Arturo Ávila a la baja: no mentir

¿Por qué no puede retractarse de su mentira? Porque se le cae el andamiaje: la idea de unos pueblos originarios ajenos a la violencia ritual, argumento central del libro de AMLO y del didactismo político que hoy se vende como historia.
AguaQuemada

diciembre 19, 2025

Por Inocencia Artificiaga

Aunque el día esté cercanísimo, a su Inocencita no la harán inocente. Y menos con mentiras dichas con micrófono abierto, sonrisa impostada y manual subrayado. Porque una cosa es la epopeya de sobremesa y otra muy distinta es la lectura. Lo que se aventó el diputado federal y vocero de Morena, Arturo Ávila, en el programa de Radio Fórmula de Azucena Uresti, no es una imprecisión: es una fábula.

Dijo Ávila, con la seguridad del que cree que citar es conjurar:

“Y lo que hace el presidente es retomar ideas de obras tan importantes como las de Todorov, por ejemplo, o como la de ‘1491’, en donde se habla claramente que los pueblos originarios, antes de la Colonia, eran pueblos que no sacrificaban, que tenían una gran democracia, que tenían sistemas avanzados…”.

What the hell!!!

¿Democracia en los pueblos originarios? ¿Pueblos que no sacrificaban? El diputado leyó —si acaso— Grandeza de Andrés Manuel López Obrador, pero no leyó a Tzvetan Todorov. Y cuando no se lee, se inventa; cuando no se puede sostener, se declama.

Porque en La conquista de América. El problema del otro, Todorov no canoniza, analiza. No blanquea, complica. No absuelve, describe relaciones de poder. Para educar al iletrado —o al lector selectivo— Ávila, conviene recordar lo que dice Todorov, con citas, con la brutalidad de la letra impresa:

“Para Moctezuma las diferencias entre aztecas, tlaxcaltecas y chichimecas existen, claro está; pero son inmediatamente absorbidas dentro de la jerarquía interior del mundo azteca: los otros son aquellos que subordinamos, entre los cuales reclutamos —o no— a las víctimas para los sacrificios.

No es democracia, es jerarquía. No es deliberación, es subordinación. No es asamblea, es altar.

Sigue Todorov, sin cartulina, sin plumón y sin consigna:

“De la misma forma en que fue necesario oponer la sociedad que valora lo ritual a la que valora la improvisación, o bien oponer el código al contexto, cabría hablar aquí de sociedades con sacrificio y sociedades con matanza, cuyos representantes serían, respectivamente, los aztecas y los españoles del siglo XVI.”

Y aquí es donde el mundo de Ávila se viene abajo. Porque Todorov no idealiza a nadie. No salva a unos para condenar a otros. Propone, incómodo él, una comparación sin moraleja fácil:

“Pero ¿qué hacer si uno no quiere tener que escoger entre la civilización del sacrificio y la civilización de la matanza?”

Y remata:

“Los españoles, a diferencia de los indios, no son sólo parte, sino también juez, puesto que ellos determinan los criterios según los cuales se habrá de emitir el juicio; deciden, por ejemplo, que el sacrificio humano implica tiranía, pero no opinan lo mismo para la matanza.”

Esto es Todorov. No el Todorov de utilería que cabe en una frase de radio, sino el Todorov incómodo, el que estropea los relatos puros.

¿Por qué no puede retractarse Arturo Ávila de su mentira? Porque si lo hiciera, se le cae el andamiaje completo: la idea de unos pueblos originarios inmaculados, democráticos en el sentido liberal del término, ajenos a la violencia ritual, argumento central del libro de López Obrador y del didactismo político que hoy se vende como historia.

Retractarse sería aceptar la complejidad. Y la complejidad no cabe en una lámina.

Por eso el vocero insiste. Por eso repite. Por eso subraya sin leer. Y por eso sus adversarios ya le tomaron la medida: basta con empujarlo un poco fuera del guion para que se hunda en sus propias citas falsas.

Arturo Ávila no está a la baja por debatir. Está a la baja por mentir. Y en política —aunque a algunos se les haya olvidado— mentir citando libros que no se han leído es una forma particularmente torpe de la impostura.

Yo no pido pureza ni que me hagan inocente para siempre. Pido algo más modesto: no mentir. Y, si se va a citar a Todorov, al menos abrir el libro.

Fuente:

// Medios

Vía / Autor

// Inocencia Artificiaga

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