Juan Manuel Bernal reflexiona sobre el «sueño americano» en ‘La muerte de un viajante’

Juan Manuel Bernal protagoniza el clásico de Arthur Miller sobre el fracaso del sueño americano, la presión por triunfar y las exigencias familiares, una historia que aún retrata a la sociedad actual.
AguaQuemada

octubre 14, 2026

La promesa de que el éxito traerá la felicidad atraviesa la vida de Willy Loman, protagonista de La muerte de un viajante, de Arthur Miller.

Obsesionado con triunfar y darles una vida mejor a sus hijos, el personaje termina atrapado en las exigencias de un sistema que mide el valor de las personas por su dinero, reconocimiento y popularidad. Más de 75 años después, Juan Manuel Bernal encuentra en esta historia un retrato vigente de la sociedad actual; publica MILENIO.

Después de más de cuatro décadas de carrera, el actor está convencido de que Willy Loman lo ha escogido para protagonizar el montaje de Cristian Magaloni que será su “graduación” y un homenaje a su padre y a todos los Willy Loman del mundo.

La muerte de un viajante es un pretexto de Arthur Miller para hablar de la humanidad y de cómo todo necesita un equilibrio. “Hoy, más que nunca, hay una presión social mucho más fuerte: todos quieren ser influencers, ser exitosos, todos ponen su mejor cara y su mejor momento frente a un teléfono para subirlo a una red social”, expone Bernal sobre la vigencia del drama de 1949 de Miller que le valió el Pulitzer y el Tony. Con lo que el actor sostiene que el dramaturgo se adelantó a su tiempo.

La puesta en escena a cargo de Magaloni, que Bernal considera llena de poesía, se estrena el próximo viernes 16 de octubre, con funciones de viernes a domingo durante 8 semanas hasta el 6 de diciembre, en el teatro Rafael Solana (Miguel A. Quevedo 687), en producción de La Gran Audiencia y Diego Cantú.

Con ella, Bernal (1967) regresa al teatro después de protagonizar en 2023 Consentimiento, de Nina Reine, y comparte el escenario con Emma Dib, Gonzalo de Esesarte, Miguel Tercero, Gilberto Dávalos, Emilio Schoning, Alfonso Holguín, Nastassia, Víctor Oliveira, Giovanna Duffour y Antonia Suillerot.

Juan Manuel Bernal reflexiona sobre Arthur Miller. (Foto: MILENIO)

La producción tuvo su estreno a principios de octubre en el Teatro de la Ciudad de Monterrey con cuatro funciones, en las que el protagonista confiesa que encontró una familia con el director y elenco.

En alrededor de 150 minutos, Miller retrata la realidad del “sueño americano” y su cuestionable promesa de éxito, dinero, reconocimiento y popularidad, con la historia de Willy Loman, un vendedor fracasado que en sus seis décadas de vida no logra comprender por qué, después de dedicar su vida a perseguir el éxito, no consiguió la felicidad que imaginaba, a costa de su esposa, hijos y de su familia.

“Ha sido un proceso muy gratificante, muy hermoso y doloroso por la circunstancia del personaje; entenderlo y así mismo interpretarlo. De eso se trata el arte, el teatro: de abordar temas que muchas veces nos pueden parecer dolorosos, pero que es necesario hacerlo aun para salvar vidas, independientemente de lo hermosamente llevado a través de una cabeza como la de Miller, aseguró el actor de cine, teatro y televisión.

Bernal se dijo privilegiado y listo para abordar este texto “que implica muchísima disposición, entendimiento y madurez. Y creo que a lo largo de los años que llevo en esto siento que todo lo que he hecho valió la pena para llegar hasta acá, con un proyecto tan ambicioso, pero también tan hermoso”.

La muerte de un viajante se estrenó hace 75 años. ¿Cómo queda Willy en un contexto actual?

Willy Loman no es nada ajeno a la actualidad. Diría que es la cabeza de Miller de visualizar un futuro en el mundo tan acertadamente, porque los conflictos que tiene este personaje son totalmente contemporáneos, más terriblemente ahora.

