Ruffo Appel narra su experiencia en el Penal Altiplano y su proceso en prisión domiciliaria

En entrevista exclusiva con Alejandro Domínguez, el exgobernador de Baja California narra su vida en prisión, defiende su inocencia como simple accionista y advierte un uso político de la justicia.
AguaQuemada

octubre 2, 2026

El exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, prefiere ver el lado positivo de todo lo que ha enfrentado desde hace casi 80 días cuando lo detuvieron y enviaron al penal de máxima seguridad del Altiplano por su presunta participación en los delitos de delincuencia organizada y contrabando de hidrocarburos, en un caso relacionado con una red de huachicol fiscal; publica MILENIO.

Celebra la desconexión del mundo a la que fue sometido, el tiempo que tuvo para leer y hasta hacer amigos con quienes estaba recluido, entre ellos varios exgobernadores del PRI y uno de los hermanos Farías Laguna, Manuel Roberto.

Ahora en su casa de Ensenada, donde sigue su proceso en prisión domiciliaria, tiene la posibilidad de ver a su familia y amigos y, aunque no puede salir sin permiso, se dice afortunado de haber vuelto a su hogar.

Ruffo está convencido de que demostrará su inocencia. Dice que en el Altiplano revisó el expediente y notó que todo “estaba armado”, que él solo es un accionista de la empresa señalada de contrabando de combustible. Y revela que en noviembre de 2025 acudió al Ministerio Público para aportar información; hasta le ofrecieron reunirse con el entonces fiscal general, Alejandro Gertz Manero, pero no supo más hasta que este año lo detuvieron sin aviso previo.

Ernesto Ruffo cantó un corrido cuando llegó a su domicilio en Ensenada. (Foto: Said Betanzos)

—Le tomó 72 días regresar, el proceso sigue, pero ya está en casa. ¿Cómo fueron esos 72 días?—

«Bueno, obviamente es otro mundo, pero siempre hay que tomar las cosas por las buenas y entonces aprendes. Lo primero fue que llegas a una especie de ambiente de desintoxicación, porque te aíslas del celular y del montón de cosas que vives aquí afuera, que traen tu mente en un ambiente en el que estás abstraído; y allá no te tienes que preocupar de nada más». 

«Sí, claro: los modos, las maneras de los protocolos del reclusorio y te encuentras con que, pues, no son nada amables, te encuentras con la personalidad de los custodios. Hay quienes dicen: Tú, le tengo aprecio a este y a este otro no lo quiero ni ver, y así». 

«Lo más importante fue que te ven los demás reclusos, y te dicen: oiga, aguas con el carcelazo, no deje que le llegue la depresión, luche. Y manténgase abierto a participar, porque de otra manera se aísla y se nos cae. Entonces, aunque tengan antecedentes de no sé qué, los que andan ahí adentro, siempre te encuentras una especie de camaradería».

—Pues es un penal de máxima seguridad, hay todo tipo de personas ahí dentro, cometieron crímenes muy fuertes, los que ya están sentenciados. Por supuesto que a los demás se les garantiza el principio de inocencia. Como usted, usted sigue siendo inocente; ningún juez lo ha declarado culpable.—

«Así es el estado del avance del proceso. Como a mí me toman bajo este asunto de prisión preventiva oficiosa, pues te vas hasta adentro sin mediar nada de respeto a tus derechos o tus garantías individuales». 

«Aquello que siempre habíamos estado acostumbrados: de que no serás culpable hasta que seas declarado por un juez; mientras tienes el derecho a la defensa. Aquí te vas derechito hasta enfrente y de una manera controlada, después de que ya te declaran vinculado al proceso, cosa que estoy debatiendo en un juicio de amparo, pero se pasan las semanas y no sabes si las cosas avanzan o no avanzan. Te dan la oportunidad de hablar con alguien de tu familia diez minutos a la semana y se acabó».

—Es aislamiento total, prácticamente, solamente convive con la gente que está ahí interna y los custodios. ¿Con quién pudo convivir dentro del Altiplano?—

«Bueno, sucede algo que yo creo es de los protocolos del mismo Cefereso: que te entrevistan psicólogos y criminólogos y de alguna manera ellos te clasifican y te ponen: “tú vas en esta cajita”, y entonces me tocó en un pasillo donde estaban otros cuatro exgobernadores».

—Es un pasillo de exgobernadores entonces.—

«Y había más, había un general, personas que han tenido responsabilidad en el sistema de reclusorios, gente con preparación y, pues, puedes platicar. Aunque me encontraba a veces en los tránsitos con el jurídico o con el juzgado y te toca platicar con otras personas. Pero en todos, en todos, priva el mismo ambiente: no te dejes caer, no dejes de luchar».

