Poncho Gutiérrez en el Laboratorio Loret

Lo suyo es el amarillismo, el relajo, nunca la revolución de las conciencias y la revolución de la vida cotidiana. Arlequines del entretenimiento, del espectáculo, asumen que sus audiencias son estúpidas. Se dicen de izquierda, pero su función es de derecha.
AguaQuemada

octubre 17, 2025

Por José Jaime Ruiz

@espejonegromx

@aguaquemadamx

Amarillos no se ponen, amarillo es su color. La degradación de la información deviene en montaje y cuenta con un gurú: Carlos Loret de Mola. La enfermedad infantil del amarillismo en el “cuatroteísmo”. Si en algún laboratorio Poncho Gutiérrez aprendió a realizar “experimentos” fue en el de Loret. Impostor e impostura. Los influencers se venden como periodistas, no lo son: “Convertir la información en un instrumento de diversión es abrir poco a poco las puertas de la legitimidad a lo que, antes, se refugiaba en un periodismo marginal y casi clandestino: el escándalo, la infidencia, el chisme, la violación de la privacidad, cuando no –en los casos peores– al libelo, la calumnia y el infundio” (La civilización del espectáculo. Mario Vargas Llosa).

Ni siquiera en términos sociológicos, el montaje de Poncho Gutiérrez fue un “experimento”. Ya decía Guy Debord en La sociedad del espectáculo que en “el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso”. Su montaje no quiso demostrar una hipótesis porque las hipótesis son a priori, nunca a posteriori. ¿Qué «demostró» Poncho? Lo que todo mundo sabe, que los comportamientos digitales poco tienen que ver con la concientización, con el pensamiento lógico, por el contrario, de lo que se trata es de engañar al prójimo. Por eso, en un libro reciente, Juan Villoro apunta: “La verdad no ha dejado de ser revolucionaria. El problema es que se localiza en una esfera que importa cada vez menos: la realidad” (No soy un robot)

No sé si consustancial al mexicano, pero el relajo nos viene desde hace mucho. La banalidad estereotipada, la frivolidad y “el hambre de diversión” le gana la batalla al rigor, la seriedad, la precisión, la evidencia. Hace casi cincuenta años se publicó Fenomenología del relajo de Jorge Portilla: “Siguiendo el hilo conductor de la expresión ‘echar relajo’ puede decirse que en soledad no hay ‘donde’ echarlo. El espacio existencial donde el relajo ‘se echa’ está acotado por la comunidad de los presentes. Hay en él una doble intencionalidad: está constituido por mi desolidarización como por mi intención de comprometer a los demás en ella creando un ámbito común de desapego frente al valor. (…) La función expresiva del cuerpo, asumida en la intencionalidad activa del relajo, permite que la acción constituyente del mismo sea una pura mímica. El ejemplo más perfecto de esta función activa de la expresividad corpórea es la total supresión de la seriedad que se manifiesta en ciertas actitudes de Mario Moreno” (Cantinflas).

Nuestros influencers, por su propia condición, propagan lo que Morena y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en La Mañanera les “dictan” o lo que en su pleitesía creen que les dictan. Esos personajes, por su comportamiento y actitud, poco favorecen a la Cuarta Transformación de la vida pública del país, lo suyo es el amarillismo, el relajo, nunca la revolución de las conciencias y la revolución de la vida cotidiana. Arlequines del entretenimiento, del espectáculo, asumen que sus audiencias son estúpidas. Se dicen de izquierda, pero su función es de derecha. Acríticos, iletrados, van silbando por las redes digitales su mediocridad.

(Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe, Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”, Manual del imperfecto políticoCaldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural Posdata y de Posdata Editores. Dirige aguaquemada.mx y www.lostubos.com.)


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// José Jaime Ruiz

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