No es casualidad que la obra se esté montando en varias partes del mundo al mismo tiempo. Miller visualizó lo que hoy estamos viendo desgraciada o desafortunadamente con la humanidad.
El texto sigue siendo muy contemporáneo, nos sigue diciendo quiénes somos como humanidad, pero también nos lleva a la reflexión, que esto es lo maravilloso de estos autores: no hay crítica; hay un espejo de la realidad para que, como seres humanos, nos percatemos de qué estamos haciendo para tratar de ser mejores humanos.

¿En qué aspectos diría que Miller nos está hablando de hoy?

La historia sucede a principios de los años 50, pero podría trasladarse a 2026 y pasaría perfectamente todo lo que está sucediendo. Miller se adelantó muchísimo al hablar sobre salud mental —que en ese entonces supongo que se veía de otra manera— , de un hombre estresado, a punto de estallar por todo lo que está pasando por su cabeza, pero no identificado como algo que tiene que ver con su psique. Ahí es donde está lo interesante.

Hoy, la salud mental es un tema recurrente, se habla, se escucha hablar de. Antes, si no tabú, era hasta vergonzoso. Y hay mucho sobre qué reflexionar, porque a veces no identificamos bien estas cosas que nos pasan como humanidad, de las que habla Miller: la presión social, política y económica.
La manera en que nos relacionamos con nuestros seres amados, hijos, parejas, en el empleo, con nuestros patrones, cómo ganamos dinero. Desgraciadamente sigue siendo lo mismo. En la muerte de un viajante no es que estemos sacando algo de un museo para que veamos cómo éramos; es un texto terriblemente actual, poderoso y hermoso.

Más o menos usted tiene ahora la edad de Willy Loman. ¿Influye la edad para interpretarlo? Vemos hoy a jóvenes cuyos sueños se rompen muy temprano. ¿Necesitaba madurez para ser Willy Loman o pudo haberlo encarnado también de joven?

Todavía no cumplo los 60, tengo 57. Sin embargo, entiendo al personaje. También está la misma carrera, la madurez con la que me siento como actor, porque llevo 44 años trabajando. Y puedo decir sin temor, aunque suene a soberbia, que me siento listo para el papel. Y por supuesto que son las tablas y las suelas gastadas arriba de un escenario.

Es un personaje muy complejo, en su cabeza tiene un desorden mental, piensa cinco o cuatro cosas a la vez, más lo que le está pasando en el presente, además de que piensa en el futuro y al mismo tiempo en el pasado. Sí, poder interpretarlo te lo dan las tablas y las horas de zapatos gastados arriba de un escenario. Y me siento preparado.

Bueno, en 2011 o 12 hizo Traición, de Harold Pinter, con Marina de Tavira y Bruno Bichir, que tampoco le tocó algo fácil. Quizás entonces también estaba preparado para hacer a Willy Loman.

Si ahora que lo leí por primera vez pensé que yo todavía no estaba en edad de hacerlo, imagínese en 2011 que hice Traición. No es que minimice su trabajo, es que también creo que los personajes te escogen en el momento en que estás listo para hacerlo. Y este es el caso con La muerte de un viajante.

El entendimiento y la compresión que tengo ahora con respecto a todo es distinta, es con una madurez que no tenía hace 15 años, definitivamente. La obra de Pinter es otro gran drama. Y la dirección de Enrique Singer y mis compañeros fue extraordinaria. Pero, en ese momento, no creo que yo estuviera preparado para hacer a Willy Loman. Hoy sí me siento listo.

Juan Manuel Bernal reflexiona sobre Arthur Miller. (Foto: MILENIO)

La obra de Miller aborda también la familia. Pero hábleme primero de la familia teatral que hay en esta nueva puesta en escena de Cristian Magaloni. ¿Cómo ha sido el trabajo conjunto?

El proceso ha sido muy enriquecedor y hermoso, porque tanto Diego Calva, nuestro productor, y Cristian Magaloni hicieron un casting excepcional, diría yo. 

