digamos, cocinado el asunto de la reforma que presentó el presidente Bush al Congreso con motivo de la migración”.

Según Fox, el proyecto buscaba que, por primera vez, se legislara para brindar una protección amplia a los migrantes en Estados Unidos y garantizarles un trato digno.
“Por primera vez se iba a legislar y se iba a generar leyes y protección amplia para todos los migrantes de los Estados Unidos que recibieran un trato digno, como corresponde a todos estos mexicanos ahí en el exterior”.
Aquella agenda ocurrió pocos días antes de los atentados:
“Entonces todo eso sucedió el día 4, el día 3, no me acuerdo, 3 o 4 de septiembre, y el día 11 de septiembre viene este ataque terrorista a los Estados Unidos”.
El proyecto migratorio quedó prácticamente listo para ser aprobado, pero el ataque modificó las prioridades de la Casa Blanca y también las del Congreso estadunidense.
“Desgraciadamente viene septiembre 11 y viene ese cambio de prioridades que marcó el presidente Bush. También lo marcó el Congreso, modificó todo su programa de iniciativas de ley, las leyes que se habían presentado para atender con absoluta prioridad este tema del terrorismo”.

“No era el fin del mundo”
El impacto de las imágenes no terminó cuando las Torres Gemelas se desplomaron.
Fox recuerda haber visto primero el avión estrellarse contra las torres y después observar cómo una de ellas se venía abajo.
“En lo personal, un impacto brutal. Ver eso, un avión piloteado con pasajeros y que se estrella contra las Torres Gemelas. De repente pensamos que, bueno, este gravísimo mal causado iba a quedar ahí y pocos minutos después la torre se derrumba hasta abajo. Otra impresión espectacular, pensando en todos los que estaban ahí dentro de la torre, todos los que ahí murieron”.
Después vinieron las imágenes de las calles de Manhattan.
“Y luego ver a toda la gente corriendo en las calles, toda la gente con angustia, con miedo, con preocupación. Sí fue un día que ojalá jamás se repita otra vez y eso que lo vimos de lejos, otros lo vivieron ahí en el centro de Manhattan”.
En México, mientras tanto, Fox dejó de lado el desayuno que debía seguir a la presentación y se trasladó a Los Pinos.
“Ya no asistí al desayuno. Me fui a Los Pinos para estar atento ahí con el teléfono a la mano, primero pidiendo la llamada con el presidente Bush y, segundo, atento ahí con el gabinete, especialmente las secciones de seguridad, por si ocurría algo adicional”.
La vigilancia se mantuvo durante las siguientes horas porque nadie podía dar por terminado el ataque.
“No todo el mundo dio por terminado el evento de ese ataque terrorista en el día 11 de septiembre, en Estados Unidos, en Europa, en todos lados, en Latinoamérica”.
México tomó precauciones, pero no ocurrió una nueva contingencia. Aquella noche, Fox no reforzó su seguridad y tampoco abandonó completamente la normalidad.
“No, no, no. Seguimos ya bastante normales los días. Desde luego, el secretario de la Defensa, el secretario de Marina, pues sabían y tenían la conexión con el Ejército de Estados Unidos, con la Marina de Estados Unidos, y todos nos mantuvimos atentos por si había que hacer algo más, pero ya no se presentó ninguna otra contingencia”.
Incluso cuando se le pregunta si durmió con angustia, Fox responde con una escena doméstica que contrasta con la dimensión del acontecimiento:
“Dormí con Martita (Sahagún, su esposa) muy a gusto. Digo, el tremendo pesar de ver tantos muertos y ver tan sanguinario asunto, a todos nos impactó, pero no era tampoco para cambiar la vida diaria de uno”.
Una llamada que llegó tarde
La demora en la llamada con Bush provocó críticas. Fox recuerda que el propio presidente estadunidense hizo referencia a que su reacción había sido tardía, pero rechaza que aquello haya significado un deterioro de la relación.
“Lo otro de esas declaraciones que ya viene después tampoco te vayas a creer, y la gente va a quedar con la idea de que el presidente Bush estaba enervado o molesto en extremo por eso. No fue simple detalle que él consideró y mencionó, y ese detalle sucedió precisamente por quien pone en lista de atención las distintas llamadas”.
Su explicación es sencilla: había llamadas de dirigentes de todo el mundo esperando turno.
“Yo me supongo que había 100 llamadas a la vez y alguien fue metiendo a esta primera, esta segunda, esta tercera, esta cuarta y así fuimos entrando todos”.
Fox insiste en que la solicitud mexicana había sido hecha desde el primer día.
“Esa fue la única. No es que no haya yo estado consciente o atento de los problemas del asunto. Estaba claro y mi petición de llamadas estaba ya metida a la Casa Blanca”.
Incluso recuerda que el episodio aparece mencionado en el libro escrito por Bush.
“No. Te digo, así como está el libro que yo escribí, está un libro que escribió Bush en donde, a lo largo de 250 páginas, muestra en un renglón ese hecho, que había sido tardía la reacción, pero al fin y al cabo, ¿qué más da?”

