Israel enfrentará el próximo martes un proceso electoral decisivo. Su futuro político y social se define entre las heridas que dejó el ataque de Hamás del 7 de octubre, la seguridad del país en medio de conflictos armados y el incremento del costo de la vida de los ciudadanos; publica MILENIO.
En medio de todo ello está Benjamín Netanyahu, que enfrentará a las urnas como un referendo a su última administración, que navega desde la ultraderecha entre guerras, escándalos de corrupción y la reputación internacional en entredicho.
“Todo lo que fue el post 7 de octubre, digamos años anteriores, nadie hubiera siquiera pensado en cambiar a (Benjamín) Netanyahu; era por así decirlo el malo por conocido, mejor que saber qué se iba a conocer. Entonces sí, puede haber un voto de castigo ahí”, explicó Enrique Darszon, especialista de Relaciones Internacionales de la Universidad La Salle.
Basta ver los análisis que se han hecho sobre los intereses de los votantes israelíes para acercarse a lo que está en juego.
La última encuesta realizada por el Instituto para la Democracia de Israel revela que los temas que más influyen en los votantes judíos son la seguridad y la política exterior (39 por ciento); le sigue economía y costo de vida (38 por ciento) y, en tercer lugar, el servicio militar (27 por ciento), un debate muy local sobre la urgencia de que los judíos ultraortodoxos lo realicen.
A pregunta expresa sobre los ataques del 7 de octubre, el 68 por ciento considera que estos hechos son definitorios para definir su voto.
“Entonces, hay muchas cuestiones ahí de responsabilizar o no al gobierno de Netanyahu por fallas en lo que haya sucedido y, por supuesto, la operación posterior. Entonces, ese es más o menos el eje que está siguiendo ahorita la campaña; quién va a abrir una pesquisa o un proceso criminal, investigativo y en contra del gobierno por fallas pues fuertes en el sistema”, agregó Darszon.
En tanto, la economía juega un papel importante, pues, pese a que hay una inflación controlada, los precios del gasto cotidiano de las familias se han incrementado y mantenido muy elevados y hasta ahora no ha existido una política que ayude a revertirlos.
¿Cómo se vota en Israel?
Israel tiene un sistema parlamentario de representación proporcional nacional. A diferencia de México, aquí los votantes no eligen directamente al ministro ni a los miembros individuales del Knéset (parlamento), sino una lista de candidatos que representan a un partido o alianza.
De esta manera, los votos determinan cómo se distribuye la Knéset. Después de esta elección, inicia el camino para que se nombre a un nuevo primer ministro.
El presidente consulta a los representantes de los partidos que obtuvieron escaños y elige a uno para que forme un gobierno y no necesariamente debe formar parte del partido que ganó más escaños, sino quien considere que tenga más posibilidades de hacer un proyecto en unidad con el respaldo del resto del parlamento.
De esta manera, la persona designada dispone de 28 días para negociar una coalición y puede tener una prórroga de hasta 14 días. Una vez alcanzados los acuerdos, el candidato presenta la composición y las líneas generales de su gobierno ante la Knéset y solicita su voto de confianza; si obtiene la aprobación parlamentaria, el nuevo gobierno queda constituido y su dirigente asume como primer ministro.
Si no se llega a un acuerdo, el presidente propone a otro diputado que, si también fracasa, la Knéset propone a una última persona. Si no se logra un acuerdo, se abre un plazo de tres meses para convocar a los ciudadanos a nuevas elecciones.
La población israelí es de más de 10 millones de personas (judíos 76.3 por ciento, árabes 21.1 por ciento, otros 2.6 por ciento); la participación electoral (datos de 2022) es de 70.63 por ciento, de 6.7 millones de personas con derecho a voto.
En el país, el voto no es obligatorio y se realiza en más de 10 mil colegios electorales en un horario de 7:00 a 22:00 horas. Además, no existe voto por correo o a distancia, por lo que muchos israelíes viajan a su país ese día solo para votar.
Los punteros
La elección tiene en la mesa a ocho candidatos principales que buscan ser una opción para los votantes israelíes. Pero los que más posibilidades tienen son el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, del partido Likud, y en frente, el exjefe del estado mayor y exintegrante del gabinete de guerra Gadi Eisenkot, del partido Yashar!
Netanyahu ha calificado esta elección como “existencial” para su país, pues una derrota, dijo, sería una “tragedia para generaciones”. Eisenkot considera que estas elecciones son “las más decisivas desde la fundación del Estado”.
“Todos están ahorita moviéndose hacia los extremos, extrema derecha, extrema izquierda; en este caso de Israel también es importante aclarar que los últimas pronósticos electorales siguen siendo los de derecha los que están disputándose: Netanyahu en este caso y Eisenkot, que es también da derecha, pues es un centro derecha que nada más toma criterios diferentes de seguridad, pero pues está balanceándose entre el 35 por ciento y el 28 por ciento”, explicó Dora Isabel González Ayala, profesora de política mundial de la FES Acatlán de la UNAM.