—Y no se dejó caer; veíamos las comunicaciones, entrevistamos en algunos momentos a su hija que comunicaba lo que usted le decía los pocos ratos que tenían o las pocas comunicaciones.—

«Sí, me sorprendió el ánimo con el que fui recibido, porque iba llegando a mi pasillo y salían las bolsas de las papas fritas y el asunto del atún y algunos refrescos. Y ya cuando llegué a mi estancia, iba abrazando un montón de cosas; eso lo que te hace sentir es calidez y, bueno, eso te alivia, te alivia mucho».

—¿La celda cómo era? ¿Era pequeña?—

«Una celda pequeña de ocho metros cuadrados, ocho y medio; dos literas, pero estábamos nosotros en ocupación sencilla, en otros pasillos es ocupación doble. Entonces empieza a haber ciertas consideraciones, pues por lo que dijeron el psicólogo, la psicóloga y el que hace criminología».

—¿Cómo fue el tema de su salud, estando en un lugar donde además sabemos que la altura puede afectar?—

«Pues vas con tu pastillero y todo eso porque lo traes todo el día y tiene una justificación de tus doctores, pero cuando llegas allá ellos dicen: te voy a dar atención médica, pero la de ellos. Entonces, si yo, por ejemplo, tengo un asunto de alta presión, pues llevo mis medicamentos que ya he usado por muchos años y ellos dicen: Sí está bien, pero te voy a dar los que yo quiero. Entonces empiezas a desconocer las pastillas y a veces los horarios, esas cosas, y pues te empiezas a preocupar porque todo esto tiene que ser siempre a la misma hora».

Ernesto Ruffo Appel (derecha) fue un referente clave para las estructuras del PAN en el norte del país. (Foto: Especial / MILENIO)

—¿Fue complicado estas semanas con este tema de salud?—

«Sí, sí fue complicado porque tú dices: Oye, me estoy mareando, por ejemplo. Ah, sí. Y a la semana te hacen caso. Entonces, si te mareas de más entre medio, pues allá tú. Me tocó un compañero que se enfermó del estómago y les estuvimos diciendo a los del pasillo, a los guardias, que se veía muy mal. Y se lo llevaron a la enfermería, pero como hasta los cinco días. Y luego ya no regresó en cuatro días más y eso, pues, no sabes tú qué le está pasando».

—¿Cómo ha sido el regreso a casa en esta primera semana? Ha podido ver a la gente que quiere, a sus amistades, pero al final de cuentas, como inicia el proceso, vemos la custodia afuera, la custodia adentro. Usted sigue detenido, pero ya en su casa.—

«Sí, pero al mal tiempo, buena cara. Se me ocurrió cuando ya venía en este tránsito de más de 2.900 kilómetros; me dijo alguien: Cada que llegas a una frontera estatal, pues te cambian de escolta. Y ahí veníamos avanzando y se vuelve muy interesante. Primero, pues es la época en que se ve todo verde. Hace años que no hacía el recorrido».

—Ya lo había hecho—

«Sí, de estudiante y de gobernador algunas veces. Pero luego, bien importante, porque mis respetos a la Guardia Nacional, o sea, todos muy bien entrenados, muy bien capacitados, son los asignados a los traslados. Es una sección especial de la Guardia Nacional. Vas en el vehículo y empiezas a platicar. Encontré gente muy interesante. Entonces, venía entretenido. Y cuando llego, digo, ¿con qué actitud o qué manera? Y yo creo que le viene a uno de la manera de ser, porque cuando los veo a todos, les digo, oigan, vamos a componer un corrido. El del hombre del cabello blanco».

—Su propio corrido, entonces—

«Ya salieron como cinco versiones, ya andan dando la vuelta. Entonces, ese ánimo propositivo, yo creo que es, bueno, es esencial a tu persona. Pero es la que yo creo que deberíamos lograr todos como mexicanos para construir».

—Sí, que no nos divida, digamos—

«Sí, este asunto del debate ideológico no viene a bien. Y sobre todo esta confrontación entre ricos y pobres, pues está dividiendo al país. Aquí lo importante es cómo vamos a organizarnos de manera que la distancia entre ricos y pobres se vaya haciendo más chica».

—Bueno, habla de ricos y pobres. Usted es un exgobernador, pero no vive con ostentación. Tampoco lo vemos viviendo como un líder huachicolero, como lo acusan—

¿Usted así ha vivido toda su vida? ¿Esta es su casa?

«Sí. Entonces, vives bien. Claro que me tocó ganar dinero. Fui alcalde, fui senador también y diputado. Primero fui director de empresa. Y entonces, pues, ahorras y estas cosas».

