En México, el ingenio suele asociarse con la capacidad de encontrar una salida cuando las condiciones no son las ideales. Guillermo del Toro lo experimentó durante el rodaje de El laberinto del fauno, cuando una variedad de obstáculos y restricciones técnicas lo obligaron a buscar alternativas; publica MILENIO.
Del Toro regresó al Festival Internacional de Cine de Morelia para festejar el 20 aniversario de la cinta; en el marco del reestreno de la cinta, el cineasta recibió la medalla Filmoteca UNAM y el Premio a la trayectoria, por su aporte y preocupación por el cine nacional.
En entrevista con MILENIO, el mexicano habló de la historia que representa un antes y un después en su carrera, aquella que “si iba a ser su última película, debía ser profundamente suya, pues El laberinto del fauno es una declaración de principios, que le habla particularmente a los jóvenes”.
De manera personal ¿Qué lugar ocupa “El laberinto del fauno” dentro de tu filmografía?
Está entre las cinco que más me gustan. He hecho trece y me encantan: El espinazo del diablo, La forma del agua, Frankenstein, curiosamente, Titanes del Pacífico y La cumbre escarlata.
Mi manera de valorarlas es mitad vivencia y mitad resultado. Para la gente es filmografía, pero para uno es biografía. Son tres o cuatro años que le dedicas a una película, durante los cuales no estuviste en casa, no fuiste al cumpleaños de tus chamacos, al velorio de tu tía.
Te ausentas de todo. La experiencia a veces es difícil y a lo mejor te gusta la película de una manera más dolorosa que a la gente.
¿Antes de revisitarla este año, cuál era tu recuerdo más frecuente de haberla hecho?
Qué me la pasé de la fregada: dormía tres horas al día y perdí 1 kg al día. Cuando la terminé, es lo más delgado que he estado en mi edad adulta. Pero me recuperé como Lázaro. Fue una película muy difícil de hacer, la segunda más difícil de mi carrera.
Todo estaba muy a contracorriente. Se intentó autodestruir unas tres veces: El financiamiento se quitaba, un grupo de productores en España nos hacían la guerra, tuvimos incendios forestales en toda la zona de Guadalajara en España, nos prohibieron usar fuego y balas artificiales en una película de guerra, problemas migratorios, de impuestos.
A veces haces películas que son más fáciles y te encanta el resultado. En otras, la pasas mal y queda mal. No hay una regla exacta.

Si el Guillermo del presente viajara al pasado y visitara el set, ¿qué cambios haría?
Es una buena pregunta, pero no sé. Creo que una película te genera sus propias soluciones. La gente habla del cine como un ejercicio de control, la realidad es que la película te está tratando de decir algo a través de un problema. Siempre le digo a los cineastas que produzco: Siempre hay una solución simple y elegante para cada problema. El trabajo del director es hallarla.
Por ejemplo, muy tontamente, pero no se permitían explosiones, entonces Guillermo Navarro y yo decidimos poner una luz de fuego, explosiones de aire con lodo en la noche e iluminamos el vapor, le dio un aspecto mágico que resultó mejor que las explosiones originales.
El Hombre Pálido fue rediseñado varias veces. Cuando estás creando un personaje, ¿cómo sabes que ya está terminado?
En el diseño debes tener cuidado de que algo no parezca una idea. Por ejemplo, aunque la idea era muy bella, no resultó bien en La Cumbre Escarlata, dije: ‘Los fantasmas van a ser rojos porque el lodo de la casa es rojo”, y mucha gente cree que son digitales por su color.
Hay que evitar que las ideas se presenten de manera artificial al público. Cuando entra al escenario, tiene que parecer que está viva la criatura. Tú no dices: ‘Ah, qué buen maquillaje’, dices: ‘Ah, un fauno o qué feo el Hombre Pálido’. Tienen que ser eso.
En El espinazo del diablo, me acuerdo que entró caminando el fantasma del niño al set y vi a un niño con maquillaje. Entonces, ¿cómo lo voy a introducir?
La manera fue, poco a poco, sin que se moviera. Para los primeros pasos los filmé en reversa y al proyectarlo se veía raro. Y ya no era un simple niño.
¿De dónde viene esa gran amabilidad con tus fans que te caracteriza?
De también ser fan. He tenido la fortuna de conocer a muchos de mis ídolos. Cuando alguien conoce al suyo no le importa cómo esté su día, si lo estás pasando mal o bien. Ésta es la única vez que te voy a ver y tiene que ser una oportunidad especial.
Me acuerdo que cuando conocí al editor de Famous Monsters of Filmland, mi revista favorita de chiquito, Forrest Ackerman, era amabilísimo, y me dijo: ‘Vamos a comer un pie’, nos fuimos por uno de cereza con leche y nos volvimos amigos.
Creo que es importante. Los Ambriz, de Soy Frankelda, empezaron como fans conmigo. Me escribieron, platicamos sobre efectos especiales…
A veces salen alianzas bonitas de esos momentos que merecen ser vividos muy presentes. Cuando ya no disfrutas eso, ya no lo hagas. Como decía mi mamá: ‘Si vas a estar de malas, mejor quédate’.
El director estuvo a contrarreloj durante esta jornada del festival. En la mañana, salió para dar su masterclass a mil 200 personas en el Teatro Morelos. A pesar de que tenía el tiempo encima, bajó la ventana de la camioneta para continuar dando fotos y autógrafos a sus numerosos fans presentes. Incluso preguntó por el mejor helado de la ciudad y su dirección exacta.
20 años de El laberinto del fauno
Durante la presentación de El laberinto del fauno en el 24° FICM, el director de cine mexicano habló de los problemas del cine mexicano y del mundo:
“Nunca pensé que se perdería lo que se había ganado en ese entonces como sociedad. Me duele ver que le fallaron a las generaciones que vienen”, dijo entre lágrimas.
Durante la conferencia en la que Guillermo del Toro recibió la Medalla Filmoteca UNAM en la 24ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), el director estuvo acompañado por la protagonista Ivana Baquero, así como por el director de fotografía, Guillermo Navarro, y la productora Bertha Navarro.
Baquero habló de lo que representó esta cinta en su trayectoria
“Gracias a esta película, la actuación dejó de ser un hobbie. Se volvió mi profesión. No estaría en donde estoy sin ella. Fue un parteaguas muy liberador trabajar con Memo, porque me dio alas para hacer lo que yo quería”.
Guillermo Navarro recordó las trabas con las que se encontró durante la filmación de El laberinto de El fauno
“Tomamos muchos riesgos sabiendo que podían no funcionar. Apostamos y ganamos”.
La productora Bertha Navarro hizo una interesante reflexión acerca del contenido de las historias que filma el director de cine tapatío
“En las películas de Guillermo, el verdadero monstruo siempre es el humano. Hay que preguntarnos cómo podemos convertirnos en monstruos, como el fascismo y lo que vemos hoy en las noticias. Es importante esa profundidad en sus películas.
Imagen portada: MILENIO
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