Cada actor que está en el montaje se ganó el personaje, y son actores extraordinarios, probados y confirmados en el teatro, y no hay manera de que no se note, no nada más a la hora de los ensayos, en la manera en la que profesionalmente abordan su trabajo, sino con la pasión y con el talento puesto a los pies de un montaje de esta magnitud. Me siento como pez en el agua, arropado. Me siento afortunado. Hemos formado no nada más una compañía, hemos formado una amistad, una familia, la pasamos muy bien juntos.

Dimos cuatro funciones en Monterrey y el día de la cuarta nos fuimos a celebrar hasta como a las cuatro de la mañana. Hicimos una gran camaradería, y sobre todo una gran compañía para contar algo tan profundo y tan hermoso, porque me parece un texto muy poderoso, y la manera en la que lo abordó Cristian Magaloni, como hace sus montajes, tiene mucha poesía.

La música es un elemento indispensable en esta puesta en escena y tenemos a dos músicos extraordinarios que nos acompañan todo el tiempo como parte de lo que pasa en la cabeza de Willy Loman; están presentes con instrumentos hermosísimos que le ponen un toque de poesía a todo esto que está pasando en su mente.

No lo recuerdo como padre en el teatro. ¿Cómo es la responsabilidad de Loman hacia la familia para usted? ¿Cómo usted traslada esa visión del personaje de sus hijos a la actualidad?

Los padres son los padres y siempre, en algunos más, en otros menos, hay una preocupación y una necesidad de heredar al hijo para que el hijo sea mejor que ellos. Y a veces se meten en un estrés extra, que es el caso de Willy Loman, que exige que sus hijos sean mejor que él. Ese es su sueño, porque además el Estado le prometió el sueño americano, en el que si tú trabajabas ibas a tener todo para poder tener una vejez en paz. Y ahí está el fracaso del sueño americano. Y ahí está el fracaso de este padre que se ocupó más de sus hijos que también incluso de su vida. No hay un equilibrio.

Y donde no hay equilibrio, alguien pierde. Esta obra no es una crítica, es un espejo. Y lo maravilloso y hermoso de textos de un gran autor como Miller es que no te presenta las cosas para regañarte, sino para enseñarnos cómo somos, para abrirnos los ojos, para tomar conciencia de las decisiones que tomamos y cómo nos afectan en el día a día y a priori y a posteridad, que todo lo que hacemos tiene consecuencia. Y esos padres amorosos que son capaces de dar todo por sus hijos ahí se ven reflejados.

Del sueño americano a la pesadilla mexicana, ¿qué refleja de nosotros ese retrato de Miller?

Hay muchísima identificación, porque el sueño americano nos rebota. Los padres traen la idea de que sus hijos van a mejorar la situación que los padres vivieron. Ese es el sueño. 

Tú no quieres que tus hijos la pasen peor que tú. Y ese es un tema universal, no nada más es el sueño americano. Este es un pretexto en lo que se basó Miller para hablar sobre la humanidad y cómo todo necesita un equilibrio. Este hombre está fuera de un equilibrio construido por un sistema que te mete en eso, en donde te sientes obligado a triunfar, a tener éxito.

Y hoy, más que nunca, hay una presión social mucho más fuerte: todos quieren ser influencers, exitosos, todos ponen su mejor cara y su mejor momento frente a un teléfono para subirlo a una red. Es por lo que yo digo que Miller se adelantó al hablar de este superhombre y de que no volteamos a ver las necesidades básicas, sino que nos vamos hacia lo general. Pero para llegar allí hay que hacer un gran camino, no es tan fácil.

Juan Manuel Bernal reflexiona sobre Arthur Miller. (Foto: MILENIO)

El tema de la familia y la paternidad es recurrente en Miller, ahí está Todos eran mis hijos.

Así es. Pero aquí está manejado desde la paternidad, no la maternidad. Y hay allí un camino sinuoso porque en México existe la idea, más bien hay una realidad: la mayoría de los padres son ausentes. Muchas veces no porque lo quieran, sino porque alguien tiene que trabajar para mantener a la familia. Y entonces hay padres distantes.

