Por Joaquín Hurtado
Hoy quiero hablar desde la insumisión renovada del homosexual vejado, desde la rebeldía contra la norma machirula del discurso autoritario, desde mi reinado colmado de rufianes y pelados, desde la innoble embajada de lilo viejo y desolado, desde mis libros como autor revolcado en el autoescarnio, desde mi presente como activista orgulloso del sidario, desde mi calidad de loca perdida desde los ocho años, desde mi nombre quemado de antemano, desde mi ínfimo nivel de jotilla rabiosa, envidiosa, cobarde y lujuriosa. Quiero decirlo desde mi exilio de género y mi disidencia literaria, desde mi fama que parece escupitajo, desde mi reputación como destacado lioso, odioso y nada dejado, desde mi posición en la realeza del puterío de barrio, desde mi verga que vive en la parranda con machos malogrados.
Hablo por ser terco, caprichoso y necio, desde mis intestinos constipados. Y, sobre todo, hablo desde mi sangre con pasaporte mil veces infectado, desde mi sodomismo orgulloso y refinado, desde mis riñones antirretroviralmente agotados. Digo y declaro desde mis miedos reales o inventados, desde mi intelectualismo comprometido y sobreactuado, desde mi comunismo trasnochado, desde mi consumismo desatado, desde mi dandismo, desde mi nacionalismo, desde mi proustismo, desde mi clasicismo, desde mi antifutbolismo, desde mi chilaquilismo, desde cada uno de los abusos, burlas, rechazos sufridos por mariquito vulgar y deslenguado, desde cada una de mis contradicciones y mis lociones y mis canciones y mis indignas lecciones, desde mi penuria y mis lujos de minipensionado, desde mi apoyo al matrimonio entre vatos peludos enrriatados, desde cada una de mis lágrimas por los comadres asesinados, desde mi propio matrimonio heterosexual contestatario, por llevar la contra en un mar de hipócritas reaccionarios.
Porque digan lo que digan, soy puto, obradorista, sheinbaumista, pero sobre todo perra juarista. Y le planto cara a los pendejos aspiracionistas, ultraderechistas, entreguistas, trumpistas. Y grito y ladro con la furia de aquellos que lucharon antaño: ¡Los nazis no pasarán, no pasarán! No tolero ni a cien metros a un cabrón fascista. Aunque a muches no les guste, así hablo.
Desde que me descubrí espiritualmente ateo, marica, marihuano y hedonista, desde todos los posibles peros y todos los posibles sin embargos, hablo desde mi trastornada cabeza y mis ataques de diva teatrera. Hoy hablo desde que me siento siempre urgido a levantar la voz y decir a gritos no. No y rechingadamente no. Porque hablo desde mi autoridad de un gran no que soy y he sido. Y como fomentador de grandes o pequeños cataclismos y uno que otro núcleo de sexodivergencia. Vuelvo hoy a decir no a la homofobia, no al linchamiento por decir uno lo que es y tratar de vivir de otra manera.
Desde mi resistencia cívica, consciente, politizada y cantinera, también digo sí. Sí a alzarme como minoría agraviada y amenazada contra el neofascismo, el clericalismo, el neoliberalismo, y el reagrupamiento de la ultraderecha mundial. Por eso, desde mi alta tribuna de maricón indómito y solidario, le doy todo mi apoyo al ciudadano Genaro Fausto Lozano Valencia. En representación de mi voz infame, reitero mi beneplácito para que vaya con toda dignidad a ocupar la embajada de México, mi país, en la bellísima República Italiana.
Hamburgo, Alemania, 22 de agosto 2025.



