A lo largo de la historia, la literatura ha funcionado como un instrumento textual de denuncia ante realidades que, vigentes en el contexto en el que las obras están inscritas, expresan sentires sociales merecedores de una trascendencia testimonial; publica MILENIO.
La crisis de desaparición forzada, latente en México, es uno de aquellos tópicos que han transgredido con una fuerza voraz a este campo cultural. Sin ser su principal tarea, las letras se han prestado para narrar una herida que atraviesa a un continente entero.
En entrevista a MILENIO, Sandra Lorenzano, escritora argentina-mexicana y actual directora de la nueva sede UNAM-América Latina (Centro de Estudios Mexicanos), explicó cómo las nuevas narrativas contemporáneas latinoamericanas se han interesado en abordar el tema de la desaparición forzada y cuáles han sido las aportaciones de este campo cultural para su entendimiento desde lo irracional y emocional.
“No sé si se le puede pedir a la literatura o al arte en general que hable de determinadas problemáticas. Yo creo que naturalmente habla. No hay una obligación, hay una responsabilidad ética.
“Desde esa perspectiva, a mí me parece interesante que mucha de la narrativa contemporánea latinoamericana, y especialmente mexicana, aborda cuestiones que son clave en el momento actual. Cuestiones dolorosas, cuestiones violentas, pero me interesa mucho recalcar que el arte es un espacio de libertad. Y eso quiere decir que, en realidad, el primer compromiso literario es con la palabra, es con el lenguaje”, señaló.
La literatura como un acto político
Sobre la responsabilidad ética del arte, Lorenzano reiteró el compromiso que, dada la naturaleza del tema, la producción artística en función de las violencias ha demostrado tener, ya que el objetivo es plantear y sostener, evidentemente bajo los influjos estéticos que la literatura requiere, una postura política ante el tema.
“Me interesa cuando esa responsabilidad ética y ese interés por narrar las violencias contemporáneas se entreteje con la responsabilidad ante el lenguaje, la responsabilidad que es también estética. Yo diría que la suma de lo ético y lo estético en la literatura contemporánea hacen de verdad de la literatura una figura política”, añadió.
Por otro lado, la escritora recalcó que la emocionalidad, eje desde el que parte principalmente la función artística al hablar de las crisis sociales actuales, ha demostrado ser un canal capaz de conseguir una mayor consciencia, desde la empatía y solidaridad, sobre la lucha que las múltiples familias de las víctimas de desaparición forzada enfrentan.
“La cultura, en general, le habla a lo emocional de quienes leemos o de quienes disfrutamos. Somos espectadoras, espectadores o creadores dentro del mundo de la cultura. Le habla a lo emocional, a la parte emotiva, no solamente a lo racional”.
“Y desde lo emotivo es que se da esa conexión entre la obra, el creador, la creadora y quienes están del otro lado del libro, de la pantalla, de la obra de teatro (…) que a ti te digan que hay 133 mil personas desaparecidas en nuestro país, solamente quizás se te ocurra decir: qué barbaridad, qué triste, qué doloroso; pero pasa. Pero si a ti te cuentan la historia de una de esas personas que es lo que tiene la capacidad de hacer el arte, eso se te va a quedar y vas a pensar que algo tienes que hacer a favor de que no sucedan estas historias”, relató.
Además, Lorenzano señaló que otros discursos, como el periodístico y la crónica, se han sumado a la labor literaria de abordar las crisis que conciernen al México actual, los cuales, pese a tener ciertos rasgos estéticos en su escritura, no pierden la intención de alzar la voz frente a problemáticas que trascienden la ficción.
Por el contrario, estas nuevas narrativas hacen de dichas características artísticas su mejor medio para transmitir un sentir colectivo en específico, con la intención de trasgredir al receptor y generar, desde ese contacto, un espíritu solidario.
“Yo creo que la gran literatura mexicana actual es una literatura que está mucho más vinculada a la crónica que a la ficción, que algunas de las grandes escritoras contemporáneas hacen crónica periodística. Hablábamos hace un momento de la importancia que tiene para la lucha en contra de los feminicidios un libro como El Invencible Verano de Liliana. No es una ficción, lo que hay es un trabajo estético sumamente complejo que hace que eso te llegue”.