La madre, en el mejor de los casos, se queda a cuidar a los hijos y el padre se va a trabajar y llega a veces cuando ya ni siquiera puede alcanzar a cenar con sus hijos. Hay allí una falla en el sistema en donde ya la convivencia se hace un lujo. Nos hemos olvidado de esa parte social tan necesaria que es el núcleo: la familia. Por eso hay tanto desastre en el mundo.

Los temas de los textos clásicos siguen siendo los mismos del siglo pasado y del antepasado, porque no hemos entendido como humanidad. Y por eso hay que remontar a los clásicos, que son textos capaces de decirnos: esto sigue sucediendo y tú como espectador tienes que tomar conciencia.

¿Willy Loman es el mayor reto actoral de Juan Manuel Bernal?

Siempre tomo el proyecto que estoy haciendo como el mayor reto, porque no hay proyecto pequeño, hay mentes pequeñas. Para mí este es el proyecto más importante hoy, porque lo estoy haciendo hoy. Pero además porque es un sueño cumplido. Cuando yo leí esta obra cuando estudié en la universidad yo sabía, yo lo premedité, lo dije en mi cabeza: ‘Algún día voy a hacer esta obra. Algún día voy a hacer a Willy Loman’, Como dije que algún día iba a hacer a Shakespeare, como dije que iba a hacer a Lorca, y todavía no se me cumple. Pero son los sueños que tienes de estudiante, de leer textos que te sacuden, que te cimbran hasta la raíz. Este viernes que estrenamos en el Rafael Solana se cumple un sueño. Dos sueños.

Porque volver al teatro para mí siempre es una celebración y siempre es un sueño, porque ahí nací y porque es donde más me veo, pero no siempre lo puedo hacer. Cuando hice Consentimiento, con todos mis compañeros extraordinarios, tenía siete años que no hacía teatro. Y ahí me di cuenta de la necesidad que tenía de volver al teatro. Y le agradezco infinitamente a Enrique Singer y a Marina de Tavira que me hayan regresado al teatro con esa obra, porque me dieron diez años más de oxígeno.

Eso fue hace tres años. ¿Cómo se siente ahora entonces?

Muy afortunado, muy feliz, muy agradecido de llegar con un texto hermosísimo; de hacerles un homenaje a mis padres, a mis abuelos, a mis hermanos, a mis sobrinos como hijos y a ese público que me ha sido fiel. Lo tomo como una graduación; estoy pasando a otro nivel de madurez. Y prometo que lo que me queda de vida seguiré cumpliendo mis sueños, porque sé que el teatro es la mejor forma de contribuir con mi trabajo en una sociedad que cada vez necesita abrir más los ojos.

Usted sí cumplió su sueño, al contrario de Willy Loman.

Así es, al contrario de Willy Loman. Pero también es un homenaje a todos esos Willy Lomans que existen en el mundo y que nos dieron vida y que nos dieron todo. Este es un homenaje especial a mi padre, Jesús Epifanio Bernal Bernal, y que tendría mucho de Willy Loman. Murió en 1999 cuando yo estaba haciendo Popcorn. Tuve que dar una función el viernes que murió; el sábado estar en el velorio hasta irme para dar dos funciones de Popcorn y el domingo en la mañana enterrarlo y regresarme al teatro para dar dos funciones de domingo.

Lamento haberle traído este recuerdo doloroso.

Ya no lo es, porque sé que en cada obra está él allí, mi padre está conmigo y hay mucho de Willy Loman en él. Era un viajante también, era un hombre viajante. Por eso le digo que ha sido doloroso el proceso, pero también ha sido muy sanador. Hoy más que nunca valoro el esfuerzo de mis padres por darnos a sus hijos todo lo que pudieron y hasta lo que no.

Estar en La muerte de un viajante es un homenaje a esos padres, y para mí los padres son el centro de mi universo y me siento muy afortunado de poderlos homenajear de esta manera.

Imagen portada: MILENIO

https://www.milenio.com/espectaculos/juan-manuel-bernal-reflexiona-arthur-miller

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

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