A casi un año de la muerte de Pepe Soho, Mystika —su proyecto más ambicioso e íntimo, instalado en Torre Cuarzo sobre Paseo de la Reforma— sigue recibiendo público y, según quienes hoy lo administran, respondiendo a la pregunta que el fotógrafo se hizo cuando encontró en la cámara una herramienta de restauración tras un accidente que lo dejó años en depresión: qué puede hacer el arte por una persona que entra a mirarlo; señala MILENIO.
Mystika nunca fue una instalación tecnológica ni un proyecto comercial. A lo largo de 90 minutos y diez salas conceptuales —de Liberación y Pegaso, que trabajan la metáfora del caballo, a Santuario, dedicada a la mariposa monarca, pasando por Ascensión y Amor Propio—, el recorrido convierte el archivo fotográfico de Soho en experiencia inmersiva, sin recurrir a obra digitalizada de terceros.
Es, además, el proyecto con el que representó a México en la Expo 2020 Dubái, donde obtuvo el primer lugar en la categoría de Diseño de Interiores, y el heredero directo de una carrera de más de 15 años que llevó su fotografía a colecciones privadas en siete países y reunió a más de 412 mil personas en sus exposiciones.
Soho murió en octubre de 2025. MILENIO habló con Magdalia Martínez, CEO y productora de Mystika, y Víctor Campuzano, director general y de Operaciones, sobre el estado del proyecto.
—¿Quién toma las decisiones sobre Mystika?
MM: Pepe Soho fue y seguirá siendo el creador y el corazón artístico de Mystika. Eso no es algo que pretendamos sustituir. Pero Mystika siempre fue también el trabajo de un equipo que estuvo con él construyendo y materializando esa visión.
Antes de fallecer, Pepe Soho ya había hablado y tomado decisiones sobre la continuidad del proyecto en su ausencia. Había establecido que Mystika quedaría bajo la responsabilidad de sus socios, incluyéndonos a nosotros.
Actualmente existe una mesa directiva integrada por los socios de Mystika y su hermano. Desde la parte operativa, Víctor y yo asumimos la responsabilidad de conducir esta nueva etapa. He llevado la producción integral de Mystika desde sus inicios, así que existe un conocimiento muy profundo no solamente de la obra, sino de cómo Pepe concebía cada detalle y de todo el proceso que había detrás de ella.
Las decisiones importantes hoy se toman desde esa mesa directiva. No existe una persona que haya ocupado el lugar de Pepe, porque creemos que ese lugar no se puede ni se debe ocupar. Lo que existe es un equipo de personas que conoció profundamente su visión y que hoy tiene la responsabilidad de custodiarla y darle continuidad.
—¿Hubo un plan de sucesión o se construyó sobre la marcha?
VC: Sí había una visión de continuidad. Quizá no en el sentido frío o corporativo de un “plan de sucesión”, pero Pepe Soho sí había hablado claramente de qué debía suceder con Mystika en su ausencia y había asignado responsabilidades.
Eso ha sido muy importante para nosotros, porque en medio de un proceso personal profundamente doloroso no tuvimos que comenzar preguntándonos qué hacer con Mystika desde cero. Había decisiones que Pepe ya había tomado y había personas que llevábamos años trabajando junto a él.
Por supuesto, hay cosas que hemos tenido que aprender y organizar sobre la marcha, porque ninguna estructura puede prepararte completamente para la ausencia de su creador. Pero la base de la continuidad sí estaba planteada por Pepe.

—¿Qué tanto de la identidad de Mystika dependía de la presencia física de Soho?
MM: Muchísimo, porque Pepe no solamente creó Mystika, él la encarnaba. Su manera de hablar de la naturaleza, de la fotografía, del arte, de la espiritualidad y de la capacidad de sanar a través de una experiencia artística era absolutamente suya.
Y justamente por eso hemos decidido que ese espacio no se llena. No queremos fabricar una nueva figura que sustituya su presencia. Nuestro trabajo es permitir que Pepe siga hablando a través de lo que creó. Está en sus fotografías, en la música, en las experiencias, en los espacios y, sobre todo, en la intención y mensaje que puso detrás de Mystika. Nos corresponde explicar y compartir esa visión, pero no apropiarnos de su voz.