México ofreció solidaridad, no tropas
En aquella conversación, Bush no pidió a México recursos militares ni una operación específica.
“No, más allá de una alerta y vigilancia generalizada, nada más concreto que eso. Nada de que haya pedido recursos de México militares o que haya pedido la seguridad militar, intensificar la frontera. En realidad, él no hizo peticiones, acaso pedir la solidaridad, la colaboración y el apoyo decidido en esta lucha que es de toda la humanidad, es la lucha contra el terrorismo. No tiene más que eso la conversación”.
Del lado mexicano, Fox transmitió condolencias, solidaridad y disposición para colaborar dentro de las capacidades del país.
“Del lado mío hacia allá fue, primero, ahora sí que el entendimiento, las condolencias, como se quiera llamar, de lo grave que había sido la situación y mostrarles nuestra solidaridad completa, no solo del gobierno, sino del pueblo de México, y ponerlos a sus órdenes”.
Una preocupación particular era que integrantes de las organizaciones terroristas pudieran utilizar la frontera mexicana como vía para entrar a Estados Unidos.
“No descartar que en Estados Unidos, estos criminales pudieran seguir entrando a Estados Unidos por México y por la frontera México-Estados Unidos. Siempre han tenido esa preocupación ellos, que vía México pudieran penetrar aquel país estos criminales”.
Por ello, recuerda Fox, se reforzó la vigilancia de ambas fronteras.
“Yo creo que eso reforzó mucho la seguridad de la frontera, no sólo la de México-Estados Unidos y la frontera de México con Guatemala. Siempre estuvimos atentos, vigilantes de que no fuera a pasar por México ninguna de estas tragedias o criminales”.
Respecto de las víctimas mexicanas de los atentados, Fox señala que el consulado en Nueva York y la embajada en Washington permanecieron pendientes de la situación.
“Pero te repito, no, no le tocó una carga de trabajo especial a México con eso y simple y sencillamente, repito, el consulado y la embajada estuvieron todo el día atentos a ver qué se ofrecía”.
De la amistad a una relación “agria”
Veinticinco años después, Fox no solo recuerda el 11 de septiembre de 2001 como el momento en que cambió la estrategia de Estados Unidos frente a la migración y el terrorismo. También lo utiliza para contrastar aquella relación con la que, desde su perspectiva, existe actualmente entre México y Estados Unidos.
El expresidente conocía a Bush desde antes de que ambos ocuparan la Presidencia de sus respectivos países. Cuando Fox era gobernador de Guanajuato y Bush, gobernador de Texas, sostuvieron varias reuniones para hablar de la relación entre ambos estados, las exportaciones y los productos.
“Yo lo visité varias veces en su oficina de gobierno en Estados Unidos y charlamos ampliamente. De hecho, construimos una importante relación y más que relación, amistad entre los dos”.
Fox recuerda aquella relación como cercana, personal y de confianza.
“Nos entendimos muy bien, hubo empatía entre los dos y eso nos ayudó a tener esa mejor, suprema relación en Estados Unidos que jamás ha habido en otras administraciones y con otras presidencias”.
Entre los momentos que destaca está su intervención ante las dos cámaras del Congreso estadunidense, algo que, asegura, no recuerda que otro presidente mexicano haya tenido oportunidad de hacer.
“Y ahí vino ese evento oficial. No recuerdo yo otro presidente de México que haya tenido la oportunidad de hablar frente a las dos cámaras, la de senadores y los representantes, y los muchos privilegios que tuvimos en esa relación fue muy constructiva”.
El contraste con el presente, afirma, es radical.
“Que si la comparas por hoy en día, no hay punto de comparación. Hoy está chocante la relación, hoy no hay cercanía, no hay amistad, no se conocen personalmente ambos presidentes”.
Para Fox, aquel vínculo entre México y Estados Unidos pertenece a “otro mundo”, uno que permitió avances en la relación bilateral.
“Era otro mundo aquel, otro mundo que sirvió muchísimo para que muchísimas cosas avanzaran en México y avanzaran en esa relación”.
El pasado a la luz del presente
Antes de terminar la conversación, MILENIO le pregunta: «¿Qué le diría el Vicente Fox de 2026 al Vicente Fox de aquella mañana del 11 de septiembre de 2001?»
Él responde mientras se apoya en el sillón, haciendo memoria del país que, afirma, ayudó a edificar durante su mandato.
“Cabalgamos y vivimos una gran batalla luchando por la democracia, por la libertad, por la economía de mercado, por los derechos humanos, por el imperio de la ley, que son los valores de la civilización occidental, pero no sólo eso, son los valores que hacen exitosa a una nación y a una economía”.
Así, a 25 años del ataque que transformó la política exterior y de seguridad estadunidense, Fox vuelve a colocar aquella experiencia en el debate sobre la relación bilateral y la política actual.
Veinticinco años después, la escena que Fox recuerda sigue teniendo un punto de partida concreto: un presidente mexicano frente a un televisor, después de recibir un papelito en medio de un acto público, viendo caer las Torres Gemelas y preguntándose qué podía ocurrir después.
México estaba lejos de Manhattan, pero aquel día el gobierno federal no esperó a que la amenaza tocara su territorio. Puso en alerta al Ejército y la Marina, vigiló aeropuertos, puertos, instalaciones estratégicas y plantas generadoras de electricidad, reforzó la vigilancia en las fronteras y buscó de inmediato al presidente de Estados Unidos.
Por fortuna, ningún ataque llegó a México.
Imagen portada: MILENIO
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