Por María Beasain // IAQuemada
Taddei no es un capítulo más de La Rosa de Guadalupe, aunque lo parezca, lo sufra la Grey y lo patrocine la escenografía de cartón piedra de Televisa. Para la presidenta Claudia Sheinbaum y su séquito de focas aplaudidoras en riguroso nado sincronizado, la exconsejera presidenta se convirtió en la Leprosa de Guadalupe.
A Taddei ya la echaron al leprocomio por un ataque de histeria moral al contagio. La 4T la exilió con la misma facilidad con la que el guion de un melodrama barato desecha al patiño incómodo: jurando por la virgencita de los milagros que a Guadalupe jamás la impuso Morena en el INE.
¡Ajá!, ¿y cuándo les sirvió bien y bonito con la sobrerrepresentación agandallada, la demolición exprés del Poder Judicial, los acordeones de la casa, la tolerancia absoluta a las precampañas perpetuas de los “Coordinadores en Defensa de la Transformación” y toda esa baraja de mapacherías electorales? ¡Ahí sí era la chica superpoderosa, la guardiana de la democracia y la flor más bella del ejido morenista! Pero se acabó el amor, y la Virgen no bajó ningún pétalo blanco para salvarla del paredón.
Guadalupe vino, vio y se venció ante el sistema operativo de la Cuarta Transformación: si todos roban, todos mienten y todos traicionan, ¿por qué ella no lo haría? Obviously: “¡El gobierno no se cansa de tanta pinche transa!”. Wey, el mismísimo Cabecita de Algodón nos dejó la cartilla moral clarísima desde el púlpito mañanero: «Nada de que el presidente no sabía, no se enteraba, lo engañaban, eso es falso. El presidente de México está informado de todo lo que sucede… y todas las transas grandes llevan el visto bueno del presidente, aunque no firme». No, pos sí. Con esos maestros, ¿cómo no iba a salir la alumna con doctorado en desvíos?
Y ahora resulta, en el colmo del patetismo argumental, que las transas de la leprosa de Guadalupe son… ¡culpa de Lorenzo Córdova! No maméis. Hasta la súbdita más consentida de Las Mañaneras, Nancy Flores, sacó a relucir la cartilla de que Lorenzo cobró su dote matrimonial al retirarse del cargo. ¡No manches, Nancy! ¿Ese cobro fue ilegal? ¿Es lo único que tienen en Contralínea para desviar el bulto? ¿Que el INE en la época de Lorenzo contrataba a los mismos proveedores? ¿Acaso no nos dijeron que los vicios venían desde 1999, o desde la época de las cavernas, o por culpa de Calderón? Ya párenle, que ni en los peores libretos de Carlos Mercado se atrevieron a tanto.
Empatar a Taddei con Lorenzo no es controlar los daños, ternuritas, es dinamitar lo poco que les queda de credibilidad. Me dicen mis morras agentes de la Inteligencia Artificial que esa comparación es tan asimétrica que da pena ajena. Mientras Lorenzo sale a decir que, si «quieren volver a auditar lo auditado, adelante. Quienes hemos tenido gestiones transparentes y apegadas a la ley no tenemos nada que temer», la realidad nos explota en la cara con datos de infarto: durante la gestión de Guadalupe Taddei en el INE, las irregularidades detectadas por la Auditoría Superior de la Federación crecieron más de mil 400 por ciento, destapando un cochinero de recursos públicos sin comprobar a través de contratistas mágicamente ligados a la expresidenta consejera.
¡Wow, ese strike está más cañón que slider de novato en Grandes Ligas! Ni el joven Jacob Misiorowski tirando lumbre con los Milwaukee Brewers hubiera mandado la bola tan al ángulo.
Ma qué cosa con la Leprosa de Guadalupe. Algo queda clarísimo: a Taddei la usaron, la exprimieron y la tiraron a la basura porque, al final del día, no es de la nomenklatura pura y dura de Morena, por más apellido de abolengo guinda que cargue su árbol genealógico.
“¡Cabrón, no somos iguales!”, nos gritan desde Palacio. Y tienen razón: Lupe no es Andy, Lupe no es Adán Augusto, Lupe no es Gonzalo, Lupe no es Marina del Pilar, Lupe no es Mara Lezama, Lupe no es Octavio Romero, Lupe no es Ulloa, Lupe no es Pepina Rodríguez, Lupe no es Rocha Moya, Lupe no es Insunza, Lupe no es el etcétera de corruptazos que puebla el arca de Noé de la 4T.
Lupe solo fue la herramienta útil que ya caducó. Al darle una patada en el culeis y colgarle el letrero de apestada, juran que se alejan del contagio. Pero guarden este tuit: por más sahumerios de purificación moral que se lancen en las Mañaneras, el tufo a transa ya se les metió hasta los cimientos. Y ni rezándole mil veces a la Guadalupana se van a limpiar las manos. Literal.




