Por Francisco Villarreal
El arzobispo cardenal de Chicago, Illinois, Blase Cupich, ofreció un reconocimiento al senador demócrata Richard “Dick” J. Durbin, por su labor a favor de los inmigrantes en Estados Unidos. De inmediato, varios obispos estadounidenses protestaron por ese honor, argumentando que Durbin es pro abortista. No imagino la postura del arzobispo cardenal Nolan, de Nueva York, quien no hace mucho declaró en la cadena Fox que Charlie Kirk era algo así como un “moderno San Pablo”. Finalmente el senador Durbin declinó recibir ese reconocimiento.
En medio de todo esto, la EWTN (Eternal Word Television Network, medio muuuuy católico), no tuvo más remedio que difundir la posición del papa León XIV. El Pontífice pareció eludir el tema cuando respondió a la reportera que no estaba familiarizado con el caso, pero no se quedó ahí y dijo: “Alguien que dice que está en contra del aborto pero que está a favor de la pena de muerte no es realmente pro vida. Entonces, alguien que me dice: ‘Estoy en contra del aborto, pero estoy de acuerdo con el trato inhumano a los inmigrantes que están en Estados Unidos’, no sé si esto es pro vida”. La posición de la Iglesia Católica sobre el aborto no es fácil de cambiar, porque necesitarían hacerse cambios muy profundos en toda la Iglesia, incluso tal vez en su doctrina y sus perfiles jerárquicos; pero la posición sobre la muerte y la violencia contra un humano, desde neonato hasta la vejez extrema, es básica e inalterable, porque no se puede especular sobre lo evidente. En este sentido, la pasión y muerte de Jesús es ejemplar.
¿Entenderían el mensaje los obispos Paprocki, de Springfield, Illinois; Conley, de Lincoln, Nebraska; Burbidge, Arlington, Virginia; Wall, de Gallup, Nuevo México; Cordileone, de San Francisco; Ricken, de Green Bay, Wisconsin; Kemme, de Wichita, Kansas; Johnston, de St. Joseph-Kansas City, Missouri; Olson, de Fort Worth, Texas, y Strickland, de Tyler, Texas? No sé si Su Eminencia Timothy Nolan, arzobispo cardenal de Nueva York, haya declarado ya al respecto, o sigue muy atareado revisando las enseñanzas de Charlie Kirk para armar un novísimo epistolario y agregarlo al Nuevo Testamento, lo que dejaría prácticamente a la mitad de la Biblia como intestado, convertiría a los libros Hechos y Epístolas en apócrifos, y mandaría el Apocalipsis a revisión en las mesas de análisis hermenéuticos de los comentaristas de la cadena Fox. Todo un Retenuevo Testamento.



