AMLO: el Oráculo de Palenque

Su reaparición es una maniobra de política preventiva de alto calado: México no será el patio trasero donde Trump venga a sacudirse el polvo de sus derrotas en el Estrecho de Ormuz. AMLO le recuerda al mundo que México tiene una tradición de resistencia que se remonta a Lázaro Cárdenas.
AguaQuemada

marzo 16, 2026

Por María Beasain

“No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra”. Con esta sentencia del general Lázaro Cárdenas, lanzada originalmente frente a la agresión en Playa Girón, el expresidente Andrés Manuel López Obrador interrumpió el silencio de sus cuarteles de invierno en Palenque para recordarnos que, en la geopolítica del Humanismo Mexicano, no existen los retiros absolutos, sino las pausas estratégicas.

A primera vista, para la comentocracia que habita en el hígado de la indignación —esos que Leo Zuckermann lidera con su alergia crónica a lo que llama “malditas dictaduras”—, el llamado de López Obrador a botear” por Cuba no es más que una necedad ideológica o una distracción mediática. Sin embargo, bajo el rigor del análisis de fondo, la reaparición del tabasqueño no es un arranque de nostalgia revolucionaria, sino una maniobra de política preventiva de alto calado.

Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum navega las procelosas aguas de la revisión del T-MEC con una firmeza que Donald Trump intenta suavizar con halagos a su “voz hermosa” —una condescendencia que raya en lo caricaturesco—, el expresidente ha decidido colocar un escudo ideológico sobre el Caribe. La hipótesis es tan clara como inquietante: ante la falta de una victoria contundente en el pantano de Medio Oriente y el estancamiento de su guerra contra Irán, Trump ha decidido voltear el cañón hacia este hemisferio.

El relanzamiento de la Doctrina Monroe, rebautizada como el Escudo de las Américas, es el síntoma de un Washington frustrado. Al excluir a México de esta coalición militar y calificarlo como el “epicentro” de la violencia narco, Trump está preparando el terreno para una intervención que la soberanía mexicana no puede permitirse. Aquí es donde el post de AMLO cobra sentido: al reafirmar la alianza con Cuba, López Obrador no solo ayuda a una isla en tinieblas, le está diciendo a los halcones de la Casa Blanca que México no será el patio trasero donde Trump venga a sacudirse el polvo de sus derrotas en el Estrecho de Ormuz.

Es un apoyo implícito, pero contundente, a la postura de Sheinbaum. Mientras ella sostiene en Nayarit que “la soberanía no se negocia” y cierra la puerta a los misiles estadounidenses contra los cárteles, López Obrador moviliza el capital social para blindar el flanco caribeño: Sheinbaum negocia aranceles y fentanilo con rigor técnico, mientras AMLO le recuerda al mundo que México tiene una tradición de resistencia que se remonta a Lázaro Cárdenas.

La ironía es deliciosa: la oposición se desgarra las vestiduras por la rapidez con la que el SAT autorizó una asociación civil —Humanidad con América Latina—, mientras ignoran que el verdadero huachicol está en la intención de Trump de usar la fuerza militar letal en nuestro territorio. AMLO rompe su retiro para visibilizar un castigo colectivo inhumano, pero también para recordarnos que, si Cuba cae bajo la bota de la asfixia total, la siguiente parada en la agenda de “limpieza” de Trump será, inevitablemente, el sur del Bravo.

En este ajedrez, la ayuda a Cuba es el peón que protege a la reina. Trump busca en los cárteles mexicanos y en el régimen de La Habana la victoria que Teherán le ha negado. Pero se topa con una presidenta que no se dobla ante sus imitaciones de voz y con un antecesor que, desde su retiro en Chiapas, sigue sabiendo que, en política, el respeto al derecho ajeno es la paz, pero la solidaridad es la mejor defensa contra los halcones que confunden vecindad con vasallaje.

Fuente:

// Medios / IA / HeyGen

Vía / Autor

// Staff

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