Por José Jaime Ruiz
Del cambio de gobierno a la toma del poder, Claudia Sheinbaum Pardo con el Grito del Zócalo legitima su condición de presidenta y chamana, feminista y abuela, hija, madre, hermana, compañera porque al tocar la campana de la patria hace matria (María Zambrano). El símbolo doble: la banda presidencial y la indumentaria morada, investidura y vestido. Trascender el rito patriarcal y encarnar la condición femenina, tiempo de mujeres; por fortuna, llegaron todas.
Del Zócalo simbólico del Grito al Zócalo político dentro de dos semanas cuando, estadista, dé su primer informe de gobierno ante una plaza, otra vez, pletórica. El simbolismo de la arenga como un canto de reivindicación feminista. Redefinición de la fiesta y el espectáculo del nuevo nacionalismo de la igualdad donde la multitud aplaude y disfruta de su nueva condición cívica emancipada. El nuevo régimen se inaugura desde el Balcón del Grito y desde la empatía de una plancha festiva y combativa: “Luego de haber señalado las diferencias, conviene reparar en lo que en esencia se ha mantenido en el universo político, y las contradicciones que resultan de ello. La escenografía política, la producción de imágenes y efectos, los procedimientos que permiten transitar al estado de detentador de poder continúan siendo necesarios. La carga simbólica de la función soberana debe ser conservada, por mucho que se prodiguen las apariencias de índole técnica” (El poder en escena.De la representación del poder al poder de la representación. Georges Balandier, Paidós).
Significante y significado, en Claudia el objeto (vestimenta morada) se trasfigura en sujeto, en símbolo de la mujer liberada de sus ataduras como propiedad: nunca más Josefa Ortiz “de Domínguez”; heroínas en igualdad, a la altura de los héroes: María Manuela Molina, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra; escolta de cadetes mujeres durante la ceremonia; una mano empuñando nuestra bandera, la otra reposando suave en la mano del doctor José María Tarriba; concentración cívica y, un día después, el desfile militar frente a la Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas: “El pueblo de México bajo ninguna circunstancia aceptará intervenciones, intromisiones, o cualquier otro acto desde el extranjero, que sea lesivo de su integridad, independencia y soberanía de la nación; tales como golpes de estado, injerencia en elecciones o la violación del territorio mexicano, sea por tierra, agua, mar o espacio aéreo”.
En la teología de las multitudes (Monsiváis) hay que acreditar de inmediato la vocación mayoritaria. Así Sheinbaum en la toma de poder simbólico con las nupcias de la estadística (75% de aprobación) y la entrega de cientos de miles en el Zócalo: “¡Presidenta! ¡Presidenta!”. Poderosa Claudia y ciudadanía poderosa (“las naciones, vastos seres colectivos”, Baudelaire). Claudia y pueblo: la íntima estridencia trocada en una inmensidad sonora.


