Por Joaquín Hurtado
Desde muy pequeño duermo con una pistola cargada bajo la almohada y un libro hermoso en el buró.
Mi abuelo heredó sus libros y armas a mi abuela, ella se las dio a mi padre. Este a su vez puso una escuadra en mis manos con una Odisea, y una orden escrita en latín: estudia, sé disciplinado.
Y ahora yo con hartas ganas de matarme.
No deseo morir por mis pistolas, obvio, sino por disciplina literaria.
Matarse por una y mil exigentes disciplinas es un hábito mental muy saludable, se debe practicar de manera constante.
Los expertos de Harvard lo recomiendan al menos una vez al día.
Los traumas vuelven a estar de moda.
La pistola cargada sirve por si acaso. Aquí el punto es quitarse en el momento preciso. De por sí matar es complicado, hacerlo deoquis sería absurdo.
Matarse trabajando. Por ejemplo. Es una forma muy productiva de automatarnos. Trabajar significa urdir una mortaja hiperlógica en el vacío. Ganar premios, viajar, publicar, amasar fama y fortuna; aniquilan con honor y gloria, pero nada significan.
Me leo un poema analógico cada noche.
Besito en la frente, que sueñes.
Al apagar las luces meto la mano bajo la almohada, me aseguro de su calibre. El mundo gira sereno. Tentada la escuadra, dibujo mentalmente un general; corría tras los enemigos de mi bandera, disparaba a discreción.
Sueño venganzas dulces y felices.
La pistola ayuda mucho para conciliar la pesadilla. Papi dormía con una, mami también. El tío Lolo y el bebé de la prima Libertad, cada uno con su revólver disciplinario.
Somos la familia más culta y pacífica de la colonia. Suicidarse no está en nuestros planes. Matarse sí. Veamos.
Enseño Literatura. Me mato diariamente en torno a un poema. Uno solo. El trabajo me consume literaria y literalmente. Es muy difícil trasmitir la pasión por las letras explosivas en la era de la hipocresía política, de la violencia banal. Acaba uno fulminado si lo das todo por una imagen escatológica de la guerra de Troya. Qué remedio, te fusilan.
Mis alumnos están reprobados. Lo siento. La Inteligencia Artificial realizó sus trabajos finales. La tesis, Apocalipsis woke pacifista.
Esto me mata. ¿Para qué una pistola?



