Un derrame de hidrocarburo que alcanzó el río Pánuco tras intensas lluvias registradas el 25 de septiembre no sólo dejó una mancha negra sobre el agua, las lanchas y los motores: golpeó directamente el sustento de cientos de pescadores del sur de Tamaulipas y el norte de Veracruz; reporta MILENIO.
Con el río contaminado, aseguran que no pueden trabajar con normalidad y que el temor de los consumidores a una pesca tóxica desplomó de 150 a 80 pesos el precio del kilo de pescado que logran vender.
“Es una escalerita que se viene bajando y termina en nosotros”, resume David Luna, uno de los pescadores de Bellavista, en Pueblo Viejo, Veracruz.
Del otro lado del río, sobre la calle Ferrocarriles, en la colonia La Barra, en Ciudad Madero, aún escurre material con apariencia de hidrocarburo. Sale de la zona de las puertas traseras de la refinería Francisco I. Madero, cruza la calle y se va por unas alcantarillas instaladas a un costado de las vías del ferrocarril.
Las intensas lluvias registradas durante la madrugada del 25 de septiembre elevaron los niveles de agua en los sistemas de drenaje de la planta de Petróleos Mexicanos (Pemex) y el caudal hacia el área de efluentes. Después apareció la mancha oscura sobre el Pánuco.
El impacto se extendió por el río hasta alcanzar a comunidades pesqueras de Tamaulipas y Veracruz. Ahora, a más de dos semanas del derrame, el olor a derivados del petróleo se percibe desde antes de llegar al muelle de La Barra.
“Lo fuerte está del otro lado, aquí no llegó mucho. Todos pensaron que nos había invadido, pero no llegó aquí; el mismo norte se lo llevó para el otro lado. Allá sí hay muchos afectados”, dice uno de los hombres que se reúne con otras personas bajo el techo de una vieja instalación, donde comen y beben cerveza.
Cuadras atrás, en el conocido paso de El Chachalaco, un grupo de jóvenes con cartas de menú en mano se arremolina cuando ve llegar un automóvil.
“Pásele, pásele, patrón. Mire, aquí se come mejor en El Chachalaco”, ofrece uno de los trabajadores de los negocios de mariscos que se encuentran del otro lado del río, el que divide a Tamaulipas de Veracruz.
El olor a hidrocarburo se intensifica al llegar al vetusto muelle del paso de lanchas, donde aparecen los primeros indicios de la contaminación.

Después de pagar cinco pesos para hacer el viaje, el lanchero explica a los pasajeros la presencia del nauseabundo olor.
“Es que hubo un derrame de chapo, por eso huele así, pero ni modo, nosotros tenemos que trabajar”. Chapo es la forma coloquial con la que los pescadores de la zona llaman al chapopote, una sustancia negra, espesa y pegajosa derivada del petróleo.
Puede aparecer en el agua tras derrames o fugas de hidrocarburos y adherirse a embarcaciones, animales y costas.
Bastan cuatro minutos para cruzar al lado veracruzano. Ahí, las paredes de otro muelle muestran la huella del desastre. Lanchas y motores de los lugareños también resultaron afectados.
En uno de los restaurantes de mariscos está don Juan, con una sonrisa incrédula.
“Lo hubiera visto, ja, ja. Salió todo fumigado de su casa, ya se nos andaba muriendo. Pasó toda la noche ahí encerrado con ese olor”, dice doña Juana sobre el señor, mientras atraviesa el patio rumbo a la cocina del lugar. “Oiga, es que eso huele bien feo”.
El hombre, de 77 años, vive a la orilla del río Pánuco, justo donde, según los habitantes, llegó la parte más intensa de la mancha negra.
“Yo aquí vivo desde hace más de ocho años. No me di cuenta de que estaba esto porque estaba dormido, pero cuando quise pararme de la cama no podía porque estaba muy mareado».
“Tenía mucha tos, me ardía la garganta. Dicen que empezó a las cuatro o cinco de la mañana. Me sentí mal, pero me llevaron al doctor y me dio pastillas. No entró a mi casa el chapo, era la peste nomás, porque como que está alto aquí y no entra, no entra para acá”.
Gobierno federal confirma iridiscencias en el Pánuco
El 27 de septiembre, el gobierno federal reconoció oficialmente la presencia de iridiscencias en el río Pánuco. Inspectores de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) recorrieron tanto las orillas como la parte media del cauce y corroboraron las manchas sobre la superficie del agua.
Un día antes, personal de ASEA, la Secretaría de Marina y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) había realizado una inspección en la refinería Francisco I. Madero y en la zona del río afectada.
