Las medallas llegaron desde escenarios distintos y en disciplinas que poco tienen que ver entre sí, pero para Adriana Torres (clavadista), y Giselle Torres (gimnasta) el éxito deportivo tiene un punto de encuentro: el apoyo que se brindan como hermanas y el sueño de algún día coincidir en unos Juegos Olímpicos; publica MILENIO.
Adriana acaba de sumar una nueva experiencia internacional en el Campeonato Mundial Juvenil de Clavados, celebrado en Rijeka, Croacia, donde consiguió una medalla en la prueba de sincronizados. El resultado llegó apenas unos meses después de conquistar también una presea de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Para la joven clavadista, competir en los Centroamericanos fue una experiencia que le permitió llegar con mayor tranquilidad al Mundial.
“Fueron mis primeras competencias internacionales y obtuve mucha experiencia de los Centroamericanos. Creo que eso me ayudó para relajarme y me sentí mejor en el Mundial Junior”, explicó.

Adriana reconoció que todavía tiene aspectos por mejorar, pero considera que las competencias internacionales le han permitido identificar el camino que debe seguir.
“Hay mucho nivel y eso me motiva mucho a querer dar lo mejor de mí. Sé que todavía me falta trabajar más”, señaló.
Mientras Adriana construye su camino desde la plataforma de 10 metros, Giselle lo hace en la gimnasia rítmica. Con apenas 16 años, la jalisciense dio el salto a la Selección Senior y respondió con tres medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Su llegada al equipo representó un cambio importante, al incorporarse a un grupo con gimnastas de mayor experiencia y acostumbradas a competir en escenarios internacionales.
“Se sintió muy radical porque no estaba acostumbrada a estar con personas más grandes, pero creo que me ayuda mucho. Las de mi equipo me han apoyado mucho en cosas nuevas que yo no había hecho”, comentó.

Sin embargo, más allá de sus propios resultados, ambas encuentran en su relación como hermanas una parte importante de su crecimiento deportivo. Giselle asegura que constantemente comparten experiencias, detalles de sus entrenamientos y consejos para afrontar los momentos complicados.
“Le aprendo muchísimas cosas porque nos gusta compartirnos cada detalle de nuestros entrenamientos y competencias. Cuando ella no se siente tan bien, yo la puedo apoyar en cosas que a mí me ayudan, y también ella hace lo mismo conmigo”, explicó.

Aunque actualmente sus carreras las llevan por caminos y disciplinas diferentes, la distancia no ha cambiado esa cercanía.
“Yo la quiero muchísimo, más bien la amo muchísimo. Tal vez no estoy cerca de ella, pero con una llamada nos hablamos y nos contamos las cosas, y con eso basta”, dijo Giselle.
Las medallas ya forman parte de una historia compartida, pero el objetivo todavía está más adelante. Para Giselle, su máximo sueño es claro y también incluye a su hermana: “Llegar a Juegos Olímpicos con mi hermana”.
Adriana y Giselle Torres ya encontraron sus propios caminos hacia la élite. Una desde la plataforma y otra sobre el tapiz, pero ambas avanzan impulsadas por el mismo vínculo: el de dos hermanas que convierten los triunfos individuales en un sueño compartido.
Imagen portada: Farid Santos



