IMSS, Maru, Sheinbaum: ¡No hay pex, mana!

LA CAJA CHINA TAMBIÉN TIENE BATAS BLANCAS: Un fiscal sacrificado, espías estadounidenses, acusaciones de traición y dos funcionarias defendiendo la patria a gritos. ¡Qué espectáculo! Lástima que en los hospitales las jeringas no se materialicen con discursos y los medicamentos no aparezcan por decreto. La soberanía se ha vuelto un artículo de lujo: luce espléndida en los discursos, pero no sirve para poner una inyección.
AguaQuemada

octubre 20, 2026

Por María Beasain

Hay algo profundamente entrañable en el teatro de la soberanía nacional cuando los milagros de la burocracia se cruzan con los enredos de la geopolítica de banqueta. Por un lado, tenemos a Claudia Sheinbaum Pardo dando cátedra de pureza constitucional desde su púlpito matutino, con el ceño fruncido y la bandera bien planchada, exclamando con indignación republicana: “¡No puede haber gente de Estados Unidos trabajando en campo, eso es claro!”.

Del otro lado del ring, agazapada entre el polvo de Chihuahua y sus propias contradicciones, la gobernadora María Eugenia Campos Galván respondía con esa épica de cartón piedra que tanto gusta en el norte: “¡Chihuahua no se entrega, lo defenderemos con ley, con carácter y con humanidad!”.

¡No maméis! Tan conmovida estaba con la humanidad de los finados agentes encubiertos que terminó sacrificando en el altar de la supervivencia política a César Jáuregui, su exfiscal, compadre y consejero de cabecera durante quince años, a quien despidió con la elegancia de un escupitajo institucional: “Actuó por la libre… y eso no se puede perdonar”, olvidando convenientemente aquellos tiernos mensajes de redes donde le proclamaba amor eterno y complicidad: “Por lo menos 15 años juntos… ¡Te quiero, Gordo!”.

Mientras las dos damas del poder se tiraban los trastos a la cabeza y los analistas de café discutían si la caída de un ultrarreactor de metanfetaminas en El Pinal violaba la Convención de Viena o el Tratado de Libre Comercio, el verdadero milagro de la ingeniería política mexicana se pone en marcha: la clásica, indestructible y oportuna caja china. Porque, a webis, ¿a quién le importa que los hospitales del IMSS parezcan salas de espera de urgencias en Ucrania si tenemos un culebrón de espías gringos, fiscala carnala en el Altiplano y acusaciones de alta traición dignas de película de ficheras?

En tanto el país entero devoraba palomitas viendo la pelea de comadreo institucional, la realidad en el régimen ordinario de salud es para echarse a llorar sin consuelo ya que los trabajadores del IMSS movilizados exigen un pliego petitorio elemental: insumos, jeringas que no se rompan al primer soplido, guantes y salarios dignos, mientras son ignorados olímpicamente por una burocracia que prefiere gastar el presupuesto en fiscalías itinerantes.

La escasez de medicamentos en los hospitales públicos alcanzó niveles de obra de terror gótico. Si un paciente padece diabetes o hipertensión, tiene más posibilidades de ganar la lotería nacional que de salir de la clínica con su dotación completa de metformina. Las citas médicas se programan con tanta antelación que los derechohabientes necesitan planificar el evento con la misma distancia temporal con la que se calcula el paso del cometa Halley. Un dolor de rodilla hoy se convierte en una consulta de rutina para cuando el paciente ya haya entregado el equipo. Pero wey, ¡claro!, ¿para qué resolver la falta de paracetamol cuando se puede agitar el ventilador de la “traición a la patria”?

El culmen de este sainete jurídico ocurrió cuando la Fiscalía General de la República decidió colgarle al exfiscal Jáuregui, ese chivo expiatorio, el delito de traición a la patria, castigado con hasta 40 años de cárcel. La desproporción es de tal magnitud que insulta la inteligencia y hace sonrojar hasta al más cínico de los leguleyos.

Para poner en perspectiva histórica el ridículo de bautizar como “traidores a la patria” a unos funcionarios estatales por andar haciendo acuerdos en lo oscurito con muchachos de Langley, vale la pena revisar cómo se veía la auténtica traición en la historia de México frente a esta miniatura: Antonio López de Santa Anna vendió la mitad del territorio y desintegró México; Maximiliano de Habsburgo y los Conservas intervinieron militarmente, impusieron el Segundo Imperio con bayonetas francesas y fusilamiento de la soberanía; Victoriano Huerta y su traición sangrienta, golpe de Estado contra Madero y entrega de los resortes del poder a la embajada de Henry Lane Wilson.

Wey, a Jáuregui lo agarraron de puerquito. Al lado de Santa Anna, es un simple tramitador inmobiliario que alquiló un terreno para una carnita asada con agentes de la CIA; comparado con invitar a Maximiliano a Chapultepec, lo del fiscal chihuahuense fue una pijamada clandestina sin gracia ni elegancia imperial; Huerta derrocó un gobierno legítimo y ensangrentó al país, Jáuregui solo dejó volcar una troca con dos gringos que querían quemar perico en la sierra.

En la política de la simulación, donde el espectáculo sustituye al medicamento y la retórica patriotera suple al quirófano, los delitos se exageran al tamaño de la cortina de humo que se necesita para que nadie voltee a ver las recetas vacías de la clínica del IMSS. Literal.

Fuente:

// Medios/ IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor

// Staff

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