Segunda vuelta en Brasil bajo la sombra intervencionista de Trump

El reducido margen de diferencia entre Bolsonaro y Lula enciende la discusión sobre el peso de la injerencia extranjera. La policía investiga denuncias; Trump se adjudica victorias.
AguaQuemada

octubre 6, 2026

El anuncio de que la Dirección de Inteligencia de la Policía Federal de Brasil abrió una investigación sobre la posible  intervención de Estados Unidos en el proceso electoral en Brasil, mediante el financiamiento directo de redes y organizaciones para interferir en el debate político con el fin de “desestabilizar y atentar contra la institucionalidad del Poder Judicial brasileño”, se une a una serie de denuncias que acusan actos de injerencia extranjera; publica MILENIO.

En caso de que el 25 de octubre, cuando se celebre la segunda vuelta de la elección presidencial, ganara el favorito del presidente estadunidense Donald Trump, sería la coronación de la ola naranja en el país más grande de América Latina. Solo le faltarían la segunda mayor nación de la región, México, y el conosureño Uruguay.

“Lo que Trump quiere es colonizar a Brasil, llevarse nuestras riquezas, robar nuestro futuro y dejarnos en la ruina”, sostuvo la campaña lulista en un anuncio.

“Es una gran victoria, ajustada, pero una gran victoria, increíble”, celebró Trump el resultado en Brasil, este lunes. 

“Creo que tengo una ganancia de nueve de nueve”, presumió Trump en una reunión del Escudo de las Américas, al margen de la Asamblea General de la ONU. 

“Todos aquellos a quienes apoyé, ganaron. Tuvimos una gran victoria en Colombia, como ustedes saben. Tuvimos una gran victoria en Argentina (eso ya hace un tiempo, en realidad, dos veces) y muchas otras victorias”, dijo aludiendo a su abierta injerencia en los comicios de los países latinoamericanos.

¿sabías que…?

¿Qué es la ‘ola naranja’?

Se trata de un movimiento político llamado así por el tono del piel y cabello característico del promotor de la ‘Doctrina Donroe’ (que toma el «Don» de Donald y renombra a la bicentenaria Doctrina Monroe, que se refiere a la “restauración de la preeminencia estadunidense en el hemisferio occidental”).

La influencia de Trump en la política brasileña

Lula da Silva es uno de los pocos líderes mundiales que se atrevió a desafiar públicamente a Trump, cuando a este lo que le urgen son resultados que mostrar mientras su popularidad cae en picado, a semanas de las elecciones legislativas estadunidenses.

El mandatario hoy busca esas buenas noticias en Brasil, donde nada está cerrado. En un país donde en este siglo ningún candidato presidencial ha obtenido más de la mitad de los votos en la primera vuelta, todas las elecciones se han ido a la segunda ronda, cuatro semanas después.

Siempre ha ganado quien lo logró desde la convocatoria inicial, pero nunca había habido una diferencia tan pequeña entre los primeros y segundos lugares.

En esta contienda la diferencia es de menos de dos puntos porcentuales, con Flávio Bolsonaro aventajando con 47 por ciento a Luiz Inácio Lula da Silva con 45.1 por ciento. 

Su padre, Jair Bolsonaro, en 2022, se quedó cinco puntos por debajo del hoy presidente Lula; no logró remontar en segunda vuelta, pero estuvo cerca.

Por primera vez, Lula da Silva enfrentará el balotaje desde el segundo sitio; en las tres ocasiones anteriores ganó en la primera vuelta y cuatro semanas después ratificó su victoria con 61.4 por ciento en 2002, 60.8 en 2006 y 50.9 en 2022.

En tres procesos electorales en los que Trump se atribuye el éxito, tales victorias tuvieron un margen exiguo de menos de un punto porcentual: 0.27 por ciento en Perú; 0.7 en Honduras, y 0.95 por ciento en Colombia.

El reducido margen de diferencia entre Bolsonaro y Lula ha encendido la discusión sobre el peso de la injerencia extranjera en las elecciones de América Latina. 

El tema es motivo de preocupación para los sectores progresistas, incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, quien alertó ayer que “la derecha internacional sí quiere intervenir” en México, un tema que ha reiterado en varias ocasiones.

La lógica de los analistas es que, si las operaciones estadunidenses logran mover sólo un puñado de votos, Trump podría tener razón en que él ha sido el factor decisivo.

Viejas mañas

La intervención de Washington en la política interna de Brasil no es novedad y ha llegado a tener consecuencias muy graves. En 1962, por ejemplo, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) financió campañas de candidatos contrarios al izquierdista João Goulart en las elecciones presidenciales. A pesar de eso, el político pudo vencer y la agencia emprendió la operación Brother Sam, de apoyo logístico para las fuerzas militares brasileñas que dieron un golpe de Estado en 1964, el cual instauró una dictadura de 21 años.

Gracias a la revelación de documentos confidenciales que realizó el exanalista de la Agencia Nacional de Seguridad, Edward Snowden, se supo que en 2013 montaron el programa de espionaje Black Pearl sobre la presidenta Dilma Roussef y la empresa Petrobras (Petróleo Brasileiro, el Pemex amazónico).

