Por Valeria Riaño // IAQuemada
La posibilidad de que Morena conquiste la gubernatura de Chihuahua en 2027 mediante un histórico dirigente panista, con la eventual complacencia de la gobernadora Maru Campos, plantea una hipótesis inquietante: que la alternancia electoral no signifique una ruptura con las estructuras tradicionales del poder, sino su continuidad bajo otra identidad partidista. La presidenta Claudia Sheinbaum obtendría una victoria estratégica en territorio opositor; la gobernadora podría reducir su exposición política y eventualmente judicial; y Cruz Pérez Cuéllar llegaría al poder sin representar necesariamente una transformación de las relaciones políticas que han gobernado Chihuahua durante décadas.
¿Estamos ante una negociación de esa naturaleza? No existe prueba documental que permita afirmarlo, pero los acontecimientos recientes ofrecen indicios políticos suficientes para formular la hipótesis y someterla a una investigación rigurosa.
El punto de inflexión fue el 19 de septiembre, durante el encuentro privado entre Sheinbaum y Campos en el aeropuerto de Ciudad Juárez. Meses atrás, ambas habían sostenido una confrontación que trascendía la seguridad pública: la participación no autorizada de agentes estadounidenses en un operativo antidrogas había colocado en disputa la soberanía nacional, las competencias constitucionales de los gobiernos estatales y la responsabilidad de las autoridades chihuahuenses.
Maru Campos había convertido su resistencia a Palacio Nacional en una bandera política del panismo. Sheinbaum, por su parte, había denunciado la intervención de agentes extranjeros en operaciones reservadas a las autoridades mexicanas. Después de aquella reunión, las diferencias no desaparecieron, pero ambas mandatarias modificaron la manera de expresarlas. La gobernadora habló de un encuentro franco y de la necesidad de mejorar la comunicación institucional. La presidenta aceptó reactivar la coordinación federal, aunque advirtió que debía procederse legalmente contra cualquier funcionario involucrado en irregularidades. La nueva interlocución abrió una posibilidad política que antes parecía remota.
Nueve días después, el 28 de septiembre, Morena designó a Cruz Pérez Cuéllar coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, colocándolo como virtual candidato a gobernador. Andrea Chávez, identificada políticamente con Adán Augusto López Hernández y como un cuadro joven de morenismo puro, quedó fuera de la designación.
Pérez Cuéllar no es un antiguo militante marginal del PAN que encontró acomodo ocasional en Morena. Ingresó al blanquiazul en 1988, fue legislador federal y local, coordinó a los diputados panistas y presidió el partido en Chihuahua. Su formación, sus relaciones y buena parte de su trayectoria pertenecen a la historia del panismo estatal. Cambió de partido, pero ese tránsito no elimina automáticamente sus antiguas redes de interlocución.
Morena podría conquistar Chihuahua sin desarticular las estructuras tradicionales del panismo, mediante un candidato capaz de conciliar a sectores que formalmente se encuentran enfrentados. Para determinados grupos del poder local, Pérez Cuéllar podría representar una alternancia aceptable, incluso conveniente. La gubernatura cambiaría de partido sin que necesariamente desaparecieran las redes políticas que sobreviven a las elecciones.
La negociación habría incluido la reducción de la exposición jurídica de Maru Campos mediante la concentración de las responsabilidades penales en su antiguo fiscal César Jáuregui. La detención de Jáuregui, el 17 de octubre, produjo una ruptura extraordinaria. Quien había sido uno de los principales colaboradores políticos de Campos terminó enfrentando acusaciones estatales y federales relacionadas con la participación de agentes estadounidenses en el operativo de abril. La gobernadora respaldó las investigaciones y proclamó que nadie estaba por encima de la ley. Sheinbaum declaró posteriormente que, hasta donde tenía conocimiento, no existían pruebas que vincularan directamente a Campos con los hechos investigados. Una exoneración de facto.
La pregunta política permanece: ¿por qué una crisis que inicialmente comprometía al gobierno de Chihuahua terminó concentrando la atención penal en el exfiscal mientras disminuía la confrontación entre las mandatarias? Si esa hipótesis termina acreditándose, la discusión dejará de ser quién ganó la gubernatura para convertirse en una pregunta mucho más incómoda: ¿quién conservó realmente el poder? Al final, el dedazo de Morena favoreció al PAN y no a Morena. Otra de las concertacesiones de Claudia Sheinbaum Pardo.


