Por José Jaime Ruiz
A pesar de los admirables niveles de aprobación, un lento desencanto crece entre los mexicanos por la timorata posición de nuestro gobierno sobre el genocidio en Gaza y la repatriación de nuestros connacionales secuestrados en aguas internacionales por el gobierno sionazi de Benjamin Netanyahu. Las notas diplomáticas significan pasividad, en contradicción de otro tipo de acciones, como poner en suspenso las relaciones bilaterales. No se trata de ruptura definitiva sino de llevar al mínimo contacto diplomático la relación hasta que los mexicanos regresen al país, con un canal mínimo de comunicación, porque es intolerable el secuestro en aguas internacionales, ese terrorismo de Estado –a las cosas por su nombre– ya que no se trata sólo de una “intercepción”, como lo mencionó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Andrés Manuel López Obrador puso en pausa la relación con los Estados Unidos por los comentarios injerencistas del exembajador Ken Salazar acerca de la reforma judicial. Aquellos fueron comentarios, lo de ahora es una privación ilegal de la libertad, una acción punitiva en contra de trabajadores de la paz y portadores de ayuda humanitaria. El presidente Gustavo Petro de Colombia, por ejemplo, expulsó a la delegación diplomática de Israel en su país al enterarse de que dos colombianas habían sido secuestradas por el ejército sionazi.
Todo genocidio entra en la lógica del colonialismo: “Los detalles del genocidio armenio han sido omitidos en la mayoría de los libros de historia en Turquía y «olvidados» durante décadas. El Gobierno turco logró convencer a muchos pueblos y gobiernos de que la historia del genocidio era mentira. El mismo Hitler se aprovechó de esta negación de la historia. En 1939, urgió a sus generales a ser brutales en la invasión de Polonia, arguyendo: «¿Quién recuerda hoy el exterminio de los armenios?». Es decir: si los turcos se salieron con la suya, nosotros también podemos hacerlo” (Genocidio. Jane Springer. Ediciones Ekaré).
Hace un mes Residente conmovió al Zócalo, ante 180 mil personas, con su “alto al genocidio en Gaza”. La presidenta Sheinbaum tiene que calcular, si nuestros connacionales no regresan antes del 5 de octubre a México, la respuesta del Zócalo a su informe. Revolución de las conciencias mediante, la plaza puede convertirse en un acto de crítica pública del pueblo por la debilidad de las acciones gubernamentales que no han condenado lo suficiente el genocidio y la muerte por hambruna de los niños en la franja de Gaza. El Zócalo será palestino… o no será. #Flotilla #FlotillaGaza