De acuerdo con la explicación oficial, las lluvias intensas registradas durante la madrugada del 25 de septiembre incrementaron los niveles de agua en los sistemas de drenaje de la refinería y el caudal hacia el área de efluentes, una condición que “pudo favorecer el arrastre de sedimentos” hacia el canal Varadero, utilizado para la descarga de aguas residuales.

Pemex puso en marcha medidas de contención y, hasta ese momento, había utilizado 16 unidades tipo Vactor, con capacidades de 8 y 15 metros cúbicos, para recuperar una mezcla de agua y residuos y trasladarla a tanques de la propia refinería para su procesamiento.
También se instalaron barreras de contención, se realizaron labores de desazolve y comenzaron muestreos de agua y sedimentos a distintas profundidades y en varios puntos: río arriba, en la zona donde apareció la coloración y río abajo.
La Profepa constató trabajos de limpieza en la margen veracruzana y estableció comunicación con pescadores para conocer sus necesidades. ASEA estimó entonces que los trabajos para atender el evento podrían prolongarse durante dos semanas.
“Cada que llueve sale de la refinería”
Para los pescadores, sin embargo, lo ocurrido no es un episodio desconocido.
Wenceslao Ibarra apura el paso para llegar a la orilla del Pánuco. Es pescador y uno de los afectados. Asegura que este tipo de episodios se repite cuando llegan las lluvias.
“Nada más se viene el agua y nos llega chapo. Pero pues afecta en la forma de que le quema a uno la piel, porque acá arriba le cala a uno. Hasta ahorita solo es ardor en la piel. Todo esto perjudica aquí a la vecindad, a todos los de la orilla”.
Señala hacia la escollera y asegura que desde ahí la mancha avanzó hasta el Paso del Humo.
“Sí, sí, ahí está; de hecho, está todo, está todo manchado allá, también pa’l Paso del Humo”.
Con un gesto de asombro, calcula que son más de 100 las lanchas afectadas.
“Hay muchas lanchas, más de cien; desde allá empieza, mire cómo están. Empieza desde La Palma pa’ acá. Sí, aparte pues perjudica aquí a la vecindad porque pues el olor, no es el olor, sino que cala en la cara también, quema, quema, sí quema”.
—¿Esto ocurre muy frecuentemente en este sitio?
“No, nada más cuando hay barrunte de lluvia o norte; cada que llueve sale de la refinería. Es cada día que hay lluvia o norte, cuando llueve sale todo de la refinería, todo el chapopote que sale de allá de refinería y pues ya, mira a ver cómo anda el rancho”.
Wenceslao nació en la colonia Linda Vista, municipio de Pueblo Viejo, Veracruz. Él sostiene que lo que llegó al río no es chapopote, sino benceno, un hidrocarburo aromático y tóxico presente en el petróleo crudo y la gasolina.
“Esto viene siendo benceno porque chapo no es. Afecta en la forma en que a uno le quema la piel. Ahí en Pemex tienen para proteger el chapo, pero este no es chapo. El chapo se detiene en las mallas anaranjadas; cuando sale el chapo se detiene porque tienen unas mallas naranjas, pero este no, no es chapo. Esto perjudica arriba a uno porque cala en la cara, o sea, está oliendo ahorita”.
La presencia del material sobre el Pánuco también ahuyenta a quienes llegan a comer a los restaurantes. Don Wenceslao dice que son unos diez locales donde se ofrece pescado y marisco fresco.
“Como unos diez comercios, sí, sí, pues la orilla perjudica; sí, porque pues se siente el olor y cala. Yo ayer que fui para allá a trabajar, pa’ allá, sí como que sentí luego que le cala en la cara. No, no es chapo”.
Lanchas de cientos de miles de pesos, manchadas
La presencia de MILENIO en el lugar hace que Manuel Hernández camine de prisa, en chanclas y sobre el terreno desnivelado, para mostrar los daños.
“Mis lanchas, oiga… Imagínese, imagínese mi lancha; mi lancha todavía llena de chapo y luego no quedan ni bien blancas, oiga, quedan ya manchadas las lanchas, las lanchas… Imagínese cuánto cuesta una lancha, un motor, todo bien caro, todo está bien caro”.
Manuel dice que el daño visible a sus equipos son las manchas negras sobre la madera y los motores. Sin embargo, teme que el hidrocarburo pueda causar averías mayores. A eso suma otro reclamo: asegura que la comunidad se siente olvidada por los gobiernos y que pocos beneficios llegan hasta ese rincón de Veracruz.
“Hay que lavarlo y ahora que no se dañe el motor, que le entre chapo o algo. Imagínese, le acabo de meter cien mil pesos de reparación a mi motor, imagínese, y pues no, no se nos hace nada. Aquí no tenemos autoridad, no tenemos nada”.
