Las Afores se convirtieron en 2026 en el principal colchón financiero de las personas que pierden su empleo, ante la ausencia de un seguro de desempleo público en el país; publica MILENIO.
Entre enero y julio, los trabajadores retiraron 27 mil 52 millones de pesos de sus cuentas individuales, 23.4 por ciento más que en el mismo periodo de 2025 y el monto más alto para un lapso comparable desde que la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) comenzó el registro en 2005.
Solo en julio salieron 4 mil 610 millones de pesos, 16.9 por ciento más que un año antes. El monto acumulado muestra que el retiro por desempleo dejó de ser un recurso excepcional y se consolidó como una vía para enfrentar la falta de ingresos.
Desde 2020, los trabajadores sacaron más de 162 mil millones de pesos por este concepto. Cada año desde el inicio de la pandemia ha marcado un nuevo máximo: 20 mil 060 millones de pesos en 2020; 22 mil 042 millones en 2021; 23 mil 169 millones en 2022; alrededor de 27 mil millones en 2023; 30 mil 727 millones en 2024 y 39 mil 119 millones en 2025.
Enrique Eliseo Minor Campa, profesor-investigador de la división de estudios para el desarrollo del CIDE, explicó a MILENIO que las Afores cumplen hoy una doble función no prevista originalmente: son recursos para el retiro, pero también funcionan como un seguro de liquidez de corto plazo, de unos 21 mil pesos en promedio, ante la falta de un mecanismo formal de protección por desempleo.
En ausencia de esa red, agregó, el ahorro para el retiro se convierte en el puente entre perder un empleo formal, encontrar otro o terminar en la informalidad.

El problema es que utilizar ese colchón tiene un costo para el futuro del trabajador. Cada retiro por desempleo reduce entre cinco y 10 semanas de cotización y disminuye los recursos que permanecerán invertidos y generarán rendimientos para la pensión.
Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (Ceey), señaló que quien recurre a este mecanismo para resolver una necesidad inmediata de liquidez sacrifica parte del ingreso que tendrá al concluir su vida laboral.
Falta de empleo formal, otro problema
El aumento de los retiros también ocurre en un mercado laboral que no genera suficientes plazas formales.
Aldo Gómez Tapia, analista de México, ¿Cómo Vamos?, indicó que entre enero y julio se crearon alrededor de 243 mil puestos registrados ante el IMSS, lejos de la meta de 100 mil empleos mensuales que requiere el país para absorber a quienes se incorporan a la fuerza laboral.
Con datos de la ENOE, Hernández Licona destacó que entre diciembre de 2025 y junio de 2026 el empleo formal cayó en 363 mil personas, mientras el informal aumentó en 71 mil.
Ambas mediciones tienen metodologías distintas, pero apuntan al mismo problema: la generación de empleo formal avanza por debajo de lo necesario y la informalidad absorbe a quienes salen del mercado laboral protegido.
En junio, 55 por ciento de la población ocupada estaba en la informalidad, mientras la tasa de desocupación fue de 2.9 por ciento.
Esta última cifra no refleja completamente el deterioro laboral, debido a que una persona que pierde su empleo formal y comienza a vender productos o prestar servicios por su cuenta deja de ser considerada desempleada.

No cede la pobreza laboral
Eliseo Minor Campa asienta que aunque el indicador de pobreza laboral que reporta el Coneval con datos de la ENOE, muestra una mejora sostenida en los últimos años, en buena medida gracias a los incrementos al salario mínimo, un indicador alternativo construido a partir de las Condiciones Críticas de Ocupación (que agrupa a quienes trabajan menos de una jornada completa, carecen de seguridad social o laboran más de 48 horas sin que ello se traduzca en un ingreso suficiente), muestra una trayectoria inversa: De niveles cercanos a 20 por ciento de la población ocupada hace dos décadas, este indicador se ubicó en 46.6 por ciento en el primer trimestre de 2026, o que significa que la llamada pobreza laboral ampliada, que incorpora ese deterioro en las condiciones de ocupación, no ha disminuido, sino aumentado en el periodo reciente.
El Termómetro Salarial de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza con cifras del IMSS a junio de 2026, convalida al dato al señalar que aunque los salarios de pobreza prácticamente se erradicaron entre los trabajadores formales (pasaron de 8.6 millones de personas hace tres años a solo 407 mil actualmente, 2 por ciento del total), todavía 11.9 millones de personas, 52 por ciento de los 22.8 millones de trabajadores formales, carecen de un salario digno, definido como un ingreso mensual de 14 mil 400 pesos o más.
Los programas sociales, precisan los especialistas, si contribuyen a la reducción de la pobreza, aunque de forma acotada. De acuerdo con estimaciones del Observatorio “México, ¿Cómo Vamos?”, de los aproximadamente 12 puntos porcentuales en que ha bajado la pobreza desde 2018 (de 52 millones a menos de 40 millones de personas), 11 puntos se explican por el incremento al salario mínimo y solo dos por los programas asistenciales. El propio investigador del CIDE advierte que la población en pobreza extrema prácticamente no ha registrado cambios en 25 años, un periodo que abarca cuatro o cinco administraciones federales distintas, lo que sugiere que los apoyos monetarios han beneficiado sobre todo a los hogares más cercanos a la línea de pobreza, sin resolver la condición de quienes están más alejados de ella.
Desempleo no es el único factor
Los especialistas coinciden que el récord de retiros por desempleo de las Afores no es producto de un solo factor, sino de la combinación de un crecimiento económico insuficiente (0.4 por ciento en el primer trimestre de 2026 y alrededor de 1 por ciento en el semestre, según cifras oficiales), una generación de empleo formal por debajo de lo necesario, una informalidad que ya alcanza a más de la mitad de la población ocupada y una inflación que, aunque controlada (3.12 por ciento anual en julio), golpea con mayor intensidad a los hogares de menores ingresos, cuya canasta de consumo está más concentrada en alimentos.

Frente a ese panorama, consideran que entre las vías de solución está en acelerar la inversión productiva para empujar la creación de empleo formal y repensar el esquema de protección social para que el acceso a la seguridad social no dependa exclusivamente de tener un empleo registrado, mediante un esquema de financiamiento más amplio en el que participen trabajadores, empresas y Estado.
“Una eventual figura de seguro de desempleo, plantean, permitiría a quienes pierden su trabajo buscar mejores opciones en lugar de aceptar, por necesidad inmediata, el primer empleo precario disponible y evitaría que el ahorro para el retiro siga funcionando como el único colchón de emergencia de la clase trabajadora”.
Imagen portada: MILENIO
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