Flavio Garciandía llega con su irreverencia al museo MARCO en Monterrey

El artista presenta su primera exposición fuera de Cuba en el Marco de Monterrey.
AguaQuemada

septiembre 29, 2026

El artista Flavio Garciandía (1954) enfrentó la censura posrevolucionaria en Cuba con cisnes, frijoles, penes, palmeras, títulos de las canciones de The Beatles adaptadas a su humor “retorcido” y estilo, y sus variopintas influencias, desde el expresionismo abstracto de Jackson Pollock hasta el kitsch caribeño; publica MILENIO.

“La función del arte y del artista es espiritual y liberadora”, declara Garciandía después del recorrido previo a la inauguración de su primera retrospectiva fuera de Cuba, Autorretrato no autorizado, el 24 de septiembre, en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco), una ciudad que lo acogió.

“El buen arte logra transmitir el sentido de la libertad”, agrega el maestro cuya obra, con piezas como El lago de los cisnes, Síndrome de Marco Polo, Tropicalia I, II y III, o Una visita al Museo de Arte Tropical, se conoció a partir de los 80 en las bienales de Sidney, São Paulo, París y La Habana.

Acompañado por su familia y por el curador Tobias Ostrander, Garciandía mostró a un séquito de reporteros regiomontanos y chilangos las 90 obras expuestas, provenientes de distintos acervos de México y de coleccionistas extranjeros, que ofrecen una visión de su trabajo desde 1970 hasta 2020.

“Cuando veo esta retrospectiva viene a mi mente el poeta Fernando Pessoa, que era otros. Yo soy Otro. Veo la muestra como si yo no fuera el que pintó esos cuadros. Fue Otro. Pero me gusta mucho lo que pintó el tipo. Es como si pinté lo que yo quisiera ver”, declara a MILENIO y sonríe con humor casi infantil, de travesura, no obstante pasar una hora en silla de ruedas explicando piezas de la exposición.

“La profesión va por dentro”, contesta a una reportera que admira su fortaleza tras ese gran esfuerzo.

Foto: José Juan de Ávila

Irreverencia

Garciandía, con medio siglo desarrollando una obra abstracta conceptual, nació en Caibarién, Cuba; emigró y vivió en Monterrey de 1995 a 2005 y hoy radica en Ciudad de México, desde donde llegó al Marco a inaugurar Autorretrato no autorizado, que estará abierta hasta el 18 de abril de 2027.

“Monterrey fue su primer hogar después de Cuba. Flavio siempre habla con mucha gratitud de Monterrey, que le dio todas las condiciones para que siguiera trabajando. Fue su primera experiencia fuera de Cuba. Monterrey le dio una perspectiva distinta de su contexto cubano y mucha ambición dentro del mundo del arte. El año 1994 fue un momento de oro para la ciudad: el Marco estaba recién inaugurado, había galerías, otros museos, mucho coleccionismo. Fue un momento de mucho crecimiento artístico para la escena regional y para Flavio”, explica el curador en entrevista.

La simbología está presente en toda la obra de Garciandía, aun en él mismo, que cubre su cabeza con una gorra beisbolera donde el logotipo de los Yankees de Nueva York quedó borrado por pintura negra. Y se carcajea cuando MILENIO le pregunta si le va a los Yankees. “Hoy es un equipo muy malo, pero fue un símbolo”, dice. Y la broma da pie a hablar de símbolos e influencias que ha ido cosechando.

Recuerda que en su trabajo hay muchas referencias al arte norteamericano, sobre todo posterior al neoexpresionismo, y que las primeras piezas las hizo en Nueva York cuando obtuvo la beca Guggenheim.

“Y con el frijol, como la tortilla de los mexicanos, establecí una relación de respeto y de admiración con toda la escuela de Nueva York, el expresionismo abstracto, el minimalismo. Nueva York es la ciudad del arte mundial, innegablemente. Pero siempre mi distancia es sana, es crítica. Y pongo a un artista como Clyfford Still recogiendo mangos en el patio de mi casa en La Habana. Yo adoro a Clyfford Still, pero le falto un poquito al respeto. Yo le llamo un ‘homenaje paradójico’: muestro mi admiración a través de una especie de burla o de exceso de confianza con maestros norteamericanos”.

Según la curaduría, Garciandía revisa con irreverencia la historia del arte y se apropia de otras épocas pictóricas con la ficción, como en Frijoles blancos o Malevich y Ryman en La Habana (2014), o la serie Ad Reinhardt en La Habana (2024), que retoman la tradición del monocromatismo (de Kazimir Malevich, Ad Reinhardt y Robert Ryman) usando blanco, negro y rojo que, al observarse de cerca, revelan patrones que remiten a los frijoles, alimento básico de la cocina cubana.

