José Iturriaga impulsa la venta directa del arte popular, sin intermediarios ni regateo

El exdirector de Culturas Populares participó como conferencista en la tercera edición de la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano.
AguaQuemada

septiembre 29, 2026

El arte popular es una práctica que continúa transformándose en las manos de sus comunidades y representa memoria, cultura y tradición que deben preservarse; publica MILENIO.

Reconocer el valor de los saberes tradicionales es una forma de garantizar las condiciones dignas de las maestras y los maestros artesanos, garantizando condiciones dignas para quienes los producen, evitando el regateo y fomentando así el respeto a su trabajo, dijo José Iturriaga al participar como conferencista en la tercera edición de la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano, desarrollada del 24 al 27 de septiembre en la Hacienda Henequenera de Parque Xcaret.

El arte popular, aseguró el especialista, representa un conocimiento vivo, como lo dejó ver la feria que reunió a maestras y maestros artesanos de distintas regiones del país, en un encuentro que busca acercar sus obras al público y favorecer la venta directa sin intermediarios ni regateo.

En ese contexto, MILENIO tuvo una conversación con José Iturriaga, quien de 1995 a 2000 fue director de Culturas Populares en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), donde implementó el Programa Nacional de Biodiversidad y Cultura Popular. Además, creó y editó la colección de “Recetarios Indígenas y Populares de México”, y la de “Recetarios Antiguos de México”. Dirigió y publicó el mapa de la diversidad cultural de México y el de las cocinas regionales. Es decir, durante décadas ha estudiado y promovido el patrimonio cultural mexicano, el cual, cada vez adquiere una particular relevancia.

Subrayó que el arte popular mexicano sigue siendo accesible y útil en la vida cotidiana, incluso en hogares modestos, por ello considera que reconocer el arte popular mexicano como patrimonio inmaterial de la UNESCO sería posible, aunque implicaría un planteamiento teórico riguroso y trabajo de equipo académico.

—¿Se reconoce el arte popular como patrimonio cultural?

Sí, hay una revaloración contemporánea del patrimonio cultural. La UNESCO comenzó a contemplar la trascendencia del patrimonio material, reconociendo también el patrimonio inmaterial hace unas dos décadas, lo que ha impulsado aspectos como la cocina tradicional y el arte popular, que combinan dimensiones materiales e inmateriales.

Con ello empezó a contemplar además de monumentos, edificios o vestigios, también saberes, prácticas, celebraciones y formas de vida.

Una pieza puede ser tangible, como una vasija, un bordado, un molcajete o una escoba de varas, pero detrás de ella existe una historia mucho más profunda.

Podremos tener una pieza maravillosa en nuestras manos y no vemos a primera vista que detrás de esa maravilla pueda haber 200, 300 o 500 años de tradiciones.

—¿En México se compra arte popular?

Sí, afortunadamente, se sigue comprando arte popular porque es accesible en los hogares del campo y de las ciudades todavía pueden encontrarse chiquihuites tejidos con fibras vegetales para guardar las tortillas, servilletas bordadas, cazuelas, cucharas de madera y molcajetes.

De la estrecha relación entre la creación y la vida cotidiana no hay duda, por ello, lejos de disminuir su valor artístico, revela y aumenta su utilidad

Un molcajete empleado para preparar la salsa del día no deja de ser una pieza hermosa por cumplir una función práctica.

Hay que realizar una diferencia entre una obra elaborada para un concurso o una colección que puede estar en su carácter único, en la complejidad de su diseño o en su destino, y la que se elabora para uso del día.

Son las mismas manos de artistas las que hacen lo utilitario y las piezas únicas para fines de ornato. La Feria de Xcaret parte justamente de esa premisa: reconocer el trabajo artesanal como una expresión artística, cultural y económica, y permitir que sus protagonistas establezcan un contacto directo con quienes valoran y adquieren sus piezas.

—Si la cocina tradicional mexicana fue reconocida por la UNESCO, ¿podría ocurrir lo mismo con el arte popular?

La respuesta no es sencilla, pero tampoco se cierra la puerta para obtener ese reconocimiento, aunque sí se necesitaría hacer un planteamiento teórico muy fundamentado.

Lo digo como quien participó en el proceso que condujo a la inscripción de la cocina tradicional mexicana en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, aprobada en 2010. Recuerdo que hubo un primer intento fallido en 2005, cuando todavía no se contaba con el marco teórico adecuado derivado de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.

Para el arte popular mexicano, el desafío sería todavía mayor. La diversidad de técnicas, materiales, regiones y comunidades exige una investigación amplia, rigurosa y colectiva. Hay que buscar fundamentos teóricos que permitan considerarlo como un todo. Es muy difícil, pero ahí está el reto.

A punto de cumplir 80 años, ya no me correspondería encabezar un proyecto de esa magnitud, aunque sí puedo dejar sembrada la inquietud. Para esa tarea se tendría que involucrar a jóvenes investigadores, universidades y academias.

Se necesitaría un estudio muy concienzudo, y no de una persona, sino de un equipo integrado por estudiantes y docentes capaces de documentar técnicas, contextos comunitarios, formas de transmisión y transformaciones del arte popular en todo el país.

—¿La discriminación todavía persiste?

Así es, por eso considero que la defensa del patrimonio no depende solamente de declaratorias, investigaciones o exposiciones. También exige revisar la manera en que la sociedad mira a quienes producen ese patrimonio.

Uno de los principales obstáculos para la valoración plena del arte popular mexicano, es la discriminación racial.

Por más que la discriminación racial en México no sea sanguinaria como en Estados Unidos o como en Europa, sí hay discriminación racial que nos afecta como sociedad.

No basta con comprar una artesanía. También es necesario reconocer la dignidad, la creatividad y la historia de quien la produce.

La feria apuesta por ese encuentro directo entre creadoras, creadores y público. Este año participaron alrededor de 146 maestras y maestros artesanos provenientes de diversos estados del país, quienes exhibieron y comercializaron sus obras en un espacio pensado para fortalecer sus oficios y acercarlos a nuevas generaciones.

Imagen portada: Especial / MILENIO

https://www.milenio.com/cultura/necesario-reconocer-dignidad-artesanos-jose-iturriaga

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

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