¡Mamá, sal, corre, corre! El grito de su hija hizo que María de la Luz dejara de lavar, jalara la puerta de su casa y huyera con su familia hacia la parte alta de Jalatlaco. No hubo tiempo de sacar ropa, documentos ni pertenencias. Minutos después, una explosión en la gasera ubicada junto a su vivienda sacudió la colonia Loma Bonita, en Coacalco, Estado de México; publica MILENIO.
Atrás quedaron las motocicletas de sus hijos, las camas, las cobijas, la ropa y hasta una pequeña tienda de abarrotes que sostenía parte de la economía familiar. Pero María de la Luz tiene claro que pudieron perder mucho más.
“Gracias a Dios no nos tocó que hayamos lamentado una pérdida de nuestros hijos, ni nietos, no, ni lo mande Dios”, relató.
La emergencia ocurrió minutos antes de las nueve de la mañana, cuando una fuga de gas en una pipa provocó una deflagración dentro de una estación de carburación ubicada sobre la calle Jalatlaco, en San Francisco Coacalco.
Una persona resultó lesionada y 200 personas fueron evacuadas
El saldo fue de una persona con quemaduras leves, más de 200 habitantes evacuados y al menos tres viviendas con daños estructurales. En el establecimiento se encontraban dos pipas con capacidad de 40 mil litros cada una.
Para las familias que viven alrededor, el siniestro dejó algo más que pérdidas materiales: el miedo de habitar junto a instalaciones que consideran peligrosas y la incertidumbre de no saber si podrán escapar de una nueva emergencia.
En entrevista para MILENIO, María de la Luz recuerda que sus hijos estaban por salir a trabajar cuando comenzaron los gritos. El olor a gas ya había alertado a los vecinos, pero nadie sabía qué tan grave era la situación.
“Le digo: «¿Qué pasó? ¿En la gas? El gas. Y corre. Ya nada más le di el jalón a la puerta. No, hombre, salimos corriendo hasta allá arriba, hasta Jalatlaco”.

Mientras se alejaban de sus viviendas, escucharon el estruendo.
“Después, ya cuando íbamos para allá arriba, hace un tronido bien duro y ya fue cuando explotó, creo, la pipa, no sé”.
La familia permaneció más de una hora cerca de la Cruz Roja, sin poder regresar a casa. Entre los evacuados había mujeres que lloraban, niños asustados y vecinos que intentaban comunicarse con sus familiares.
Socorristas atendieron a varias personas por crisis nerviosas, mientras habitantes de la zona ofrecían agua y alimentos a quienes habían salido prácticamente con lo puesto.
“Estábamos muy espantadas. Todas estaban llorando, mi hija, mis nueras; todos estábamos bien espantadas y nos tomaron la presión y nos dieron agua. Una señora de Jalatlaco nos invitó un bolillo para el susto”, recordó.
Cuando finalmente pudieron regresar, encontraron parte de su patrimonio destruido.
“Pues todo se quemó, las motos, ¿cómo quedaron? Pues todo, las cobijas, las camas, todo, todo se quemó”, lamentó.

Bardas caídas, techo y afectaciones en viviendas
Las viviendas de sus hijos fueron las más afectadas. Una de ellas perdió parte del techo, una barda y la tienda familiar. Una motocicleta que uno de los jóvenes acababa de comprar también quedó consumida por el fuego.
María de la Luz asegura que la gasera llevaba aproximadamente tres años funcionando y que nunca habían experimentado una emergencia semejante. Ahora, junto con otros vecinos, busca reunir firmas para exigir su retiro.
🚨 #Video | Al menos tres viviendas presentaron daños estructurales tras explosión provocada por fuga en gasera en Coacalco, Edomex 📹 Juan Camacho para MILENIO https://t.co/Ejt4iBO8Hc
— Milenio Estado de México (@milenio_edomex) October 13, 2026
En medio del desastre, la mujer encuentra una explicación a su supervivencia en la Virgen de Guadalupe, cuya imagen se encuentra en las inmediaciones del establecimiento.
Cuenta que el propietario de la gasera acostumbraba ofrecer comida cada 12 de diciembre, durante la celebración guadalupana. Para ella, aquella imagen representa ahora la protección que permitió a su familia salir con vida.
“Sí, mi Lupita, ahí está mi Lupita, nos ayudó también a haber dicho: ‘¡Corran, corran!’, porque sí, hombre. No, mejor que digan: ‘Aquí corrí’, no ‘aquí quedó’, ¿verdad?”.
Estamos en medio de bombas de tiempo
A unas ocho casas de la gasera, Guillermina Aguilar estaba con su esposo en la planta alta de su vivienda cuando sintió que las ventanas, los muros y el piso se sacudían.
Pensó que estaba temblando. Al asomarse y descubrir las llamas, comprendió que el peligro estaba mucho más cerca.
“Mis ventanas están grandotas, de piso, y se cimbró horrible la casa. Yo pensé que era un temblor, pero no, ya cuando vi las llamas de la gasera, no, pues a correrle, a correrle, pijama, sin chanclas y de todo, a correrle”.
Salieron sin zapatos y sin cambiarse de ropa. Mientras corrían, Guillermina alcanzó a observar cómo se movían los postes, los cables y las ventanas de las viviendas cercanas.
“Fue muy feo, muy traumatizante ver cómo se movía todo: los cables, los postes, las ventanas; todas las casas empezaron a tronar”.

