Por José Jaime Ruiz

El desmadre por el desmadre no vale madre. Decir que los vándalos del Bloque Negro son anarquistas, es darles mucho crédito. Ni subversivos ni revolucionarios, lo suyo es la pulsión, no la conciencia anticapitalista, anti-Estado. Extraviaron sus objetivos, si alguna vez los tuvieron. No protegen las marchas feministas o la reciente del 2 de octubre: las revientan; no reivindican ni defienden a la sociedad, la confrontan. La palabra “represión” está excluida en el diccionario de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, y de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ellas deberían de integrar a su glosario la frase “Estado de derecho”. No a la represión, sí a la aplicación de la ley ante esa delincuencia organizada.
Nuestros gobiernos no son represores, el Bloque Negro sí lo es. Reprime a los policías, reprime la efeméride; por su inacción, reprime a Clara y a Claudia. Ya avanzaron hasta obtener en la Ciudad de México el monopolio ilegítimo de la violencia, superan al uso legítimo de procurar la ley.
“Nadie fuera de la ley, nadie por encima de la ley”, frase hueca de la Cuarta Transformación de la vida pública del país.
El Bloque Negro, por su impunidad, también rebasa al Poder Judicial y a las fiscalías. Los grupos de inteligencia del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ¿no tienen la capacidad de desembozar a los encapuchados? ¿La policía de la ciudad carece de logística para encapsular y contrarrestar las tácticas muy previsibles del Bloque Negro? ¿Es mejor que se chinguen a los policías, a los periodistas y a los ciudadanos?

“Si no hubiera aguantado el casco, pues quién sabe qué me hubiera pasado”, expresó el inspector José Luis Araujo, quien soportó con sus compañeros la lluvia de proyectiles y fuego lanzados contra ellos durante más de dos horas en la base del edificio del antiguo Portal de los Mercaderes. La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México reportó que 94 policías resultaron lesionados y requirieron su traslado a hospitales para atención médica, con tres elementos en estado grave, y los servicios de salud reportaron la atención a 29 civiles lesionados de manera prehospitalaria. Nadie les pide reprimir, sólo aplicar la ley.
Para educar a Sheinbaum y Brugada sobre los fundamentos del poder político, cito a Michelangelo Bovero: “Si se quiere distinguir al poder coactivo de la organización política del poder coactivo de otras organizaciones o grupos, parece pues indispensable vincular la noción de poder político a la de legitimación; la tradicional ‘investidura’. O como dice Kelsen, que repropone el problema en términos análogos a los de San Agustín, si se quiere distinguir el mandato del Estado de la intimidación del bandido es necesario concebir el poder político como poder ‘autorizado’”.
Los ciudadanos autorizamos a Brugada y Sheinbaum a aplicar la ley; pese a protestar en cumplirla y hacerla cumplir, desacatan el mandato del pueblo, simplemente no la aplican. Lo que sí hacen es autorizar, por su inacción, al Bloque Negro para que vandalicen y repriman a los ciudadanos y a la policía de los ciudadanos. El país al revés.




