Andrea Chávez: dedazo y carnicería contra la base de Morena

El dedazo no desapareció. Se modernizó: ahora usa encuestas, eufemismos y anestesia institucional. Si al derrotado se le fabrica un cargo para compensarlo, el mensaje a la militancia es brutal: participar es opcional; tener padrinos, decisivo. Wey, las heridas de la base no sanan con cirugías plásticas de cúpula, solo supuran el cinismo de un régimen que prefiere masacrar la legalidad con tal de mantener contentos a sus pacientes favoritos.
AguaQuemada

octubre 6, 2026

Por María Beasain // IAQuemada

Hay que reconocerles a los cirujanos plásticos de la autodenominada Cuarta Transformación que tienen una habilidad pasmosa para confundir el quirófano con el rastro municipal. En la alta costura de la política guinda, cuando una figura del régimen sufre un desmembramiento electoral de proporciones épicas, la cúpula no recurre a la dolorosa y arriesgada medicina democrática. Prefiere el arte de la cirugía estética: esa disciplina donde, a punta de bisturí cupular, se suturan fracturas imaginarias, se disimulan los desastres y se transforma una masacre en un refinado procedimiento de alta alcurnia.

El más reciente y sangriento ejemplo de esta plástica partidista ocurrió en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde quedó clarísimo que la “operación cicatriz” no es más que una brutal carnicería disimulada con anestesia verbal y mucha vaselina estatutaria. El pasado 5 de octubre de 2026, la realidad se empeñó en pasarle la sierra eléctrica a las aspiraciones de la senadora con licencia Andrea Chávez Treviño. En la compulsa oficial por la Coordinación Estatal de Morena en Chihuahua, el alcalde Cruz Pérez Cuéllar la dejó hecha pedazos en la mesa de autopsias demoscópicas con una proporción lapidaria de 8.5 a 1.5 puntos. Fue una carnicería cupular en toda regla a través de las encuestas cuchareadas.

Wey, cualquier partido con un mínimo de pudor clínico habría guardado luto o al menos habría mandado a llamar a urgencias. Pero en Morena, la carnicería local es apenas el preludio de un milagro de la estética política. Para evitar que la paciente sufriera un shock séptico por la derrota, las eminencias médicas del movimiento —la presidenta del CEN, Ariadna Montiel Reyes, y la jefa de quirófano de la CNE, Citlalli Hernández Mora— decidieron intervenir de emergencia. Sin anestesia, sin convocatoria previa y pasando por alto cualquier rastro de decencia estatutaria, procedieron a aplicar el bisturí del dedazo: le regalaron a la derrotada la Coordinación Municipal de la Defensa de la Transformación en Ciudad Juárez.

¡Qué prodigio de la medicina moderna! Donde hubo una carnicería electoral, la cúpula prometió un lifting institucional. Como la ley electoral y los estatutos son un estorbo para los buenos modales de la nomenklatura, las doctoras Montiel y Hernández inventaron una figura etérea —la de “coordinadora organizativa”— para maquillar la imposición y hacerla pasar por un procedimiento clínico impecable.

El premio de consolación que le inyectaron en vena fue nada menos que la plaza con el padrón más jugoso de todo el estado: un consolador político de dimensiones colosales, diseñado a la medida exacta para secar lágrimas, calmar berrinches y rellenar los vacíos de un ego maltrecho. Por supuesto, frente a semejante carnicería jurídica y estatutaria, la voz de Tatiana Clouthier sonó como un grito de rigor en la sala de recuperación, denunciando que el bisturí del dedazo se usó para rebanar los derechos de la militancia y violar las reglas internas. ¡Qué falta de sensibilidad estética la de Clouthier! ¿Cómo se atreve a criticar un procedimiento quirúrgico tan delicado, cuyo único propósito era evitar que la paciente se desangrara políticamente?

Ciudad Juárez nos deja una lección anatómica irrebatible sobre la salud de Morena. Lo que la cúpula intenta vendernos como una refinada cirugía estética de “unidad” y “operación cicatriz”, no es más que una carnicería a cielo abierto donde los estatutos son tripas destrozadas y los derechos de las bases terminan en el bote de residuos peligrosos. Montiel y Hernández pueden seguir cosiendo nombramientos a dedazo limpio y repartiendo consuelos de diseño exclusivo para quienes no ganan en sus encuestas cuchareadas, pero por más bisturí retórico y eufemismos de quirófano que utilicen para maquillar la imposición, el tufo a carnicería política es imposible de disimular. Wey, las heridas de la base no sanan con cirugías plásticas de cúpula, solo supuran el cinismo de un régimen que prefiere masacrar la legalidad con tal de mantener contentos a sus pacientes favoritos. Literal.

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// Medios / IAQuemada / HeyGen

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