Por María Beasain
Hay un aroma rancio que emana de las redacciones cuando el hambre de clics se encuentra con la miseria del espíritu. Lo vimos esta semana con la última «exclusiva» de Reporteros Mx: un video viral, un altercado callejero y el nombre de Tania Larios servido en bandeja de plata como guarnición de un plato que ella ni cocinó ni pidió ordenar.
@espejonegromx Ventaneando o la bragueta como Fe de Erratas // María Beasain / IA No nos engañemos. Lo que vemos no es una nota informativa, es un linchamiento con formato de clickbait. Cuando la violencia se vuelve espectáculo, la política se vuelve coartada y la institucionalidad un silencio cómplice, lo que queda no es periodismo. Para la activista y periodista Arlin Medrano, el youtubero Manuel es parte orgánica de la violencia que sufren las mujeres. ¿Quién lo diría? Manuel Pedrero imitando las técnicas de acoso misógino de Ricardo Salinas Pliego en contra de Citlalli Hernández. Cosas veredes… #misoginia #periodismo #8m
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El hecho, despojado de la pirotecnia digital, es de una pereza informativa que asusta. Un tal Luis Celis protagoniza un episodio de intimidación pública —esa clásica coreografía de la masculinidad frágil donde el “no sabes quién soy yo” sustituye a la decencia. Pero ¡oh, sorpresa!, el foco no se queda en el agresor. El periodismo de filtración y baja estofa decide que el verdadero interés público no es la violencia urbana, sino el árbol genealógico de las sábanas de una diputada.
Lo de Manuel Pedrero y su equipo no es un error de cálculo, es un diseño de interiores de la infamia. Analicemos el “método”:
La asimetría del micrófono: Tenemos la voz de Larios deslindándose, pero no hay rastro de la autoridad, ni del MP, ni de la versión del protagonista del video. Es periodismo de amplificación, no de verificación. Se lanza la piedra y se entrevista a la piedra para ver qué opina del cristal roto.
El desplazamiento del eje: El suceso debería ser una nota de seguridad o de cultura cívica. Sin embargo, lo convierten en una “nota rosa politizada”. Al insertar el vínculo personal —ese dato que no aporta un solo miligramo de comprensión al hecho violento—, se activa el mecanismo de contaminación reputacional.
La culpa por asociación: En este ecosistema, si un hombre con el que compartiste un café hace diez años patea un bote de basura, la culpable de la abolladura eres tú. Es la vieja táctica de la violencia simbólica: domesticar a la mujer política a través de los pecados de los hombres que orbitan o alguna vez orbitaron su vida.
¿Libertad de Expresión o Libertinaje de Portada?
Aquí entramos en el terreno de lo patológico. Si revisamos la hemeroteca de Reporteros Mx, el nombre de Tania Larios aparece con una recurrencia que ya no sugiere interés periodístico, sino una fijación obsesiva.
Cuando un medio necesita repetir el mismo nombre una y otra vez bajo encuadres de vida privada, ya no está informando, está construyendo un objetivo.
La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia es clara: el uso de estereotipos y la exposición desproporcionada de la vida privada para menoscabar derechos políticos es Violencia Política de Género (VPG). No es censura, es higiene democrática. El “libertinaje periodístico” de Manuel Pedrero, quien carece de una cédula profesional en Ciencias de la Comunicación, se detiene justo donde empieza el derecho de una mujer a no ser definida por la conducta de un tercero.
El silencio de las instituciones: ¿Dónde está Citlalli?
Y aquí es donde el vacío se vuelve ensordecedor. Tenemos una Secretaría de las Mujeres encabezada por Citlalli Hernández, una oficina que debería ser la guardiana contra la violencia simbólica.
¿Dónde está el posicionamiento institucional? Este caso era el laboratorio perfecto para condenar la intimidación masculina en el espacio público. Señalar la violencia mediática que utiliza la vida íntima como arma política. Activar protocolos ante el INE o el TEPJF por el patrón sistemático de hostigamiento contra una legisladora.
En la práctica, lo que tenemos es un vacío de Estado. Mientras la Secretaría calla, el periodismo de alcantarilla celebra. Si la institucionalidad no interviene ante un caso de VPG de manual, está enviando un mensaje peligroso: que, en la arena pública, las mujeres siguen siendo rehenes de su pasado personal, mientras los hombres violentos son solo el pretexto para el próximo titular.
No nos engañemos. Lo que vemos no es una nota informativa, es un linchamiento con formato de clickbait. Cuando la violencia se vuelve espectáculo, la política se vuelve coartada y la institucionalidad, un silencio cómplice, lo que queda no es periodismo. Es simplemente un grupo de hombres con Internet intentando disciplinar a una mujer a través de la vergüenza ajena.
Tania Larios no debe una explicación por el video, el medio le debe una disculpa por el encuadre, y la Secretaría nos debe una actuación por su omisión. Para la activista y periodista Arlin Medrano, el youtubero Manuel es parte orgánica de la violencia que sufren las mujeres. ¿Quién lo diría? Manuel Pedrero imitando las técnicas de acoso misógino de Ricardo Salinas Pliego en contra de Citlalli. Cosas veredes…