Además, en 2018, Estados Unidos apoyó la investigación Lava Jato sobre corrupción en Odebrecht y otras empresas, que llevó a la cárcel al expresidente Lula, impidiéndole presentarse en las elecciones de ese año, mismas que Jair Bolsonaro ganó con facilidad frente a un candidato débil. Posteriormente, se conocieron grabaciones que probaron que el fiscal había actuado con parcialidad, por lo que el Supremo Tribunal Federal lo sancionó y anuló las condenas contra Lula.

La ofensiva trumpista

Jair Bolsonaro y Donald Trump comparten no sólo posición política, sino que, siendo presidentes, perdieron las votaciones de reelección, se negaron a aceptar los resultados e intentaron revertirlos con golpes de Estado que fracasaron. 

Trump logró evadir su responsabilidad judicial, presentarse de nuevo a elecciones y ganar. Bolsonaro, en cambio, fue condenado a 27 años de prisión e inhabilitado, por lo que su hijo Flávio es ahora el candidato.

Semanas después de la derrota del padre, el hijo menor, el diputado Eduardo Bolsonaro, viajó a Ciudad de México en noviembre de 2022 a participar en la Conferencia de Acción Política Conservadora, donde “destapó” al actor mexicano, Eduardo Verástegui, como aspirante a la presidencia. En video, Trump (quien desde la oposición preparaba su nuevo asalto a la Casa Blanca) y su asesor Steve Bannon respaldaron la inexistente candidatura.

En 2018, Estados Unidos apoyó la investigación Lava Jato sobre corrupción en Odebrecht y otras empresas. (Foto: Especial / MILENIO)

En 2025, Eduardo Bolsonaro se instaló de manera permanente en la Unión Americana para cabildear con políticos republicanos la imposición de sanciones a Brasil y para presionar por la liberación de su padre. 

Se arrogó el crédito de haber convencido a Trump de tomar el caso como bandera: en julio de ese año, el presidente de Estados Unidos exigió al de Brasil cancelar el proceso judicial, impuso sanciones contra el juez que lo llevaba, Alexandre de Moraes, y canceló visas a funcionarios, incluida la de la embajadora brasileña, lo que fue considerado un gesto singularmente agresivo y sin precedente.


Pasos de la estrategia

Estas fueron algunas de las distintas fases, escalonadas, en la nueva etapa de injerencismo estadounidense en el gigante sudamericano:

Primero, en agosto de 2025, una guerra comercial en defensa de Bolsonaro, en la que impuso aranceles de 50 por ciento sobre productos brasileños.

De igual forma, el envío de dos funcionarios del Departamento de Estado a Brasil para “evaluar la integridad electoral”. Brasil rechazó su ingreso.

La designación de las organizaciones criminales Primeiro Comando da Capital, y Comando Vermelho, como “organizaciones narcoterroristas”, tras gestiones de Flávio Bolsonaro, también entran en la conversación. 

Estos grupos trafican hacia Europa, no Estados Unidos, por lo que se consideró que el movimiento no servía para evitar el contrabando a ese país. Lula advirtió que esto abriría la puerta a una intervención militar, mientras que Bolsonaro aprovechó el asunto como uno de sus principales temas de campaña, acusando a Lula de debilidad.

Si bien Trump estableció conversaciones con Lula y anunció el retiro de los aranceles, en julio de 2026 volvió a imponer un 25 por ciento, a lo que Brasil fue recíproco con la misma tasa.

En 1962, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) financió campañas de candidatos contrarios al izquierdista João Goulart. (Foto: Comisión de Amnistía de Brasil)

En septiembre pasado, el diario Folha de São Paulo reveló documentos sobre Rockbridge Network, un grupo de capital riesgo creado por el vicepresidente J. D. Vance, Donald Trump Jr. y el dueño de Palantir Peter Thiel, con interés en tierras raras (minerales estratégicos para la industria tecnológica de los que Brasil tiene la segunda mayor reserva del mundo) y el sector energético, que apoyaría la campaña de Bolsonaro.

La red respondió que el proyecto nunca funcionó. El acceso privilegiado a las tierras raras y a los minerales críticos de Brasil fue una de las condiciones que Washington impuso a cambio de no aplicar aranceles, algo que Lula rechazó. Bolsonaro, por el contrario, ha ofrecido esos recursos naturales como la “solución” para ayudar a Estados Unidos a “romper su dependencia de China”.

Apenas el 30 de septiembre, el diario británico The Guardian reveló que la administración Trump presionaba para destinar más de 175 millones de dólares del fondo insignia de derechos humanos del Departamento de Estado a una serie de subvenciones, que incluye un fondo anticomunista y una campaña contra el Tribunal Supremo de Brasil.

Esta es la denuncia que ahora será investigada por la Policía Federal. Pero no se espera que eso disuada a Washington de seguir interfiriendo para mantener y, si es posible, aumentar la ventaja de Bolsonaro e imponerse sobre la mayor parte de América Latina.

Imagen portada: Archivo

https://www.milenio.com/internacional/brasil-va-a-segunda-vuelta-bajo-la-presion-intervencionista-de-trump

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

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