Por Violetta Estefanía Ruiz
Texto publicado en la revista Posdata, año 2024.
No hay guía, no existen certezas para transitar la vida moderna. Baudelaire diría que la noche se ha quedado sin estrellas, que la multitud ha borrado toda la huella del individuo (Benjamin, 2005). “He estado tratando de recordar cosas”, clama Walenski, en verdad, “recordar las cosas de mi pasado claramente”. Para el personaje nada parece real, la experiencia oscura de la ciudad se parece más a un sueño, uno del que despierta siendo alguien distinto, una persona “totalmente diferente”. En la pieza de ciencia ficción Dark City (1998), Alex Proyas escribe y dirige la historia que protagoniza John Murdoch, un hombre que despierta solo en un hotel, sin recuerdos, y siendo perseguido por haber cometido una serie de asesinatos brutales. Seguimos al personaje en una ciudad iluminada por la luz artificial, que se asemeja a la descripción dada por Baudelaire, excepto que más que pasajes comerciales, la iluminación débil deja ver las ruinas estilo noir. Los extraños llegaron con la oscuridad, son tan viejos como el tiempo y controlan la tecnología, tienen la habilidad de alterar la realidad, de “afinarla”; su civilización entró en decadencia, por lo que buscan curar su mortalidad robando la memoria (acaso el rasgo más auténtico) de los seres humanos (IMDb,1998).
Pensar en el nacimiento de la ciudad y el futuro del proyecto moderno, desde Benjamin, remite a este filme por sus paralelismos con el fracaso del auge de la urbe y su decadencia contemporánea. Ante la belleza de la luz de los pasajes comerciales y la iluminación a gas, y después eléctrica, en las calles del siglo XIX han desaparecido las estrellas. Rousseau (2012) tenía razón al sospechar del proyecto de la ilustración, se anticipaba ya a la creación de espacios artificiales y anti-comunitarios, al alejamiento de la naturaleza. Curioso que las ciudades norteñas mexicanas, tan caracterizadas por el calor y la contaminación, como Monterrey, inviertan más en la cobertura de asfalto que en los árboles. Así como John Murdoch, los habitantes de la urbe despertamos desmemoriados, huérfanos acaso, y con los cargos de una serie de crímenes que no recordamos haber cometido. A partir de esta reflexión, me parece importante trazar algunos apuntes de este rompecabezas de la memoria, encontrar en los vestigios callejeros un camino posible para entender el sitio en que nos paramos hoy en día, hallar al menos un rasgo de identidad.

Memoria y lo humano
Nuestra relación con la memoria se ha valido siempre de los objetos. Ya fueran estelas petrificadas o trazos en la arena, siempre ha existido un dispositivo externo que nos permita crear el efecto de la magdalena de Proust, un amuleto potenciado por los sentidos. En nuestra cultura óculo centrista es difícil imaginar que la memoria fue guardada primero por la voz, de ahí quizá nuestra cercanía con los pájaros, estos seres que tal como menciona Benjamin en el Libro de los Pasajes (2005) se nos parecen tanto en el acto de guardar experiencias sensoriales en los objetos, como en el desarrollo de la gramática. Nuestros procesos cognitivos se potencian por la capacidad de aprender, que está directamente relacionada con la capacidad de recordar. La percepción del tiempo presente, pasado y futuro nos da contexto de nuestro lugar de referencia en el mundo, y de un sentido de progresión. Podríamos afirmar que es la capacidad de recordar la que nos hace humanos. Es nuestra capacidad de editar la memoria y enjuagarla a través de los paisajes oníricos que podemos sobrevivir al paso del tiempo.