Garciandía imagina así una visita ficticia de Reinhardt a la capital cubana para probar su platillo típico. La serie invierte la jerarquía que suele ver al arte “periférico” como derivado del “centro” y reinterpreta el monocromo desde lo material: los frijoles aluden a las carencias de los cubanos tras la caída del bloque socialista.

Ganarse los fijoles

“El símbolo del frijol es el resumen, el summun de la cubanidad en cierto sentido. Y, por otra parte, es una serie que he prolongado hasta el día de hoy, porque en Cuba ganarse el dinero honradamente es ganarse los frijoles. Yo me gano los frijoles pintando frijoles en la medida de lo posible. Tú me dices: ‘Píntame un frijol’. Y yo te lo pinto para ganarme los frijoles”, dice Garciandía sobre su serie con la leguminosa de protagonista.

También desglosa cómo desarrolló otro de sus símbolos icónicos: el cisne, con cuya instalación, El lago de los cisnes, parodia del ballet homónimo, se recibe a los visitantes en la primera sala de su muestra.

Esta obra de 1983 consiste en una serie de figuras de madera en forma de esta ave intercaladas con palmeras, pintadas en blanco y negro. La instalación fue presentada en la primera edición de la Bienal de La Habana en 1984. La pieza original fue destruida, pero la versión que se presenta ahora en el Marco es la misma que él mostró en la Bienal de Sídney en 1986.

“El cisne sale de mi puerto. Yo soy de un pueblo pequeño de pescadores de la costa norte de Cuba. Una vez vino conmigo Mario García Joya, uno de los fotógrafos y cinefotógrafos cubanos más importantes, y él notó que en casi todas las casas había una lámina mal montada, mal puesta, con escenas de cisnes. Y en mi afán de acercarme a las tradiciones populares, me pareció que el cisne era lo más representativo, después vino la palmera, que es como la tropicalidad, la utopía.

“He ido ironizando mucho con eso. Por ejemplo, mi cuadro Todo lo que usted necesita es amor, lo pinté con 21 años, en el 75. Curiosamente casi censuran el cuadro por el título; un ideólogo del Departamento de Cultura de la Juventud Comunista en Cuba me comentó muy a la ligera: “Chico, el cuadro está muy bueno, pero ¿por qué le pusiste ese título de Los Beatles (All you need is love?”. “Bueno, agradezca que lo puse en español”, contesté.

El artista lo explica casi como una frase de su Manifiesto, que regaló a los asistentes a la muestra, en una sábana de papel con las consignas de Garciandia icónicas.

Sobre esa pintura clave del hiperrealismo cubano, en la que el artista retrata a su colega Zayda del Río, explica que fue su refutación a quienes dirigían la cultura en Cuba después de la Revolución de los Castro de 1959 y querían imponer su versión de qué es arte y decidir quién era artista y quién no.

Agrega que en su retrospectiva del Marco, se exhibe Todo lo que usted necesita es un cisne, también con una ironía sobre All you need is love, porque en la Cuba posrevolucionaria se hacía creer a todos que los problemas se resolvían con un cisne. “Es un poco el humor retorcido mío, que ha funcionado”.

E ironiza con que, a pesar de las objeciones ideológicas de las autoridades de cultura castristas, la pintura de 1975 fue adquirida inmediatamente por el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, en La Habana, donde se exhibe hoy en la sala de Arte Contemporáneo, como el cuadro más popular del lugar.

Pintor conceptual

El curador Tobias Ostrander conoció a Flavio Garciandía en el Pérez Art Museum de Miami, Florida.

“Flavio es un artista seminal de mucha importancia en la historia del arte cubano. Fue maestro de muchos artistas importantes y un gran artista en el contexto de la década de los 70 hasta hoy. Su generación fue la primera que creció bajo el comunismo completamente y también fue la primera que luchó contra la dictadura comunista y que empujó contra la represión y las reglas culturales de los 80.

“Él es un pintor conceptual, pero siempre hay esta relación entre su obra y el contexto cubano, en el sentido de que en el fondo él está luchando para la libertad del artista, para cambiar su estilo, sus ideas, tener la libertad de expresarse donde él quiera. Y esto no sólo es en el contexto cubano, sino también en el de mercado, de las impresiones hacia un artista que viene del Caribe, de América Latina, él está luchando contra los prejuicios, estereotipos”, comenta en entrevista el responsable de la retrospectiva.

Ostrander subraya en sus apuntes que el título de esta muestra contiene la ironía y el humor que caracterizan la producción artística de Garciandía y responde a una paradoja: “Autorretrato”, “No autorizado”. Si los autorretratos los hace el propio artista, ¿cómo podrían ser “no autorizados”?.