“Y pienso lo mismo con el trabajo periodístico, narrativo y periodístico de gente como Daniela Rea, como Paula Mónaco Felipe, como Marcela Turati. Yo creo que es el trabajo de escritura que ellas están haciendo, como el trabajo cinematográfico que están haciendo muchísimas mujeres”, indicó.
Sobre estas producciones artísticas que han surgido con el objetivo de poner en evidencia la crisis de desaparición forzada, ya sean literarias, teatrales, cinematográficas y demás, recuperó que su compromiso ético radica en el rigor, además de estético, con el que las y los artistas apuestan por producirlas, sin intenciones oportunistas de beneficiarse de la delicadeza del tema.
“Creo que cuando hay rigor ético no hay ningún riesgo. El riesgo es quien se aprovecha del tema, de los temas que tenemos sobre la mesa, que son muchos, pero siempre atravesados por las violencias. Y ahí sí es contraproducente, pero no cuando hay una obra hecha con rigor ético, que ojalá el rigor ético y la calidad estética fueran de la mano”, explicó.
«Soy una convencida del poder del arte y la cultura»
Asimismo, sobre el alcance que las producciones artísticas pueden llegar a tener en públicos diversos y de todos los sectores etarios para hablar de desaparición, violencia, feminicidios y discriminación, Sandra Lorenzano señaló que el grano de arena existe: a partir de lo sentimental, historias que desde una ficción se perciben verosímilmente como reales, trasgreden la cotidianidad del espectador y le hacen cuestionarse: ¿Qué puedo hacer para hacerles frente a las crisis que nos atañen y amenazan a todos?
“Una vez que asumimos este compromiso, hacemos que pueda ser percibido por la mayor cantidad de gente, aquello que estamos denunciando, que queremos denunciar o señalar. Me parece que eso tiene como objetivo que la sociedad se involucre, que la sociedad no dé vuelta la cara, sino lo contrario, que diga, es verdad, está pasando esto, ¿Qué podemos hacer?”, indicó.
“Entonces, una cosa importante es que las obras ofrezcan algún tipo de salida, aunque sea una plática posterior a que veas una película o a que leas una novela, porque si tú te quedas solamente con la carga de angustia, ¿en qué medida funciona eso para la empatía? Me parece que es generar la empatía y luego crear un espacio que pueda favorecer, que puedas hablar de eso, que lo puedas compartir, que se pueda socializar y entonces sí se cumple esto”.
Finalmente, Lorenzano señaló que el arte también funge como un medio meramente de expresión, necesario para quien atraviesa una vivencia dolorosa, como es el caso de las personas que tienen a un familiar desaparecido, para que tengan las posibilidades de comunicar ese sentir particular que, quizás de otra manera, no podría exponerse.
Es decir, dejar de privilegiar la cultura y dar voz a quienes lo necesitan frente a las violencias reales que se viven en México y Latinoamérica.
“Yo soy una convencida del poder del arte y la cultura, no sólo para concientizar y sensibilizar, sino para que también las comunidades puedan expresarse. Porque si no, parece que sólo estamos hablando de lo que en una época se llamaba alta cultura, entre comillas. Pero la cultura es lo que producen las comunidades también de manera cotidiana. Y están produciendo mucho, y están produciendo sobre todo redes de apoyo y de cuidados. Y eso me parece que es fundamental”.
“Sin esas redes, sí que sería difícil atravesar todo lo que estamos atravesando. Creo, el ejemplo de las madres buscadoras para mí es excepcional. Y las obras que acompañan a las madres buscadoras, a veces creadas por ellas mismas, por la gente cercana y demás, realmente ayudan muchísimo a esta sensibilización”, concluyó.
Imagen portada: Araceli López
https://www.milenio.com/cultura/desaparicion-forzada-en-la-literatura-entrevista-sandra-lorenzano


