Por María Beasain
Hay que reconocerle a Manuel Pedrero una virtud escasa en estos tiempos de corrección política: su constancia. No cualquiera logra erigir una carrera nacional basándose en el noble arte de manotear mesas de radio y digitalizar el complejo de superioridad. Pero, por encima de su talento para la hagiografía (esa que le dedica a su “patrocinador” Adán Augusto López), destaca su verdadera especialidad: el doctorado en mansplaining agresivo y el linchamiento de mujeres que cometen el pecado capital de no pedirle permiso para existir en la vida pública.
@espejonegromx ‘Yo Soy Misógino Pedrero’ // Por María Beasain / IA Bajo el amparo de la “libertad de expresión”, Pedrero ha construido un búnker de misoginia digital. Si eres mujer y te cruzas en su camino mediático, prepárate: serás traidora, corrupta, o incapaz. Nunca una interlocutora válida. Al final, Manuel Pedrero es el síntoma de una era donde el “youtuberismo” oficialista ha confundido el micrófono con un garrote. Su marca personal no es el periodismo, es el estigma. @YosoyPedrero @@juanbaaq @radio_formula
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El Ring de Fórmula: El “Efecto Tania Larios”
El episodio más reciente de este manual de caballería moderna ocurrió en el programa de Juan Becerra Acosta. Ahí, frente a la diputada Tania Larios, Pedrero desplegó su arsenal de “periodista independiente”: el rostro desencajado, la interrupción sistemática y esa condescendencia que solo un hombre que se siente “guardián de la verdad” puede exhalar.
Para Pedrero, Tania Larios no es una legisladora con argumentos, es un blanco, no es una persona sino una extensión de Alejandro “Alito” Moreno. Cuando Larios lo señaló como un “violentador”, Pedrero no respondió con datos (porque los libros de propaganda suelen ser escasos en ellos), sino con la ironía del que se sabe protegido por el algoritmo y el poder. Su furia no era periodística, era la rabieta de quien ve cuestionada su independencia mientras sostiene el megáfono de una facción política.
El patrón misógino o cómo odiar con ideología
Tania es solo la última en una lista de asistencia que parece el registro de un juzgado de lo familiar. El historial de Pedrero es un catálogo de hostilidades selectivas:
Tatiana Clouthier: A la mujer que operó buena parte de la victoria de 2018, Pedrero la degradó a “traidora” en cuanto ella decidió dejar el gabinete. Para Manuel, las mujeres en la política son leales mientras son útiles, y defectuosas en cuanto piensan por sí mismas. ¿El pecado de la Tía Tatis? Un hombre la controla, Alfonso Romo, un empresario que nunca fue parte del Grupo de los Diez regiomontano.
María Teresa Ealy: Acusada por él de “proteger violentadores”, Ealy tuvo que llevarlo ante la justicia electoral. La respuesta de Pedrero es siempre la misma: “Es censura”. Porque claro, para Manuel, la libertad de expresión es el derecho divino de insultar a una mujer sin que ella tenga la osadía de defenderse.
El Periodismo del “Bot” y Chequera
Lo de Pedrero no es análisis, es un deporte de contacto donde solo golpea hacia un lado del espectro de género. Se disfraza de “fiscal de la coherencia”, pero su vara de medir es tan corta como su tolerancia al disenso femenino. Opera como el brazo ejecutor de una narrativa que confunde el debate con el escarnio.
Bajo el amparo de la “libertad de expresión”, Pedrero ha construido un búnker de misoginia digital. Si eres mujer y te cruzas en su camino mediático, prepárate: serás traidora, corrupta, o incapaz. Nunca una interlocutora válida.
Al final, Manuel Pedrero es el síntoma de una era donde el “youtuberismo” oficialista ha confundido el micrófono con un garrote. Su marca personal no es el periodismo, es el estigma. Y mientras él sigue gritando en los micrófonos de Radio Fórmula, el eco de sus agresiones solo confirma una cosa: que el título de este artículo no es una exageración, es su biografía no autorizada: Yo Soy Misógino Pedrero.