Agrega que esa paradoja marca el eje de la retrospectiva y apunta al papel activo que debe asumir el público para recorrer la obra de Garciandía, donde referencias personales se mezclan con elementos ficticios. “Es una contradicción. Si un artista hace un autorretrato, ¿cuáles son las condiciones que no les permiten al artista no hacer su autorretrato. Eso habla de la autocensura, no sólo en el contexto de

Cuba, sino en general, la autocensura frente al mercado o presiones culturales en el mundo”, comenta.

“Siempre, dentro de esta paradoja, es esta lucha por la libertad de Flavio Garciandía”, dice Ostrende.

El derecho del artista

También curador adjunto de Arte Latinoamericano Estrellita B. Brodsky en la Tate Modern (Londres), Ostrende ubica a Garciandía en una generación posmoderna que transformó radicalmente el arte desde el Caribe.

“Hay un antes y después de Flavio Garciandía en la historia del arte cubano. Él es pintor abstracto, y la abstracción estaba mal vista por el comunismo. De principio, sus intereses en la abstracción fueron a contracorriente en ese sentido. Pero Garciandía está dentro de la historia del arte cubano, pero más como un artista conceptual, de la época en que las ideas detrás del cuadro son más importantes que cómo está pintado. Él tiene una mano increíble como pintor, también.

“Pero su fuerza intelectual, conceptual, es su legado de Cuba. Él fue un gran profesor, y muchos artistas después de él y las obras de sus estudiantes tienen múltiples niveles de lectura, lo mismo pueden parecer en contra del gobierno o a favor del gobierno cubano, con influencia local e internacional al mismo tiempo. Y esta idea de juego sobre el sentido o la política de la obra viene de Flavio, que tuvo una influencia muy fuerte en otros artistas después”, agregó Ostrander.

Recuerda que cuando trabajó en el Pérez Art Museum Miami, el propietario donó su colección de arte cubano contemporáneo y a él le atrajo una de las pinturas sobre Frijoles negros de Flavio Garciandía, que montó en una exposición a la que asistió el artista cubano, con quien finalmente pudo conversar.

“Estaba fascinado con este juego entre lo formal y lo conceptual, el sentido humor en su obra y el juego de influencias. Flavio está jugando con esta tradición de que Nueva York siempre es la influencia para Cuba, él juega con la historia del arte. Estos juegos me gustan mucho, porque Garciandía está jugando con narrativas de poder en el mundo del arte y en la historia del arte, de manera divertida, pero también muy crítica, muy intelectualmente significativa”, agregó el curador de Autorretrato no autorizado.

Aunque Ostrander declara no ser asiduo en lo personal a las retrospectivas cronológicas, destaca que en el caso de Garciandía sí es fascinante porque cada época de su carrera es muy distinta y hay cambios importantes en periodos muy cortos de tiempo, que permiten ver qué tan radical es su manera de pintar.

Desde una posición posconceptual, apunta que Garciandía establece ciertos periodos en su práctica pictórica que se ubican críticamente en relación con distintos periodos pictóricos que han marcado la historia moderna y contemporánea del arte en Occidente. Subraya que se trata de una apelación al derecho del artista de no pertenencia a un estilo en específico y/o a un problema artístico puntual.

Cada uno de estos estilos, sin embargo, comparte la necesidad de Flavio de ubicarse en relación con la cultura visual y la historia política de Cuba, una complejidad ideológica que definió su pensamiento.

Para Garciandía, el exilio significó la posibilidad de construir una historia imaginaria del arte cubano y establecer diálogos entre el arte occidental, en particular el estadounidense y el europeo, y el de Cuba.

Ostrander considera que el artista enlaza su propia práctica artística con las obras y discursos de diferentes artistas, desde Willem de Kooning hasta Damien Hirst. La pintura ha sido para el artista un punto de partida para abordar sus intereses conceptuales. “Uno de ellos es la tensión entre el ‘buen’ y el ‘mal’ gusto a través del kitsch, una tendencia artística de los años 80 que impactó en América, que reutiliza aspectos de la cultura popular que podrían considerarse exagerados o extravagantes”, dice la curaduría.

Imagen portada: José Juan de Ávila

https://www.milenio.com/cultura/flavio-garciandia-presenta-su-primera-retrospectiva-fuera-de-cuba

Fuente:

// Con información de MILENIO

Vía / Autor

// Staff

Usamos cookies para mejorar tu experiencia y personalizar contenido. Al continuar, aceptas su uso. Más detalles en nuestra Política de Cookies.