A pesar de provenir de mundos opuestos, Troy Brennan (Ryan Reynolds), un piloto de élite de la Marina estadunidense, y Nikolai Ustinov (Kenneth Branagh), un exagente de la KGB, se ven obligados a trabajar juntos en Mayday, película que hoy llega a Apple Tv+; publica MILENIO.
Ambientada en 1987, en plena Guerra Fría, la historia arranca cuando Troy es derribado durante una misión secreta sobre territorio ruso y despierta en una cabaña aislada de Siberia, donde ha sido rescatado por Nikolai, un ermitaño fascinado con la cultura estadunidense y fanático de Top Gun. Al descubrir que su salvador fue agente de la KGB, Troy intenta escapar, pero las circunstancias terminan obligando a ambos a huir juntos hacia Moscú y, poco a poco, a depender el uno del otro.
Es precisamente esa alianza forzada entre dos hombres de bandos opuestos la que da a la cinta una resonancia actual, en una época en que la polarización puede llevarnos a ver como “enemigo” a quien piensa distinto.
“Troy descubre que es un hombre de la KGB, con un secreto y un pasado que están a punto de alcanzarlo. Ahora están dentro de este thriller de alto riesgo que los lleva a través de un paisaje épico; para sobrevivir tienen que abrirse y mostrar quiénes son. La parte de vida o muerte demuestra que ya no es posible mantener posiciones extremas. Frente a la polarización tienes que empezar a habitar lo que algunos llamarían una ‘zona gris’, donde la pregunta deja de ser: ‘¿Estás conmigo o estás contra mí?’, para convertirse en: ‘¿Cómo podemos entendernos?’. Eso se vuelve una parte hermosa de la esencia de la historia”, compartió Branagh en conferencia de prensa mundial.
La huella de Top Gun
La película fue escrita y dirigida por John Francis Daley y Jonathan Goldstein, quienes comenzaron a desarrollar la idea tras ver Top Gun: Maverick. Mayday recupera el estilo narrativo de los thrillers políticos y de espionaje de los años 80, pero los transforma en una buddy comedy, o, como sus creadores la definieron, ‘una comedia filmada como un thriller’.
“Evocaron el mundo de una película como Midnight Run, de la que puedes recordar las secuencias de acción y los grandes momentos, pero lo que finalmente te llevas es la dulzura y la ternura de la relación entre los personajes de Robert De Niro y Charles Grodin. Aquí ese reconocimiento comienza de manera cómica con el interés de Nikolai por Top Gun y todo lo relacionado con la cultura estadunidense, pero detrás hay preguntas muy reales”, explicó Branagh
Para el actor y director británico, el gusto de su personaje por Top Gun también representa la imagen de libertad, poder y modernidad que Estados Unidos proyectaba hacia el exterior durante una época marcada por la confrontación entre las dos grandes potencias.
“Después de pasar por la intensidad de la Guerra Fría, la crisis de los misiles en Cuba, la carrera espacial y todas esas cosas que implicaban una competencia entre Rusia y Estados Unidos, una película como Top Gun ejemplificaba cierto deslumbramiento: una celebración de la velocidad, el futbol americano, el poder masculino y una especie de dominio brillante que podía englobarse bajo la palabra ‘libertad’. Supongo que ambos países representaban polos completamente opuestos. Para mí, el espacio para la libertad es lo que Estados Unidos y el sueño americano representan”, apuntó.
Y el guiño a la década se extiende también a la música, con temas como «Jump», «Danger Zone», «Dancing in the Dark» y «Downbound Train».
Cuando el humor derriba barreras
Para Branagh, el humor no sólo puede aligerar una historia ambientada en un conflicto político de enormes dimensiones, sino que permite que los personajes bajen sus defensas y encuentren aquello que comparten.
“La vida suele ser tan desafiante y sorprendente que tener un sentido vivo del absurdo, como mecanismo para sobrellevar las cosas y como una manera de enfrentarse a lo inesperado, resulta muy valioso. Y empezamos a ver cómo eso surge entre Troy y Nik y ayuda a construir su amistad: poco a poco descubren que comparten una mirada humana sobre el mundo, y el humor, es la señal más rápida para llegar a ella”, consideró el actor.
De hecho, algunas de las situaciones más difíciles de filmar fueron precisamente aquellas en las que la tensión y el absurdo se mezclaban, como una escena en la que Nikolai y Troy terminan muy pegados el uno al otro.
