El petróleo transformó a Tampico durante las primeras décadas del siglo XX. Llegaron compañías extranjeras, comerciantes y familias que encontraron en la ciudad un lugar para hacer negocios y quedarse; publica MILENIO.
Según pudo constatar MILENIO, con ellos llegaron también otras maneras de construir: fachadas eclécticas, balcones corridos, herrería forjada, edificios de inspiración francesa, neocoloniales, art déco y, después, el funcionalismo, que comenzó a desprenderse de los ornamentos.
La ciudad fue acumulando esas arquitecturas como capas. Cada una contaba algo distinto de Tampico: su origen como puerto, su crecimiento comercial, el auge petrolero, la influencia extranjera, su modernización y la importancia económica que trascendió fronteras.
Una parte de esa ciudad ya no existe. Otra permanece, pero transformada, y otra más está deteriorándose.
Los extranjeros introdujeron lenguajes arquitectónicos internacionales. Por ello, Tampico posee un singular patrimonio edificado y es comparado con Nueva Orleans, Francia, España, California y otros lugares.
Para el arquitecto Cesáreo Castillo González, leer la ciudad es leer su historia arquitectónica. Propone hacerlo a través de varias capas.
Primero aparece el neoclásico, asociado con sus primeras etapas. Después llega el eclecticismo de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando distintas tradiciones arquitectónicas comenzaron a mezclarse.
Con el auge petrolero se multiplicaron los edificios comerciales en el centro y las construcciones residenciales en las colonias Águila, Altavista y Guadalupe, que incorporaban referencias extranjeras.
Vendrían el neocolonial, el art déco y, a partir de mediados del siglo XX, el movimiento moderno. No se trata solamente de estilos, sino de rastros de los cambios económicos y sociales que atravesó Tampico.
El puerto no se construyó de una sola vez ni bajo una sola idea de ciudad. Su arquitectura refleja la sucesión de épocas que hicieron de Tampico un enclave comercial y petrolero de relevancia internacional.
Por eso, la desaparición de un edificio no es únicamente la pérdida de una fachada. “Es la pérdida de una pieza de esa historia”, advierte el especialista a MILENIO.
Hay, sin embargo, un problema particular. Los edificios ornamentados, con columnas, frontones y balcones del siglo XIX, se identifican de inmediato como “patrimonio”.

Pero no sucede lo mismo con la arquitectura del siglo XX, que todavía parece demasiado cercana. Cesáreo Castillo advierte que esa percepción debe cambiar.
“Nos hemos dedicado a defender el siglo XIX, pero el siglo XX ya es historia y es obligación nuestra atenderlo”, sostiene.
La pregunta deja de ser únicamente qué tan antiguo es un edificio. También importa qué representa.
Olga Méndez Hernández, encargada en Tamaulipas del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), organismo asesor de la Unesco, explica que el patrimonio no se reduce a aquello que aparece en un catálogo.
“El problema es que aquello que no se registra corre un riesgo mayor de quedar fuera de las decisiones públicas”. Y Tampico tiene una deuda precisamente ahí: en actualizar y ampliar la mirada sobre lo que considera patrimonio.
Especialistas discuten sobre intervenciones en inmuebles
Expertos se plantean hoy la necesidad de rescatar sin destruir. Entre ellos se encuentran Joaquín Madero Insunza, Rafael Godard y Cynthia de la Paz.
“Que un edificio de 100 años siga siendo de 100 años después de restaurarlo. Proteger e intervenir antes de demoler”, es la preocupación.
Tampico posee el conjunto art déco más importante del país después de la Ciudad de México.
Según un registro estatal, la ciudad tiene en total 267 inmuebles artísticos e históricos. Sin embargo, 40 por ciento presenta deterioro grave debido al uso de materiales incompatibles, como el cemento y la pintura vinílica, que encierran la humedad y destruyen los muros de ladrillo original.
Se propone reactivar el Fideicomiso del Centro Histórico y/o el Instituto Internacional para la Conservación del Patrimonio Cultural y la Cooperación, así como gestionar ante instituciones públicas y privadas recursos para la conservación de inmuebles que formen parte del patrimonio cultural.
El patrimonio edificado en números
También se tienen en el registro oficial cuatro infraestructuras históricas: la ex Aduana de Tampico, la ex estación del ferrocarril, el aeropuerto y el puente Moralillo; 31 monumentos conmemorativos, 19 murales y 116 inmuebles con protección federal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
“Sin embargo, un edificio puede estar registrado y, aun así, terminar abandonado, transformado o en riesgo. Estar catalogado no garantiza que el inmueble vaya a sobrevivir”.
Cesáreo Castillo recuerda que durante su paso por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente observó de cerca las dificultades para atender el patrimonio.
“Éramos un pueblo sin ley hasta 1993, cuando se genera el decreto y el fideicomiso del Centro Histórico, impulsado por el Colegio de Arquitectos, y se crea un reglamento para la preservación”.
Intentó impulsar herramientas de registro y mecanismos de intervención, pero se encontró con una realidad conocida en muchas ciudades: las prioridades urbanas suelen estar en otra parte.
El patrimonio necesita dinero, mantenimiento, proyectos, propietarios dispuestos a intervenir, autoridades que se coordinen y reglas claras.