Las propuestas de los antes aliados son contrastantes en los rubros más importantes.
El primer ministro es considerado de derecha y muy cercano a la ultraderecha por las alianzas que lo llevaron al poder. Sobre el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, propone una nueva doctrina de seguridad basada en la ofensiva armada.
Además, plantea crear una comisión de investigación sobre el ataque con representación del gobierno y la oposición. En materia económica, busca reducir impuestos, ampliar mercado de combustibles y ampliar oferta de vivienda.
Respecto a Irán y Líbano, mantener su intención de provocar la caída del régimen iraní para destruir su capacidad nuclear y mantener tropas en el sur para combatir a Hezbolá. En cuanto a Gaza, mantiene su postura contundente: no se retiran hasta eliminar a Hamás y no se reconstruye el territorio hasta garantizar la desmilitarización.
Eisenkot, a su vez, ofrece como una de sus principales promesas una investigación a fondo del ataque de Hamás, dar con los responsables y encontrar las fallas políticas y militares. Se compromete a eliminar a este grupo en 18 meses.
En los temas económicos ha planteado reconstrucción de comunidades, frenar la salida de profesionales altamente calificados y hacer reformas en materia educativa. Sobre los conflictos, mantiene la postura de eliminar la capacidad nuclear de Irán y en Líbano conseguir el desarme de Hezbolá. Un punto importante es que busca convertir los resultados positivos militares en acuerdos de seguridad.

Los otros candidatos
Hay 37 partidos y candidatos compitiendo en esta elección, muchos de ellos opositores al actual gobierno, como:
Naftali Bennet, del partido de centro derecha B´Yachad, que combina una agenda de seguridad nacionalista con un perfil liberal en lo económico y lo civil: promete un gobierno sin Netanyahu y exige que los ultraortodoxos sirvan también en el ejército.
Yair Golan, de Los Demócratas, representa a la centroizquierda: defiende la democracia liberal frente a la reforma judicial, un acuerdo diplomático con los palestinos, el Estado de bienestar y la igualdad civil. Centra sus críticas a Netanyahu en la conducción de la guerra con Irán.
Avigdor Liberman, de Yisrael Beiteinu, identificado como de derecha laica, que tiene una fuerte base entre inmigrantes de la antigua Unión Soviética: exige reclutar a los ultraortodoxos, separar religión y Estado en temas civiles y aplicar mano dura en seguridad; se opone a integrar un nuevo gobierno de Netanyahu.
Y otros totalmente identificados con Netanyahu:
Itamar Ben Gvir, del partido de ultraderecha Otzmá Yehudit, que reclama pena de muerte para terroristas palestinos, expansión de asentamientos israelíes y anexión de Cisjordania.
Bezalel Smotrich, del partido Sionismo Religioso y Zehut: también considerado de extrema derecha, impulsa soberanía israelí en Cisjordania, la expansión de los asentamientos y un Estado regido por valores judíos. En economía defiende el libre mercado y menor regulación.
Aryeh Deri, de Shas, un partido ultraortodoxo sefardí que defiende el estudio de la Torá, la exención militar de los estudiantes de yeshivá (seminario de estudio religioso judío), el presupuesto para instituciones religiosas y ayudas sociales a familias de bajos ingresos.
Yaakov Asher, del partido Judaísmo Unido de la Torá, que es ultraortodoxo asquenazí: su prioridad es blindar la exención militar de los estudiantes de yeshivá y financiar su red educativa.
Vale hacer una acotación a los partidos árabes que, aunque los principales candidatos los rechazan, al final podrían convertirse en eventuales aliados y en el peso que incline la balanza hacia una u otra fuerza política. Los principales son:
Mansour Abbas, del partido Ra´am, que es islamista conservadora: en 2021 fue la primera fuerza árabe en integrar un gobierno nacional en la coalición que formaron Naftali Bennett y Yair Lapid. Prioriza presupuestos para su comunidad, la lucha contra el crimen organizado y el reconocimiento de aldeas beduinas.
Yousef Jabareen, de Lista Conjunta, un partido de izquierda árabe: defiende la igualdad plena para los ciudadanos árabes, el fin de la ocupación israelí y la creación de un Estado palestino junto a Israel.
“En el caso de Israel es importante cambiar el sistema político electoral para que ya no se vuelva radical, porque los que son más radicales son minoría, pero es esa minoría la necesaria para que el primer ministro pueda sostenerse el poder; son los que terminan siendo lo más importante en la balanza”, concluyó González.
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