—Amor Propio se presenta como una de sus últimas piezas. ¿Cuánta obra queda sin montar?
VC: Es importante aclarar algo: Pepe no dejó obra pendiente de concluir. Todo lo que él decidió realizar lo terminó, incluida Amor Propio y Pegaso, que fueron su obra final.
Eso para nosotros tiene un significado muy especial porque podemos mirar su legado y saber que las piezas que llevan su firma fueron concluidas por él. No estamos terminando la obra de Pepe ni interpretando cómo creemos que hubiera querido terminarla.
Las decisiones relacionadas con su catálogo de fotografía de arte, la presentación, los tiempos y la manera de compartir su obra corresponden actualmente a la mesa directiva de Mystika. Y nuestra responsabilidad es hacerlo siempre respetando la intención con la que fue creada.
MM: En cuanto a su obra artística, Pepe fue muy cuidadoso en concluir todo aquello que decidió llevar a producción. Incluso Amor Propio y Pegaso, que fueron sus últimas obras, quedaron completamente terminadas por él.
Sí existen, sin embargo, dos proyectos que quedaron en etapas distintas. Uno de ellos es Quantum, un proyecto que Pepe estaba desarrollando conceptualmente, pero que no llegó a iniciar. En ese caso somos muy cuidadosos en distinguir entre una idea que él estaba explorando y una obra que podamos considerar terminada o lista para producir.
Por otro lado, Pepe dejó un libro inconcluso, pero bastante avanzado. Es un caso diferente porque existe ya un cuerpo de trabajo desarrollado por él, con una voz, una intención y una personalidad claramente establecidas. Nuestra intención es que, en algún momento, ese libro pueda concluirse con el acompañamiento de escritores y especialistas que tengan la sensibilidad necesaria para trabajar a partir de lo que Pepe dejó, respetando al máximo su voz, su estructura y el sentido que él ya había construido.

—¿Hay un límite ético, algo que no completarían aunque exista el material?
VC: Sí, y para nosotros ese límite es la autoría. No queremos poner la firma de Pepe sobre una decisión que Pepe no tomó. Podemos custodiar sus ideas, sus bocetos, sus conceptos y todo el universo que construyó, pero existe una frontera entre preservar un legado y hablar en nombre de alguien que ya no está.
Si algún día se desarrolla algo a partir de una idea que Pepe dejó, tendría que ser absolutamente transparente qué parte pertenece a su concepción y qué parte corresponde a una nueva interpretación. Para nosotros, cuidar su legado también significa saber cuándo no intervenir.
—¿Mystika puede seguir siendo “de Pepe Soho” si las próximas salas las diseña otro equipo?
MM: La obra de Pepe siempre será de Pepe Soho. Eso no cambia. Pero creemos que es importante distinguir entre la obra de un artista y el proyecto que nació alrededor de esa obra. Mystika nació de la mirada de Pepe Soho, pero también nació con una vocación que iba mucho más allá de su propia figura.
Pepe hablaba de Mystika como una forma de “medicina”: una experiencia en la que el arte, la música, la fotografía, la naturaleza y el amor podrían provocar algo en las personas, incluso sanar algo dentro de ellas.
Nuestra responsabilidad ahora es conservar intacta la autoría de su obra y, al mismo tiempo, permitir que esa intención continúe viva. Si en el futuro Mystika incorpora nuevas creaciones o nuevas voces, creemos que la autoría deberá ser siempre clara. Continuar su legado no significa atribuirle a Pepe aquello que no hizo.
—¿Han pensado en incorporar a otros artistas?
VC: Lo primero es proteger y preservar la obra que Pepe dejó. Tenemos una enorme responsabilidad frente a ella. Pero proteger un legado no necesariamente significa congelarlo. Pepe era una persona profundamente creativa, curiosa y en movimiento. Mystika nació precisamente de esa capacidad de experimentar y de buscar nuevas maneras de provocar emociones.
Por eso creemos que en el futuro pueden existir nuevas conversaciones artísticas alrededor de Mystika. Lo importante será que estén claramente identificadas y que nunca se confunda la obra original de Pepe con aquello que otras personas puedan crear posteriormente.
—¿Cómo evitan que la nostalgia se convierta en la única narrativa del espacio?