«No necesitas más. Y ahora que veo que hay estos asuntos de corrupción, ¿para qué quieren tanto dinero? ¿Qué hacen? No se ocupa tanto. Así que, son de las cosas que tenemos que arreglar».

—Entiendo que no pueda decir mucho sobre el proceso, pero sigue el camino para que usted… La carga de la prueba la tiene quien acusa. Pero en estos momentos, pues, parece que el que tiene la carga de probar que es inocente es usted—

«Sí, en efecto. Más yo, mi rol en la empresa importadora ha sido la de accionista. Hasta ahí, yo no operé nada, ni conocía a nadie más, excepto lo que tiene que ver con la asamblea de accionistas y esas cosas. Sin embargo, como la fiscalía hizo toda una averiguación, editó tomos de investigación y te los dan. Ah, pues, ¿qué haces ahí en la cárcel? ¿Cómo te pones a estudiar? Y veo cosas que digo, ¡Ah, caray! Aquí, pues, buscaron que fuera el involucrado Ernesto Ruffo. Pero yo aprecio que lo forzaron».

—Ve forzada la acusación, entonces—

«Sí. Y entonces dices, esta parte de la investigación no va aquí, va allá. Y entonces, aquí esto puede derivar en cosas, pues, inesperadas. Yo ya había hecho declaraciones antes, hace más de un año. Y decía que yo estaba dispuesto a comparecer, a compartir información, a colaborar».

—¿Y en todo ese año nadie lo buscó? Hasta que lo detuvieron aquí a unas cuadras—

«Hubo una vez que me convocaron el 17 de noviembre del año pasado. Había puente por el 20 de noviembre y me citaron dos días antes del 17, o sea, el 15. Pues, que era un sábado. Y llego yo el 17 y resulta que no había nadie. Más que los policías ahí de la FEMDO«.

«Los guardias se preocupan y mandan buscar y como hasta las tres horas llegó un ministerio público y ya me preguntó y me dice, oiga, está muy interesante lo que usted me platica.  ¿Podría hablar con el señor Gertz? Claro, yo estoy dispuesto a colaborar. Y a la semana después se fue Gertz».

—¿Y ya no lo buscan?—

«Y ya no me buscan».

Ernesto Ruffo llega a su casa de Ensenada. (Foto: Cuartoscuro)

—Entiendo que en el Altiplano conversó con uno de los hermanos Farías Laguna—

«Sí, nos tocó en el mismo piso, en el mismo pasillo. A las semanas después llegó el hermano, el que trajeron de Argentina. Pero, bueno, a los del mismo pasillo nos bajan al patio y ya vamos caminando. Yo siempre he tenido una gran admiración por la Marina Armada de México».

«Yo vengo de la industria pesquera, así que siempre me veía con los marinos. Le ves la preparación. Pero lo que me sorprendió de lo que me platicaba es que él ni siquiera estaba asignado a la región de la aduana marítima de donde sale un asunto de huachicol marítimo. Y, pues, se parece a la integración del expediente como el mío».

—Ve similitudes ahí también—

«Sí, veo».

—¿Dónde topará todo esto?—

«Pues en la verdad, hay que empujar hacia que esta, pues, sea ya clara para todo el mundo para de ahí reconstruir. Pero esto está grave. Sí».

—¿Qué ha aprendido en estas 70, 72 horas?—

«Bueno, que estamos en un caos de incertidumbre en el país, porque la manera y la forma como me han pasado a mí las cosas, dices tú, esto ya no tiene que ver con orden institucional. Tiene que ver con una forma de control político de la vida pública». 

«Y aquí lo que está sucediendo es que hay un interés parcial, una visión que es de confrontación, que principalmente en el populismo viene dándote esto de los ricos contra los pobres, y así no vamos a llegar a ningún lado». 

«Hay que ver cómo en la búsqueda de igualdad vas acercando la situación, y eso es la educación, el crear más oportunidades de trabajo, y la gente vaya teniendo la oportunidad de usar sus capacidades al máximo, que ellos puedan avanzar, subir de un nivel ahí a la familia, y con ello crecer. Entonces debe ser un modelo así. Pero ahorita estamos confrontados».

—¿Ya pudo dormir?—

«Ya estoy un poco mejor, porque allá adentro en el reclusorio, pues alguien grita, y pasa el guardia y te pasa lista, y larga el sueño. Aquí ya medio estoy a nivel del mar».

Durante su captura, Ernesto Ruffo le pidió a sus empleados que «no lo olvidaran». (Foto: Said Betanzos)

Puedes ver la entrevista completa aquí abajo: 

Imagen portada: Cuartoscuro

https://www.milenio.com/politica/armado-ernesto-ruffo-rompe-silencio-carcel

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

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