“Esa escena fue particularmente difícil. Estábamos tan físicamente cerca que ya de entrada era ridículo, muy, muy ridículo, y al mismo tiempo muy divertido estar atrapados así. Los directores nos pusieron en esa situación para que sintiéramos en carne propia el susto de saber que, justo al otro lado de la puerta, estaba un temido oligarca, su amante y, para colmo del enredo, la llegada de su esposa.
“Si alguna vez te encontraras dentro de un armario observando algo así, imaginarías que sería un momento bastante difícil de soportar sin respirar, y en el set ocurrió justo eso. Ryan me dijo: ‘Dios mío, estás más cerca de mí que mi ropa interior’. Susurrarle al oído también lo hacía reír”, recordó Branagh.
La tensión y lo reducido del espacio funcionaron sin duda para la comedia, aunque filmar ese momento, recordó el actor, fue muy difícil.
“Yo tuve que pensar en cosas oscuras, morderme la parte interior del labio y simplemente hacer que los directores aceptaran que las lágrimas iban a rodar por mi cara. Ya podrían arreglarlo luego con efectos visuales”, añadió entre risas.

El cine que formó a Branagh
Antes de convertirse en actor y director, Branagh dijo haber encontrado en el cine estadunidense una ventana hacia un mundo que le parecía enorme, mítico y lleno de posibilidades. Entre sus principales influencias recordó los westerns, las películas de John Wayne y los grandes paisajes que el género convirtió en parte de su iconografía.
“Los westerns estadunidenses, para mí, presentaban imágenes de una especie de tierra de oportunidades, pero también de un paisaje mítico en el que se planteaban cuestiones morales importantes”, relató.
“La huella de Monument Valley en la construcción de las imágenes del cine estadunidense tuvo un enorme impacto en mí. Las películas de Wayne y esa tierra representada como un espacio gigantesco, en el que pequeñas historias humanas adquirían una resonancia épica, dejaron una huella enorme en mi imaginación”.
La influencia fue tal, que Branagh recuperó uno de esos clásicos en Belfast, su película semiautobiográfica de 2021, que recibió siete nominaciones al Oscar y seis a los premios BAFTA.
“En Belfast incluimos un fragmento de High Noon, una cinta de Fred Zinnemann en blanco y negro con Gary Cooper, sobre un sheriff que podría dejarse intimidar y abandonar un pueblo ante la llegada de un grupo que quiere liberar a un hombre que tiene encarcelado. ¿Se queda? ¿Se va? ¿Permanecerá ahí cuando lleguen los malos?”, detalló.
Y aunque lleva décadas alternando entre el cine de autor, las grandes producciones de Hollywood, el teatro y la dirección, Branagh aseguró que sigue asistiendo con frecuencia las salas de cine.
“Me encantó Game Night. Me encantó Dungeons & Dragons. Voy al cine todas las semanas y veo todo lo que puedo. Creo que una de las cosas más difíciles de hacer es entretenimiento popular con sustancia, pero realizado con ligereza, y estos son ejemplos realmente impresionantes de cómo conseguirlo”, concluyó.

Datos curiosos
Para Branagh, Mayday significó su mayor incursión hasta ahora en el cine de acción contemporáneo, para la que llegó semanas antes del rodaje a entrenar las coreografías, que describió como una especie de “ballet violento”.
Para recrear la Unión Soviética de 1987, el equipo investigó cerca de 500 locaciones y terminó utilizando sólo 10, además de conseguir materiales y utilería de distintos puntos de Europa del Este.
Budapest hizo las veces de Moscú y la Plaza de los Héroes se transformó en la Plaza Roja para un desfile con más de mil extras, tanques y lanzamisiles.
Los realizadores privilegiaron los efectos prácticos siempre que fue posible, buscando recuperar la sensación física de las películas de acción de los años ochenta y manteniendo el peligro creíble incluso dentro de las situaciones cómicas.
Para las grandes secuencias aéreas, la producción consultó a pilotos de la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos, además de dos antiguos pilotos del SR-71 Blackbird, que ya rondaban los 80 años durante el rodaje.
En la gran pelea dentro del avión se construyó una estructura capaz de girar la cabina 180 grados, mientras Branagh y Marcin Dorociński (quien interpreta a Alexander Volkov) eran suspendidos con cables para crear un efecto de gravedad cero.
Imagen portada: Especial / MILENIO