MM: Recordándolo desde la vida y no solamente desde la ausencia. Evidentemente existe nostalgia. Para quienes estuvimos cerca de Pepe y construimos Mystika con él, su ausencia es enorme. Pero él no creó este espacio para hablar de sí mismo ni para que la gente saliera triste.
Lo creó para provocar asombro, conexión, amor, conciencia y sobre todo transformación personal. Quizá la mejor manera de honrarlo sea conseguir que una persona entre hoy a Mystika sin haber conocido nunca a Pepe y salga sintiendo algo profundamente suyo y repiense la forma en que vive. Ahí es donde el legado deja de ser nostalgia y vuelve a convertirse en experiencia.
—Con dos sedes activas (Tulum y Torre Cuarzo), ¿cambian los planes de crecimiento sin su figura al frente para abrir mercados?
VC: El sueño de crecimiento ya existía con Pepe. De hecho, antes de su fallecimiento habíamos tenido acercamientos para llevar Mystika a otras ciudades de México y también a otros países. El modelo que Pepe estaba visualizando no necesariamente implicaba que nosotros abriéramos y operáramos cada nueva sede, sino la posibilidad de otorgar licencias para que Mystika pudiera llegar a otros lugares.
Era uno de sus grandes sueños. Pepe quería que muchas más personas pudieran vivir Mystika. Cuando hablaba de la experiencia, hablaba incluso de “llevar la medicina a otros lugares”: de compartir, a través de su fotografía, del arte y de la música, una experiencia capaz de tocar y sanar a las personas desde un lugar artístico y amoroso.
Entonces la expansión no nace después de su ausencia. Es una intención que él ya había puesto sobre la mesa y que llevó a Mystika del 2021 al 2024 a Tulum, del 2021 a Dubái y, del 2024 al 2026, a Ciudad de México. Lo que cambia ahora es nuestra responsabilidad: tenemos que crecer con muchísimo cuidado para asegurarnos de que llevar Mystika a otros lugares no signifique diluir aquello que la hizo especial.
—¿Qué le dicen a los visitantes ahora que Pepe no está físicamente?
MM: Le diríamos que quizá Mystika siempre fue una de las maneras más profundas de conocer a Pepe. No necesariamente porque él estuviera físicamente en una sala o porque el visitante pudiera encontrarlo durante una inauguración, sino porque ahí está su manera de mirar el mundo.
Quien recorre Mystika entra en contacto con el mundo de Pepe y con aquello que lo conmovía: la naturaleza, los animales, México, la espiritualidad, la belleza, la vulnerabilidad, el amor. Su presencia física ya no está y sería absurdo negar que eso cambia algo. Pero la experiencia que él creó permanece. Tal vez hoy conocer a Pepe significa precisamente eso: entrar en su mirada artística.
—¿Con qué frase definirán actualmente a Mystika?
VC: Mystika hoy es un legado vivo: la mirada de Pepe convertida en una experiencia que sigue encontrándose con las personas y que tiene la responsabilidad de continuar compartiendo esa medicina que él encontró en el arte, la música, la naturaleza y el amor.
—¿Qué es lo que más les costó entender de él, ahora que administran lo que dejó?
MM: Quizá entender la dimensión de lo que estaba construyendo. Cuando trabajas al lado de alguien durante tantos años estás concentrado en resolver, producir, crear, abrir una sala, terminar una experiencia, atender el siguiente reto. Estás tan cerca que muchas veces no alcanzas a ver el proyecto completo.
Después de su ausencia empezamos a entender que Pepe no estaba pensando solamente en una exposición o en un espacio. Estaba intentando dejar una manera de mirar, de sentir. Y quizá eso es lo más difícil y, al mismo tiempo, lo más hermoso que nos toca administrar: comprender que podemos cuidar sus fotografías, sus salas y su archivo, pero que lo verdaderamente importante es cuidar la intención que había detrás de todo eso. Que Mystika siga llegando a las personas desde un lugar de belleza, de arte, de amor y sobre todo, de conciencia.
Mystika se encuentra en Paseo de la Reforma 26, Torre Cuarzo, 1er. piso, Col. Juárez. Abre de lunes a jueves de 11:00 a 19:00 horas, viernes y sábado de 11:00 a 19:45 horas, y domingo de 10:00 a 18:00 horas.
Imagen portada: Especial / MILENIO
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