Por José Jaime Ruiz
No lo vieron venir, el golpe es demoledor y destruye cualquier narrativa del conservadurismo, de la derecha. La Cuarta Transformación de la vida pública del país cambió el paradigma neoliberal de la preponderancia macroeconómica con una simple y profunda frase: Primero los pobres. Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo se impusieron con un modelo híbrido de economía moral, es decir, la prosperidad compartida.
Encabezados por Roger Bartra, los intelectuales orgánicos de la derecha calificaron a López Obrador como “retropopulista”, un regreso a Luis Echeverría y José López Portillo. Su oráculo se “desbieló”, a nada le aciertan. Para el politólogo francés Alain Rouquié, AMLO “es posneoliberal, lo que significa que es neoliberal porque no hay de otra. Ser posneoliberal es aceptar algunas cosas que no puede cambiar y cambiar las que puede”. La pobreza, por ejemplo. La hazaña documentada por el INEGI sorprende. Los grandes relatos del neoliberalismo, como el de la inflación y el salario mínimo, fueron reventados por las cifras y por la realidad. México es menos pobre en la 4T que en los sexenios populistas del PRI y los sexenios neoliberales del PRIAN.
El milagro mexicano trasciende el desarrollo estabilizador de Antonio Ortiz Mena y cumple lo que Carlos Fuentes le exigía al sistema político mexicano: desarrollo económico con democracia y justicia social. Yo no sé si la niña Claudia Sheinbaum Pardo se topó alguna vez con José Revueltas, encarcelado en Lecumberri (a quien Octavio Paz consideró uno de los hombres más puros de México). Pepe Revueltas escribió un texto fundamental e histórico “Ensayo sobre un proletariado sin cabeza”. Después de tantos años de lucha de la izquierda, el nuevo proletariado mexicano, los pobres, tienen cabeza y la derecha y sus intereses oligárquicos están noqueados.




