Tercer Grado incapaz de ‘leer’ a Sheinbaum

Leer a Andrés Manuel López Obrador y a Claudia Sheinbaum Pardo con los paradigmas neoliberales es analfabetismo político. Es obtuso y miope este tipo de lecturas, como “la deriva autoritaria” o el “retropopulismo” de Roger Bartra.
AguaQuemada

septiembre 19, 2025

Por José Jaime Ruiz

@espejonegromx

@aguaquemadamx

Leer a Andrés Manuel López Obrador y a Claudia Sheinbaum Pardo con los paradigmas neoliberales es analfabetismo político. Es obtuso y miope este tipo de lecturas, como “la deriva autoritaria” o el “retropopulismo” de Roger Bartra. Durante los años de la Cuarta Transformación de la vida pública del país –más acá de que no podemos ser Venezuela, menos Cuba– los argumentos reaccionarios siguen machacando:

“El argumento enuncia simplemente que lo que ganamos por un lado lo perdemos por otro, que la adquisición de nuevos derechos nos hace perder, de manera colectiva e igual para todos, los derechos adquiridos que son más valiosos. Más que un juego de resultado cero, se trata de un juego de resultado negativo. Una vez más la derecha no intenta cuestionar de frente los méritos y la legitimidad de las reformas propuestas por la izquierda. Semejante actitud sería suicida. Se trata, más sutilmente, de mostrar los efectos periféricos, irremediablemente negativos, de las reformas, efectos que sus autores no supieron prever. Los detractores del progreso tratarán entonces de mostrar que el empeño de buscar derechos democráticos constituye una amenaza para los derechos civiles y la libertad, que el auge del Estado de bienestar es un peligro para la democracia y aun para la libertad” (“La retórica de las consecuencias no previstas”, André Gosselin en Comunicación y política, Gedisa, p. 338).

En el programa de derecha de Televisa, “Tercer Grado”, se argumenta desde la miopía neoliberal y desde un añejo, pero superado presidencialismo o, ajustándose al trascendido modelo de la Presidencia Imperial, alaban el discurso inédito del Almirante Raymundo Pedro Morales, pero indican que se lo impuso la presidenta Sheinbaum. La doctora “no da línea” porque, científica, sabe que no imponer ni dar línea produce un efecto de que nadie se salga en sus líneas discursivas del huacal.

Para que nadie se desoriente no existe alguna orientación: “Tienen que saber que cuando habla un cadete… En algún evento en donde yo estoy presente y habla un cadete, el propio General secretario, el Almirante secretario, un secretario de Estado, no leo nunca los discursos previamente, ellos hablan libremente; ni cuando vamos a las asambleas en los estados, que le toca hablar a algún secretario o secretaria; o a algún participante de algún Programa de Bienestar que participa en el evento, a nadie se le pide previamente su escrito para ver qué van a decir”.

La fortaleza reside en la reticencia, no en la prédica. El corpus ideológico de la 4T es complejamente simple: por el bien de todos, primero los pobres; prosperidad compartida; no robar, no mentir, no traicionar. Bajo estas tablas de la ley tiene que someterse cualquier discurso público de cualquier funcionario público. Nada hay que dictar en una democracia, los dictados son para las dictaduras. Para entender a Sheinbaum hay que comprender la reticencia como una estrategia cuasi literaria, clave, llave de la narrativa (paradigma) y las líneas discursivas (sintagmas) de la 4T.

(Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe, Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”, Manual del imperfecto político, Caldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural Posdata y de Posdata Editores. Dirige aguaquemada.mx y www.lostubos.com.)

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// José Jaime Ruiz

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