Unos llevan horas sin poder trabajar ni llegar a sus hogares; otras llevan meses o años buscando a sus hijos desaparecidos. Dos desesperaciones se encontraron en la carretera México-Toluca, donde el bloqueo de madres buscadoras dejó cientos de personas varadas, pérdidas económicas, dos manifestantes lesionadas tras un enfrentamiento con transportistas y una cadena de historias que exhiben el costo humano de una protesta por justicia; publica MILENIO.
Entre el 20 y el 21 de octubre, la carretera federal quedó paralizada a la altura del kilómetro 48, en Lerma, por integrantes del colectivo Mariposas Buscando Corazones y Justicia Nacional, que exigían respuestas de las autoridades sobre la desaparición de sus familiares.
Por esa vía circulan habitualmente entre 35 y 55 vehículos por minuto, de acuerdo con reportes de la Guardia Nacional. Sin embargo, detrás de las filas kilométricas de automóviles y camiones de carga quedaron trabajadores, comerciantes, estudiantes y familias que vieron interrumpidas sus actividades.
La tensión estalló la mañana de este miércoles, después de casi 19 horas de bloqueo, cuando transportistas que exigían continuar su camino se enfrentaron con las manifestantes. Dos madres buscadoras resultaron lesionadas.
Ambas partes de un bloqueo
De un lado, mujeres que reclaman la localización de sus hijos; del otro, conductores que advierten sobre las consecuencias de permanecer detenidos durante horas, con mercancías sin entregar y jornadas laborales perdidas.
“La verdad, digo, yo sí los entiendo, sí los apoyo, pero también deben entendernos que nosotros tenemos que sacar el sustento para nuestras familias, necesitamos trabajar”, expresó Esteban, un transportista que acumulaba ocho horas detenido.
Explicó que los retrasos en la entrega de mercancías pueden traducirse en multas que, en algunos casos, terminan descontándose de sus salarios.
A unos vehículos de distancia, Víctor Manuel, otro transportista, relató que había enfrentado tres interrupciones de su recorrido por bloqueos en el Estado de México durante las últimas 24 horas.

Un viaje de unas horas se convirtió en una espera de 30
El bloqueo comenzó alrededor de las 11:00 horas del martes 20 de octubre, cuando integrantes de los colectivos cerraron la carretera federal México-Toluca, a la altura del kilómetro 48, en las inmediaciones de Plazas Outlet Lerma, para exigir avances en las investigaciones sobre la desaparición de sus familiares.
Las manifestantes demandaron una reunión con el fiscal general de Justicia del Estado de México, José Luis Cervantes Martínez, ante la falta de resultados en las búsquedas y de información sobre las diligencias ministeriales.
La protesta comenzó en dirección a Toluca y posteriormente se extendió hacia la Ciudad de México, lo que provocó filas kilométricas de vehículos, dejó a cientos de conductores varados durante más de 24 horas y derivó en enfrentamientos entre transportistas y madres buscadoras, con saldo de dos manifestantes lesionadas.
Entre los automovilistas atrapados estaba Armando Don Juan Hernández, profesor originario de Tejupilco, quien salió el martes a las siete de la mañana para llevar ropa, chamarras y víveres a su hija, estudiante de Medicina en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Xochimilco.
Casi 30 horas después, continuaba dentro de su camioneta, a la altura de Lerma, sin saber cuándo podría reanudar el viaje.
Durante la noche durmió en el vehículo, cubierto con las mismas chamarras que llevaba para su hija. El frío le provocó síntomas de gripe, mientras los gastos de gasolina y alimentos comenzaron a acumularse.
Calculó haber desembolsado alrededor de 500 pesos adicionales en tacos y tortas, además del combustible consumido durante la espera.
El retraso también afectó su trabajo. Había solicitado permiso en la preparatoria donde imparte clases, pero la interrupción del tránsito lo obligaba a prolongar su ausencia.
Mientras esperaba alguna apertura de la circulación, mantenía contacto con su hija mediante videollamadas. Ella seguía aguardando la llegada de los alimentos y la ropa.
“Yo entiendo su lucha y, pues, ahora sí que entiendan también y que liberen”, expresó el profesor.
Aunque reconoció la situación de las familias de desaparecidos, también pidió considerar a quienes permanecían atrapados en la carretera.
“No quisiera estar en su lugar jamás”, dijo sobre las madres buscadoras.

Entre los dos bandos, una mujer repartió comida
En medio de los cláxones, el cansancio y los reclamos, apareció Sandra Domínguez, vecina de Ocoyoacac, quien decidió repartir alimentos y agua tanto a las madres buscadoras como a los transportistas varados.
Caminó entre los vehículos detenidos y el campamento de las manifestantes ofreciendo tacos, tortas y agua, sin distinguir entre quienes sostenían la protesta y quienes exigían la liberación de la carretera.
Sandra también había quedado atrapada por el bloqueo y conocía las afectaciones de primera mano. Sin embargo, consideró que la falta de respuestas institucionales había llevado a las familias a recurrir a esa medida de presión.
“Que necesitamos solamente ser pacientes. Tienen que responder, tienen que darles respuestas y la persona que debe estar aquí no está”, señaló, en referencia al fiscal cuya presencia reclamaban las manifestantes.
“En el México en el que vivimos es la única forma de que le hagan caso”, agregó.
Su intervención no terminó con el bloqueo ni con las diferencias entre los inconformes, pero permitió que personas enfrentadas por la interrupción de la carretera compartieran, al menos por unos momentos, alimentos y agua en medio de la jornada.
La exigencia de justicia y el costo de no poder avanzar
Conforme transcurrieron las horas, el bloqueo dejó de representar únicamente un problema de movilidad.
Para los transportistas significó entregas incumplidas, posibles descuentos salariales y jornadas sin ingresos. Para otros automovilistas implicó gastos imprevistos, ausencias laborales y familiares esperando en sus destinos.
Para las madres buscadoras, en cambio, cerrar la carretera fue una forma de exigir la atención de las autoridades ante la falta de respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.
La protesta también puso de manifiesto las consecuencias de la confrontación entre ambos grupos, luego de que dos integrantes del colectivo resultaron lesionadas durante el enfrentamiento.
En medio de esa tensión, Sandra repartía comida, los transportistas buscaban cómo recuperar sus recorridos y el profesor Armando Don Juan Hernández permanecía dentro de su camioneta, arropado con las chamarras destinadas a su hija.
Las historias detrás del bloqueo exhibieron dos urgencias distintas: la de quienes necesitan recuperar el camino para trabajar y sostener a sus familias, y la de quienes llevan mucho más tiempo esperando respuestas para encontrar a sus hijos.
Un conflicto que, más allá de la reapertura de la carretera, mantiene pendiente la respuesta de las autoridades a las familias de desaparecidos.
Imagen portada: MILENIO