Su casa no presentó daños de consideración, pero la experiencia cambió por completo su percepción de seguridad.
Guillermina denuncia que los habitantes nunca fueron consultados sobre la instalación de la gasera y advierte que el riesgo no se limita al establecimiento donde ocurrió la explosión.
Según su testimonio, existen otras dos instalaciones de este tipo en las inmediaciones, una de ellas próxima a comenzar operaciones.
“Tenemos otras dos, una que está aquí abajo, a punto de abrir, y otra más adelante. Estamos en medio, se puede decir, de las tres. Entonces son bombas, estamos en medio de bombas de tiempo, la verdad”.
La vecina exige que las autoridades revisen las condiciones de operación de todos los establecimientos y cuestiona que se permita su funcionamiento tan cerca de zonas habitacionales.
“Pero que vengan las autoridades a revisar si estos establecimientos están en regla, ¿no? O sobre todo, y aunque estén en regla, que no permitan que donde haya zonas urbanas hagan gaseras, porque sí es un peligro”.
Su mayor preocupación es que otra emergencia ocurra cuando las familias estén dormidas o no tengan tiempo de salir.
“Esta vez la contamos; la próxima, quién sabe, quién sabe”.
Mi casa quedó toda derribada
Samara estaba en la escuela cuando recibió una llamada que la hizo temer por su familia: una pipa había explotado en la gasera cercana a su vivienda.
Lo primero que quiso saber fue si sus familiares habían conseguido salir.
“Me marcaron, me dijeron: ‘Explotó la pipa’, y pues era algo que a lo mejor los vecinos nos imaginábamos que iba a pasar algún día, pero pues no nos imaginábamos, o sea, el momento”.
Aunque supo que su familia estaba a salvo, no pudo regresar de inmediato porque las autoridades mantenían restringido el acceso a la zona.
Cuando finalmente llegó, encontró daños en su vivienda y a sus familiares intentando rescatar lo poco que había quedado.
“Pues yo estaba en la escuela y me marcaron (…), toda mi familia afortunadamente salió, pero pues mi casa quedó toda derribada, todo un desastre”.

Para la joven, la emergencia no termina con el control del incendio. Ahora las familias deben enfrentar los gastos de reparación, la pérdida de sus pertenencias y las consecuencias emocionales de haber estado cerca de una tragedia.
“Pienso que la gasera, pues, tiene que hacerse responsable de los daños, porque la mayoría son materiales, sí, pero pues también está el cómo nos sentimos todos aquí”.
Tres viviendas dañadas y una gasera suspendida
La onda expansiva provocó daños estructurales en al menos tres viviendas de Coacalco.
Una de ellas, ubicada sobre la calle 2 de la colonia Loma Bonita, sufrió el colapso del techo, una barda y parte de una tienda de abarrotes que funcionaba como negocio familiar.
Otras dos casas, localizadas aproximadamente a 200 metros de la estación, sobre las calles Bahía y Cerrada D, registraron el colapso de techos de lámina y vigas de madera.
Dentro de la gasera también resultaron dañados tres vehículos, una cuatrimoto y parte de la techumbre.
De acuerdo con Ali Morales, coordinador de Protección Civil y Bomberos de Coacalco, el incidente se originó por una fuga de gas en el tanque de una pipa durante maniobras operativas, lo que provocó una acumulación de combustible y posteriormente un flamazo.
El ayuntamiento informó que el incendio fue controlado mediante el cierre de válvulas, mientras los equipos de emergencia realizaron labores de enfriamiento y un censo para determinar las afectaciones.
Una persona que se encontraba dentro del establecimiento sufrió quemaduras leves. Además, la Unidad de Bienestar Animal resguardó a cuatro animales de compañía de familias cercanas.

Protección Civil municipal y estatal colocaron sellos de suspensión en la estación de carburación mientras se revisan sus condiciones de operación.
Morales precisó que el establecimiento cuenta con permisos estatales y municipales, pero que será necesario verificar la documentación y el cumplimiento de los requisitos de seguridad antes de autorizar la reanudación de actividades.
La revisión también cobra relevancia ante los señalamientos de vecinos sobre la presencia de otras dos gaseras en la zona.
Para María de la Luz, Guillermina y Samara, las investigaciones deberán traducirse en medidas que impidan otra emergencia.
Las tres sobrevivieron, pero ninguna quiere depender otra vez de una carrera desesperada para salvar la vida.
Y mientras esperan respuestas, María de la Luz se aferra a la frase con la que intenta explicar lo ocurrido y agradecer que su familia siga completa: “Mejor que digan: ‘Aquí corrí’, no ‘aquí quedó’”.
Imagen portada: MILENIO
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