“Sin eso, el catálogo corre el riesgo de convertirse en una lista de edificios que sabemos que existen mientras observamos cómo se deterioran”.
La ciudad que ya se perdió
Se estima que 20 por ciento de los inmuebles históricos del primer y segundo cuadro de la ciudad han desaparecido por demolición o deterioro. Además, más de 80 edificios del centro presentan afectaciones estructurales, según el programa Edificio Seguro.
Hay nombres que parecen pequeñas piezas de una ciudad desaparecida. Las Fábricas de Francia son probablemente uno de los mejores símbolos de la ciudad cosmopolita que produjo el petróleo y que ya no existe.
“Era un edificio extraordinario que se debió haber conservado por su importancia, pero éramos un pueblo sin ley, no sentíamos respeto por la historia o por la arquitectura que prevalecía en esa época”, refiere Cesáreo Castillo.
Cita también los colegios Motolinia y La Luz, el Cine Alcázar y la ferretería La Fama, este último considerado el edificio que mejor retrataba el aire de Nueva Orleans en el puerto y que fue derribado sin una explicación pública.
Juntos cuentan una historia. Tampico no solo ha perdido edificios, sino también fragmentos de la imagen urbana que hizo reconocible a la ciudad. La antigua estación de tranvías es otro elemento representativo.

“Durante largos años, la ciudad careció de herramientas efectivas para defender ese patrimonio. El cambio comenzó a tomar forma en 1993, con el fideicomiso del Centro Histórico, el registro y el reglamento”.
Pero para entonces ya había ocurrido una parte importante de la pérdida. La regulación llegó después de décadas en las que demoler o transformar un edificio histórico podía ser legalmente posible.
Y ahora algunos de los edificios que todavía sobreviven están llegando a un estado físico que vuelve más urgente la intervención.
Un documento oficial de ordenamiento urbano identifica 18 inmuebles históricos catalogados que ya han sido demolidos o afectados. No existía un catálogo de la arquitectura asociada con el auge petrolero.
Abandono y demolición
Cesáreo Castillo planteó que, antes de la demolición, es necesario apostar por un protocolo de diagnóstico, apuntalamiento, estabilización, restauración y conservación.
La pregunta es si una falla estructural debe significar automáticamente el final de un edificio o si, en determinados casos, debería activar precisamente el mecanismo para rescatarlo.
Los especialistas insisten en que destruir arquitectura es destruir memoria y que conservar no significa congelar la ciudad.
“Los ejemplos internacionales sirven para demostrar que un edificio histórico puede recibir nuevos usos y ampliaciones contemporáneas sin perder su identidad”.
Se privilegia la mínima intervención, porque la arquitectura nueva puede convivir con la existente sin copiarla.
Conservar una ciudad no significa detener el tiempo. Significa permitir que este pueda leerse.
El antiguo Hospital Canseco
La defensa patrimonial también mira hacia el antiguo Hospital Canseco, creado por el arquitecto Vicente Mendiola, y hacia la intención de promover su reconocimiento como monumento nacional.
Pero la misma lógica podría extenderse a otros edificios que todavía conservan piezas para reconstruir la ciudad que fue.
Mientras se discuten mecanismos de protección, el deterioro continúa.
“No se necesita descubrir cómo se conserva una ciudad histórica. Los principios de intervención existen. Hay especialistas. Hay experiencias internacionales. Hay edificios que demuestran que la arquitectura antigua puede recibir nuevos usos sin perder su identidad”, señala Olga Méndez, representante en Tamaulipas del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos).
Y añade: “Lo que falta es convertir ese conocimiento en una política permanente. Actualizar los registros. Identificar la arquitectura del siglo XX. Reconocer la arquitectura de madera y otras expresiones vernáculas”.
Coincide en que lo más importante es crear protocolos antes de demoler: mantener antes de que el deterioro vuelva imposible cualquier intervención.
“Tampico todavía puede decidir qué quiere conservar de sí mismo, antes de tener que reconstruir su pasado solamente a partir de fotografías”.
El problema no es solo que se estén perdiendo construcciones del siglo XIX. También está desapareciendo la arquitectura del siglo XX antes de que México termine de reconocerla como patrimonio, apunta por su parte Castillo González.
Advierte que hay que proteger e intervenir antes de que colapse y reclasificar la capa siguiente.
Tampico no es solamente una ciudad con edificios bonitos. Es un caso excepcional de cómo el boom petrolero transformó físicamente una ciudad mexicana y de cómo esa memoria puede desaparecer.
La propuesta de los especialistas es abrir en el registro una nueva categoría para edificios de finales del siglo XIX y principios del XX y activar protocolos de rescate antes de proceder automáticamente a la demolición.
Urgen a reactivar el Fideicomiso del Centro Histórico y gestionar ante instituciones públicas, privadas, nacionales e internacionales recursos para la conservación de inmuebles y bienes de propiedad particular que formen parte del patrimonio cultural o posean valores patrimoniales reconocidos o documentados.
Y es que Tampico fue el segundo puerto exportador de petróleo crudo en el mundo y esa huella no debe borrarse.
Imagen portada: MILENIO



