Por José Jaime Ruiz
“El Reforma publicó fotografías del momento del acoso; eso me revictimiza. Me sentí vulnerable. Es algo que no debe pasar, especialmente viniendo de un medio de comunicación”, expresó la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la Mañanera del miércoles 5 de noviembre. También mencionó: “Eso rebasa todos los límites; espero al menos una disculpa, no por mí, sino por respeto a las mujeres mexicanas”.
La violencia mediática del periódico de Alejandro Junco de la Vega fue acompañada con fotografías fuera de toda ética periodística. La nota firmada por la reportera Natalia Vitela expone: “Sin que ningún integrante de la Ayudantía Presidencial interviniera a tiempo, la Presidenta Claudia Sheinbaum sufrió el acoso de un hombre cuando caminaba por la calle de Argentina, en el Centro Histórico de la CDMX, en un recorrido de Palacio Nacional hacia la SEP.
“Un sujeto se acercó, intentó besarla en el cuello y luego la abrazó por la espalda sobre su pecho. Fue el momento en que ella reaccionó y le bajó las manos. Hasta entonces, Juan José Ramírez, jefe del equipo de Ayudantía se interpuso.
“AMLO desapareció al Estado Mayor que protegía a los Presidentes y, en su lugar, creó la Ayudantía encabezada por ‘Las Gacelas’. Ayer Sheinbaum caminaba sin resguardo.
“Anoche se informó que fue detenido un hombre identificado como Uriel Rivera, por parte de la Fiscalía de Delitos Sexuales de la Ciudad de México, señalado de ser el agresor”.
¿Por qué la nota es violenta?
Existen lineamientos y principios básicos para cubrir acoso y violencia sexual desde el periodismo: no revictimizar, no culpabilizar, no espectacularizar. Se tiene que evitar el morbo, los detalles sexuales, las descripciones del cuerpo. La regla madre es no sugerir en ningún momento que la responsabilidad es de la víctima. Nunca se trata de un “acercamiento inapropiado”, es acoso, coerción, violencia sexual; no se publican fotos, no se exponen en redes sociales. Si una mujer denuncia violencia sexual, no es un escándalo. Es un delito. Y si un medio lo cubre como chisme, se vuelve cómplice. Hay que hacer periodismo, no relaciones públicas del patriarcado.
Reforma sin ética periodística
La nota desplaza el foco: el hecho central es una agresión sexual en vía pública. La cobertura de Reforma lo transforma en una crítica operativa a la Ayudantía y a la desaparición del Estado Mayor Presidencial. Esto es una falacia periodística por desplazamiento del centro del daño. El evento no es: “Falló la seguridad”. El evento sí es: “Un hombre agredió sexualmente a la presidenta de México en espacio público”. Esto no es un matiz: es el núcleo ético. Cuando el periódico de Alejandro Junco relativiza la agresión para convertirla en disputa política, lo que hace es despolitizar el cuerpo agredido y politizar la violencia sufrida. Eso es revictimización simbólica.
Al usar un lenguaje que normaliza la agresión, Reforma usa expresiones como: “sufrió el acoso de un hombre”, pero describe en realidad invasión corporal, contacto no consentido, intento de beso, sujeción física por la espalda. Ese acto, de acuerdo con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, no es “acoso”, es agresión sexual. Acoso = persecución, insinuación, hostigamiento. Agresión = contacto físico sexual no consentido. Al nombrar menos de lo que ocurrió, el periódico minimiza el daño, reduce la gravedad, transforma la violencia sexual en “incidente”. Esto constituye una violencia mediática por minimización, reconocida en la jurisprudencia mexicana reciente.
Reforma agregó fotos que podrían vulnerar la dignidad de la presidenta. Esto es clave. Las fotografías muestran el momento de la invasión corporal, el cuerpo de la presidenta capturado y sometido por el agresor sin edición que proteja la dignidad, sin advertencia, sin desenfoque, sin focalizar la conducta del agresor, sino el cuerpo de la víctima. ¿Qué efecto produce? Convertir el momento de violencia en objeto de consumo visual, repetir el acto de invasión, ahora mediática, reproducir el daño, no solo narrarlo. Esto se llama revictimización iconográfica.
¿Qué debió hacerse? Usar foto de instante posterior, cuando Sheinbaum marca límite o foto institucional neutral y digna o ilustración, no captura del momento de sometimiento. La víctima nunca debe ser mostrada en el momento exacto en que se la violenta, esto es un principio básico de cobertura de violencia sexual (Fundación Gabo, UNESCO, ARTICLE 19, ONU Mujeres).
También existe en la cobertura de Reforma una inserción política como manipulación narrativa. La nota incluye: “AMLO desapareció al Estado Mayor…”. Esa frase es editorialización dentro de la nota informativa. No describe: interpreta. No reporta: imputa responsabilidad política. Lo hace, además, antes de nombrar la detención del agresor, lo que revela la jerarquía editorial ya que prioriza una responsabilidad indirecta del gobierno sobre responsabilidad directa del agresor. Eso es distorsión de eje causal. La conclusión es que el medio de Alejandro Junco no cubrió el hecho como violencia sexual, sino como argumento político. Ese es el error ético central porque convierte la agresión en mercancía visual.
Quien convierte la violencia en mercancía, participa de ella, la amplifica, la circula, la normaliza. Quien minimiza la agresión es cómplice. Quien desplaza el foco hacia la seguridad para no nombrar el abuso, es cómplice. Quien publica imágenes del cuerpo violentado para ganar clics, es cómplice. Quien pretende hacer pasar todo esto como “información” está mintiendo. La noticia no era la Ayudantía. La noticia no era la configuración de la escolta presidencial. La noticia no es la herencia del Estado Mayor Presidencial. La noticia es que un hombre agredió sexualmente a la presidenta de México.



