Surrounded by losers
Misfits and boozers
Hanging by your fingernails
You made one mistake
You get burned at the stake
You’re finished, your’re foolish, you failed
Mick Jagger, “Strange Game”
La serie de televisión protagonizada por el agente Jackson Lamb (personificado por el gran actor británico Gary Oldman) es una pequeña obra de orfebrería visual y narrativa que mezcla en dosis precisas espionaje, política y violencia. Situada entre las aguas profundas y superficiales del drama y la comedia, aderezada por el tono permanente de sarcasmo e ironía propia del mejor humor inglés, Caballos lentos (Slow Horses) constituye un relato de tensiones que ocurren en las prácticas de espionaje político internacional caracterizadas por actos terroristas, asesinatos y venganzas relacionadas con disputas de parcelas del poder y de la burocracia gubernamental, guiadas por siniestros recorridos entre áticos, pasajes y sótanos de la política británica del siglo XXI; publica MILENIO.
Se trata, por supuesto, de historias ficticias, metáforas donde las figuras de la realeza, del parlamento, de las oficinas de seguridad nacional controladas (es un decir) por los máximos representantes del primer ministro inglés, y la sombra de medios de comunicación dedicados al chantaje y la corrupción, forman parte de los abismos de intrigas, grillas, traiciones y misterios que ocurren fuera y dentro del palacio de Buckingham y del edificio de Westminster. Will Smith (nada que ver con el famoso actor de Hollywood), el creador de la serie basada en la novela del mismo nombre de Mick Herron, se propuso la hechura de una historia que combinara elementos del espionaje clásico con ingredientes políticos asociados a las decisiones, procesos y prácticas que se hacen a nombre de la seguridad nacional.
Un pequeño grupo de agentes proscritos de las oficinas de la central nacional de inteligencia británica son enviados a una casa de refugio o de deshechos (Slough House), para que desde ahí se dediquen al trabajo sucio que nadie quiere hacer en las oficinas centrales de espionaje. Se trata de hombres y mujeres que fueron marginados por sus problemas de alcohol o drogas, por sus continuas faltas a los reglamentos y prácticas internas, o por errores graves cometidos en el cumplimiento de sus deberes. Es un grupo de outsiders paralelo al sistema de inteligencia, percibidos como fracasados e irreformables por las máximas autoridades de la agencia, pero que poseen habilidades y talentos que pueden ser utilizados de manera ocasional para resolver casos complicados de espionaje nacional o internacional. Entre esos personajes destinados al destierro administrativo destaca la figura atormentada de River Cartwright (interpretado por Jack Lowden), un joven agente cuyo abuelo fue un respetado agente del mismo sistema y su padre, un asesino sin escrúpulos al servicio de los trabajos sucios de la Central.
En un viejo y desastroso departamento situado en la planta alta de un restaurante de comida italiana en el centro de Londres, Lamb coordina los trabajos de agentes rebeldes, a los que continuamente regaña, insulta y despide, pero que los mantiene cerca para tareas específicas pues confía en sus talentos y capacidades. Al mismo tiempo, Lamb mantiene relaciones de trabajo, pleitos y cooperación con la directora de la agencia (Diana Taverner, una mujer de carácter frío y arrogante pero eficiente hasta la médula, interpretada por Kristin Scott Thomas), pero a la que impone sin negociaciones su estilo, habilidades y reglas defendiendo sus métodos de trabajo y al propio grupo de agentes a los que tiene bajo su mando.
El resultado es una serie deslumbrante por su oscuridad. Situada entre el thriller, el drama y la comedia, Caballos lentos es quizá una de las mejores series de televisión del siglo XXI, con un elenco cuyas actuaciones resultan sobrias e inquietantes. Iniciada en su primera temporada en 2022, para septiembre de 2026 alcanzó su sexta temporada, con la capacidad de mantener la atención de sus seguidores, espectadores y fans dentro y fuera de los húmedos pasajes londinenses. Escenas de violencia visual y corrupción política, aderezadas con el consumo cotidiano de alcohol y comida barata, entre actos escatológicos y pequeños arrebatos románticos, y con la música de fondo de una lúgubre canción de blues (“Strange Game”, interpretada por Mick Jagger), la tonalidad sombría de la serie adquiere fuerza, misterio y profundidad.
Lamb y su grupo de agentes viven condenados al limbo administrativo y la invisibilidad pública, amenazados permanentemente por las sospechas de sus superiores, pero resultan indispensables para las labores de espionaje e investigación que requiere el sistema de seguridad nacional. Son personificaciones de antihéroes que están muy lejos de la sofisticación de los James Bond o los Hércules Poirot que marcaron las historias clásicas de detectives de la segunda posguerra. El propio Lamb es la mejor representación de la estética del descuido y desaseo personal como tarjeta de presentación en la vida del clandestinaje, y cuyas energías intelectuales las destina a pensar permanentemente cómo resolver los casos que son asignados a su desastrosa oficina, cuidando la integridad de sus hombres y mujeres. Personajes contradictorios y condenados al anonimato que, entre pedazos de pizzas, sopas de ramen, vasos de whiskey barato y comida chatarra, deambulan entre callejones sin salida, navegando en la basura del sistema, pero que, con todo, alimentan débiles e improbables esperanzas de volver algún día a la luz de la normalidad pública, lo que eso signifique. La lentitud y el sigilo como antídoto contra los tiempos gobernados por las dictaduras de la eficiencia, la inmediatez o la urgencia.
Foto portada: Apple TV+