En la película Dark City (2005) el personaje principal se da cuenta de que el sol nunca sale, por lo tanto, no hay un punto de referencia para medir esta progresión de los días, su amnesia le hace cuestionar las imágenes que aparecen detonadas por objetos: un diario infantil, una imagen de la playa, los aromas de la sal y el sol brillante, el sol ahora ausente. Murdoch sabe que algo en la realidad no opera normalmente, el sol y las estrellas no son visibles, algo debe estar mal. Si la aparición de la multitud de la ciudad borra toda huella del individuo (sus memorias, sus experiencias), cabe comparar que en la película las memorias de todos los habitantes de la ciudad son recicladas y redistribuidas entre la masa: todos habrán vivido alguna vez al mismo personaje, habrán sido despojados de su identidad: el experimento de los extraños consiste en mezclar y reacomodar las memorias de los ciudadanos como mejor les parezca, para tratar de entender qué es lo que hace únicos a los seres humanos: “un día, un hombre podría ser un inspector. El siguiente, alguien enteramente distinto. Cuando quieren estudiar un asesinato… simplemente imprimen en uno de los ciudadanos una nueva personalidad. Arreglan una familia para él, amigos, una historia entera… incluso una billetera perdida. Después observarán los resultados. ¿Podría un hombre, dada la historia de un asesino, continuar en este camino? O somos, de hecho, ¿más que la suma de nuestras memorias?” (Dark City, 1998). Sobre la labor onírica, Walter Benjamin (2005) habla de la exploración del psicoanálisis sobre los jeroglíficos, donde “más que la huella del alma”, seguimos la de las cosas: “seguimos el corredor estrecho y oscuro entre una librería de saldo, donde legajos atados y polvorientos hablaban de todas las formas de la ruina…” (p. 221). Así como en las historias de Edgar Allan Poe, un detective busca las huellas, Murdoch busca estos vestigios, pero ambos se pierden entre la multitud. En la configuración de la ciudad del filme, la escena del crimen es el asesinato de una prostituta, se ven trazados los comportamientos urbanos descritos por Benjamin en el París de Baudelaire, que recuerda a la carta al lector “¡mi semejante, mi hermano!” [1]de Las Flores del Mal, donde el canto de apertura es una invitación al crimen y al vicio.
Lo destructivo, las ruinas
Si la memoria es un carácter esencial de lo humano, y si los monumentos, las piedras, las edificaciones, los aromas, los colores, las sensaciones… son los detonantes con que se mide el paso del tiempo y la relación de identidad individual y comunitaria, ¿qué podemos decir de esta cualidad moderna de la destrucción de los espacios que identifican la memoria de la ciudad? En El carácter destructivo (1989) Benjamin plantea una catástrofe que construye un futuro lejos del fascismo y de las ideologías. Desde su perspectiva, el carácter destructivo es un potencial creativo que permite buscar nuevos rumbos identitarios: “hacer sitio, despejar”. Para el carácter destructivo nada es duradero, ver alternativas, caminos por todas partes, es tal su potencia que borra incluso las huellas de la destrucción (p.1). El carácter destructivo escombra, pero no por dejar ruinas, sino por abrir caminos. Caminar las ciudades es respirar esa memoria atómica de las edificaciones y las ruinas que han sido borradas. Esta es la paradoja. Por un lado, nos constituimos individuos a partir de la memoria, es la memoria la que nos permite reconocer la atrocidad (su recuerdo nos hace resistirnos a repetirla), por otra parte, la decadencia que no tiene contención, como fue demostrada por las ruinas barrocas, augura que todo futuro es terreno de escombros. Existe en todo recuerdo un aspecto de ficción. Es natural que para mediar con las cargas psíquicas la memoria sea editada por nuestro cerebro. La memoria de la ciudad también se edita a sí misma. Tal como sugiere Benjamin (2005), la ciudad moderna reemplaza la memoria arquitectónica con edificios que no pueden recordar.