Afirma que un motor tiene un costo aproximado de 200 mil pesos y que, con sacrificios y créditos, logró hacerse del suyo.
“Cuestan casi doscientos mil pesos. Mire ese —señala otro motor—, le costó baratito, le costó ciento sesenta mil pesos al muchacho. Imagínese, mire cómo está la lancha del muchacho este. El gobierno debería darnos jabón, de perdido, que nos dé jabón de perdido pa’ bañarnos o algo. Imagínese, y con sacrificios, y pa’ mal comer, pa’ mal comer porque pesca, todo el año no ha habido nada, nada ha habido. Imagínese, yo que estoy bien viejito ya”.
El panorama no es alentador para una comunidad que vive mayoritariamente de la pesca. Manuel, quien fue delegado en Bellavista, calcula que más de 180 familias dependen de los productos del mar y del río.
“Aquí todos somos pescadores, compa. Son 180 casas aquí, aparte las que hay en Chachalaco”.

“Tenemos la costalera llena de promesas”
A la pérdida económica se suma otra preocupación: los posibles efectos en la salud de quienes viven en este último rincón del norte de Veracruz.
“Imagínese con esta peste del chapo, uno que ya está viejito, imagínese. No, está canijo, está canijo, pero pues aquí no nos ayuda nadie, nadie, nada más vienen los políticos. ¡Nombre, cómo prometen! Yo sí les digo, es cuando me desquito: ‘Este sabe que ya tenemos la costalera llena aquí’”.
—¿De qué?
“De promesas de los candidatos. Tenemos la costalera de puras promesas”.
David Luna es uno de los pescadores más jóvenes de la comunidad. Vive a 60 metros de la orilla del río y cuenta que se dio cuenta de lo que ocurría por un olor que confundió inicialmente con una fuga de gas.
“Estaba la lluvia, dije yo: ‘No, pues debe ser el gas de un vecino o algo’, porque llegaba el olor hasta acá. ¡Nombre!, la sorpresa cuando vamos a la orilla: pues no, todas las lanchas estaban llenas de chapo”.
Él, al igual que los demás afectados, pide ayuda de las autoridades. Había pintado recientemente su lancha y ahora ve perdida parte de esa inversión.
“Acabamos de pintar nuestras lanchas para que la broca, algo que le prohíbe a las lanchas moverse más rápido, pues no se despegara, y ahorita pues se vino todo el chapo. Quisiéramos ver si de alguna forma se pudiera apoyar al pescador porque en otros momentos llega la Marina, vamos a Conapesca (Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca) y nos prohíben que pesquemos; nos dicen que no hay permiso porque hay sobrepoblación de pescadores, y ahorita que estamos afectados por esto, por el derrame de hidrocarburo, ahí no aparecen apoyándonos en nada”.
“Solamente cuando nos vienen a recoger hilos, nos quitan los hilos porque no hay permiso y aquí Pemex, que está haciendo más daño que nosotros. ¿O nosotros hacemos más daño que él? Esa es la pregunta. Nosotros como pescadores, que no tenemos los suficientes recursos para ciertas cosas, no hay permiso, y ellos sí tienen permiso para perjudicar al pescador, porque esto perjudica a toda la comunidad y a nosotros como pescadores. Y ahorita, ¿acaso ves a la Marina aquí con nosotros, viendo o preguntándonos qué les hace falta, muchachos, o algo así, que puedan ayudar? Pero no, solamente cuando se trata de venir a prohibirnos, porque nosotros hacemos más daño. Entonces la pregunta para nosotros: ¿quién hace más daño?, ¿ellos o nosotros?”.
De 150 a 80 pesos: el derrame golpea el precio del pescado
Ahora, limpiar las lanchas ni siquiera es la principal preocupación. El problema es que, mientras persista la contaminación, los pescadores no pueden trabajar con normalidad y los consumidores desconfían del producto que sale del Pánuco.
Lo poco que logran vender, aseguran, ha bajado de 150 a 80 pesos por kilo.
“¿Por qué? Porque no hay venta y pues el consumidor final viene siendo ustedes. Y si usted sabe que hay contaminación en el río, que es de donde nosotros nos sustentamos, usted no va a querer comprar un pescado contaminado. Entonces el pescado se queda ahí estancado y eso afecta las ventas; o sea, es una escalerita que se viene bajando y termina en nosotros”.
Para los pescadores de Bellavista y El Chachalaco vienen, calculan, al menos tres meses difíciles antes de que las ventas puedan comenzar a recuperarse.
“El llamado de atención es a las autoridades. A nosotros sí nos llama la atención que no quieren que pesquemos y a las grandes industrias que tienen, se podría decir, el dinero para pagar, ahí no se les dice nada”, concluye David.
Imagen portada: MILENIO
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