Desaires de familia o la moral es un árbol que da moras o sirve pa’ una chingada

Si Andy, José Ramón y Jesús Ernesto no utilizan el apellido “López Obrador” para ser los presuntos trepadores que son, bien; si lo usan, mal, y habrá que documentar su corrupción, sus compadrazgos, su tráfico de influencias, con datos duros. Y todavía faltan las andanzas ibéricas de Beatriz Gutiérrez Müller.
AguaQuemada

agosto 16, 2025

Por José Jaime Ruiz


@espejonegromx

@aguaquemadamx

La “justa medianía” para las personas, para los ciudadanos, es un mito genial de la Cuarta Transformación de la vida pública del país porque se trata de una visión de Estado, de recomendación para los gobiernos, no para las personas: la injusta medianía de la justa medianía. Cito a Andrés Manuel López Obrador: “La justa medianía, como decía Juárez, es la lucha contra la corrupción y el derroche. No puede ser que unos pocos tengan mucho y millones carezcan de lo más elemental”. Cito a Claudia Sheinbaum Pardo: “La justa medianía es un principio que debe guiar todas nuestras políticas públicas. Vivir en el justo medio significa crear condiciones para que haya oportunidades para todos, sin marginar a los más pobres ni fomentar los excesos”.

La austeridad es para los gobiernos, no para los ciudadanos. Si los funcionarios públicos viajan con dinero privado, o ganado a pulso, qué importa si andan en Venecia y no en Xochimilco. Qué importa si andan en Madrid y no en Yucatán. ¿Ya se treparon Gerardo Fernández Noroña y Ricardo Monreal al Tren Maya? Otra cosa es hacer turismo legislativo con el erario. Otra cosa es el compadrazgo, una de las formas de la corrupción, entre Monreal y Pedro Haces. En la crónica de los grandes anacrónicos –de lengua me como un adecentado taco o “ladrón (4T) que roba a bandido (PRIAN) merece ser ascendido”– la fragua entre Miguel Ángel Yunes y Adán Augusto López; la riqueza inexplicable, si se comprueba, de Mario Delgado o de Sergio Gutiérrez Luna.

Si el secretario de Organización de Morena, Andy López Beltrán, decide desorientarse políticamente en el Lejano Oriente y no asistir a una importantísima reunión de partido… que los militantes se lo demanden. Si José Ramón López Beltrán dio el “braguetazo”, como coloquialmente se le califica desde el pueblo bueno y sabio, muy su opulenta decisión. Si Jesús Ernesto también olvida las enseñanzas de Andrés Manuel López Obrador y lleva una vida disipada, muy su elección, no es funcionario público.

Si los hijos de AMLO se visten de Prada, Gucci y Balenciaga muy su opción de dinamitar el legado y estilo de vida del Padre Fundador de la 4T, Andrés Manuel, si y sólo si no lo hacen con dinero público. Si Andy, José Ramón y Jesús Ernesto no utilizan el apellido “López Obrador” para ser los presuntos trepadores que son, bien; si lo usan, mal, y habrá que documentar su corrupción, sus compadrazgos, su tráfico de influencias, con datos duros. Y todavía faltan las andanzas ibéricas de Beatriz Gutiérrez Müller.

Para los políticos de Morena no es opción desmoralizarse en selfies viajeras o que los agarren con la bolsa de Prada en la mano. Alguna vez suscribí la antigüedad posmoderna de Jean-François Lyotard: “Hay que hacer coincidir el infinito de la voluntad con la esbeltez: ‘trabajar’ mucho menos, aprender, saber, inventar, circular mucho más. En política, la justicia consiste en insistir en esta dirección. (Habrá que llegar un día a un acuerdo internacional para reducir las horas de trabajo sin disminución del poder adquisitivo)”.

Algunos políticos de Morena cambiaron la ecuación: ni aprendieron ni supieron ni inventaron ni circularon, ni siquiera acudieron a la esbeltez intelectual o de su fisicidad. Existe una injusta medianía de exigirles justa medianía a los ciudadanos y a los funcionarios. Para estos últimos es simple: gastar dinero de los contribuyentes para abuso personal es corrupción, el compadrazgo y el tráfico de influencias es corrupción. El cinismo como bandera del Señor del Gargaleote: la moral es un árbol que da moras o sirve pa’ una chingada. La simulación como bandera, Morena en busca de la moral perdida.

(Escritor, poeta y periodista, es autor de los libros La cicatriz del naipe, Premio Nacional de Poesía “Ramón López Velarde”, Manual del imperfecto político, Caldo de buitre y El mensaje de los cuervos. Es director fundador de la revista cultural Posdata y de Posdata Editores. Dirige aguaquemada.mx y www.lostubos.com.)

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// José Jaime Ruiz

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