Para algunas personas, los días más cortos y las bajas temperaturas del invierno traen consigo episodios de nostalgia, apatía o tristeza. Son pocas las ganas que tienen de salir de la cama, practicar ejercicio o asistir a las comidas después del trabajo; todas ellas, sensaciones que no habían experimentado —o no con esa magnitud —a inicio de año; publica MILENIO.
A esto se le conoce popularmente como “la depresión invernal”, lo cual forma parte de lo que el Instituto Nacional de la Salud Mental define como “Trastorno Afectivo Emocional” (TAE): un patrón cíclico donde donde las personas pueden sentirse más “decaídas” o diferentes de lo normal con la entrada de la temporada invernal.
Son pocas las investigaciones que han estudiado dicho fenómeno y, por ende, su prevención. Sin embargo, al ser tan predecible, se pueden adoptar ciertas medidas preventivas antes de la entrada del otoño; toda vez que las afectaciones a la vida cotidiana se mantengan en niveles leves o moderados.
Mantener rutinas
En un artículo publicado originalmente en The Conversation, Gio Dolcecore, especialista de la Universidad de Mount Royale (Canadá), propone cambiar la perspectiva del tiempo en esta temporada, a través de rutinas pequeñas pero intencionadas.
Programar rituales semanales (como ir a un café los viernes, correr 30 minutos en un parque diferente cada sábado o ver un capítulo de tu serie favorita) puede aumentar la motivación.
Mismo caso con el “doble corporal”, es decir, realizar tareas en paralelo o en sincronía con otra persona, ya sea de forma virtual o presencial. Actividades tan simples como ver la misma película desde lugares diferentes, hacer videollamada mientras doblan la ropa o realizar home office en una cafetería, fomentan la responsabilidad y la conexión.

Salir al exterior
Algunos de los estudios existentes sobre las causas de la “depresión invernal” sugieren que la falta de luz solar puede afectar los niveles de las moléculas que influyen en la producción de serotonina (conocida como “la hormona de la felicidad”).
Por ello, aunque resulte tentador quedarse en casa, encobijados y en pijama, es crucial pasar tiempo al aire libre y exponerse a la luz natural del día, incluso en los días nublados. Basta con dedicar diez minutos diarios a actividades como una caminata por la cuadra, sentarse en la banca del parque a comer una botana o, incluso, buscar actividades como picnics, salidas con amigos o rodadas ciclistas.
Crear momentos de quietud
Integrar prácticas como el mindfulness (o sea, de atención plena) a la vida diaria pueden reducir el estrés, la depresión y la rumiación mental, mejorando, a su vez, la regulación emocional y la atención. Mismo caso con ejercicios de respiración profunda o meditación.
La ventaja de este tipo de ejercicios, destaca Dolcecore, es que pueden incorporarse en las rutinas diarias, por ejemplo: respirar profundamente cinco veces tras levantarse de la cama; hacer una pausa después de hacer ejercicio o sentarse en silencio en el coche antes de entrar en casa.
De igual manera, si la persona habita con familiares o roomies, tener breves conversaciones para identificar los momentos buenos y malos del día fomentan la reflexión y la gratitud —y, a largo plazo, prevenir el agotamiento emocional durante el invierno.
Otras alternativas sugeridas en una entrevista del Boston Medical Centre al doctor Andrew Clark, Jefe de Psiquiatría para Pacientes Ambulatorios del mismo centro, son:
- Exposición a la luz solar, especialmente a la luz del sol de la mañana.
- Destinar una hora al ejercicio matutino. “El simple hecho de obligarse a levantarse de la cama todas las mañanas, aproximadamente a la misma hora, y estar activo, puede ser algo muy útil”.
- Intentar actividades como el yoga y la meditación para controlar el estrés y el estado de ánimo.
- Levantarse de la cama por la mañana.
- Fototerapia, con consulta previa de un especialista.
Imagen portada: Magnific
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