En Dark City son pocos los sujetos que tras el experimento de los “extraños” pueden intuir que algo está mal con el mundo, que hay algo oculto: de forma literal, esta ciudad hiper-moderna es modificada cada noche a una reconfiguración absolutamente nueva, en la espera de que a nadie se le detone la sensación del recuerdo al mirar o tocar un objeto que le parezca conocido. Monterrey, al norte de México, opera con esta lógica moderna: seguido sus ciudadanos despiertan con la noticia del derrumbe de otra casa dieciochesca, o del siglo XIX, de otro monumento más del siglo XX. El discurso empresarial se impone al discurso obrero del siglo pasado, que a su vez se impuso al discurso colonizador de las primeras familias que se aventuraron en la región, ¿seremos más que nuestros recuerdos? ¿habrá alguna nota sensorial que nos recuerde a los bosques y los cerros que han sido destruidos? La ciudad hiper-moderna no sólo se asegura la reconfiguración arquitectónica sino llevar el interior de la urbe fortificada por el concreto hacia los espacios naturales: donde hubo un bosque, ahora un estadio de fútbol. Donde hubo riachuelos con peces y camarones, una explanada de concreto y un río artificial: “en lo marchito y decadente de sus criaturas… se aparece a los poetas como una eterna caducidad, sólo en la cual la mirada saturnina que es propia de aquellas generaciones reconocía como tal la historia… con la decadencia y única y exclusivamente a través de ella, el acontecer histórico se contrae y entra en escena” (Benjamin, 2021, p.398). Donde hubo montañas, ahora cráteres: ¿soñarán los niños del futuro con esos ombligos perdidos?

Borrar los mapas, desdibujar los nombres
Hay rutas, casas y edificios del centro de Monterrey que sólo aparecen en mis sueños. Son imágenes claras y definidas que se han repetido por años, desde la infancia. Dormir, esa languidez tan parecida a la del poeta maldito, era uno de mis placeres en la adolescencia temprana: podía sentir y visitar esos espacios de la ciudad, mirar las casas, circular por los caminos, acampar en las zonas de la montaña que no existen en el mundo real. Mi memoria se aferra a que estas cosas quizá estuvieron ahí, son parte de un recuerdo borrado y reescrito en mi mundo onírico como una fantasía. Esta sensación de un espacio físico y sensible que no existió nunca puede equipararse al cambio frenético de una urbe en constante transformación donde no hay un criterio para guardar la memoria. Edificios que debían ser resguardados por el INAH son destruidos con permisos enigmáticos y oscuros que parecen articulados por esos hombres extraños de Dark City, como si cada noche nos sedaran para reconfigurar la ciudad a su antojo, para hacernos olvidar todo eso de lo que fuimos despojados.
Como apunte final en esta época de elecciones, el candidato a la alcaldía de Monterrey por el PRI, Francisco ‘Paco’ Cienfuegos, borró “accidentalmente” un mural a la memoria de Dámaris González, desaparecida y asesinada en 2011. Además del nombre de Brenda Dámaris, se enlistaban 75 nombres de mujeres víctimas de feminicidio en el estado de Nuevo León. Antes del acto de borramiento por parte del equipo de Cienfuegos, nadie se había atrevido a alterar o dañar la obra, por lo que puede intuirse formaba parte integral de la memoria colectiva de la ciudad. Tras las críticas realizadas en distintos medios, el candidato aseguró que no sabía que la pieza se trataba de un memorial, y se resarció del daño borrando la promoción del PRI y dejando un lienzo en blanco. Hay días en que despertar en este país se parece mucho a una película de ciencia ficción noir, abrimos los ojos y aún nos cubre la noche, y el sol se parece más a un afiche, cielo sin estrellas.

*Texto escrito en 2021 durante el “Seminario sobre Walter Benjamin” en 17, Instituto de Estudios Críticos
Recursos:
A. (1998, 6 agosto). Dark City (1998) – IMDb. IMDb. https://www.imdb.com/title/tt0118929/?ref_=ttqt_qt_tt
Benjamin, W., & Tiedemann, R. (2005). Libro de los Pasajes. Akal.
Benjamin, W. (2021). Obras vol. Libro I-1 – Obra completa. Abada Editores.
Benjamin, W. (1989). Discursos interrumpidos. Taurus. https://direccionmultiple.files.wordpress.com/2012/03/el-carc3a1cter-destructivo.pdf
Rousseau, J. (2012). Discourse on the Origin of Inequality (Dover Thrift Editions) (English Edition). Dover Publications. https://www.amazon.com/Discourse-Origin-Inequality-Thrift-Editions-ebook/dp/B00A62Y1CU
[1] Recuperado de: http://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/Baudelaire,%20Charles%20-%20las%20flores%20del%20mal.pdf



