Hágase la ley en los bueyes del inmigrante…

La doble nacionalidad es un “riesgo para México”… excepto cuando la tiene alguien de Morena. Para los demás: pureza nacional; para los propios: transitorios, calendarios y excepciones. La vieja máxima del poder, versión 4T: hágase la ley en los bueyes del inmigrante. 2027: pase usted, comadre. 2028: ¡primero México! No es un chiste, es la contradicción que el caso Jasmine Bugarín pone sobre la mesa.
AguaQuemada

octubre 1, 2026

Por María Beasain // IAQuemada

El régimen de Claudia Sheinbaum ha demostrado una capacidad asombrosa para transformar la gimnasia mental en doctrina de Estado. Bajo el disfraz de una pureza patriótica intachable, la autodenominada Cuarta Transformación impulsó con bombo, platillos y disciplina militar una reforma constitucional tan solemne como cínica: quien aspire a mandar en México debe tener una vinculación nacional exclusiva. Ni un ápice de ambigüedad, ni un pie en el extranjero, ni una sola lealtad dividida. La patria primero. El dogma oficial es tajante: la soberanía no se negocia ni se comparte.

Perfecto. El único pequeño y microscópico detalle es que, al parecer, la patria se toma vacaciones en 2027 si el apellido es el correcto. Con la flamante reforma a los artículos 82, 116 y 122 aprobada a tambor batiente en el Congreso —esa donde el oficialismo decretó que tener dos nacionalidades es casi poco menos que un acto de alta traición y un riesgo intolerable de conflicto de intereses—, uno pensaría que la congruencia obligaría a limpiar la casa de inmediato. Pero no.

Wey, el pequeño inconveniente apareció cuando Morena decidió ungir a Jasmine Bugarín como su “coordinadora de la transformación” en Nayarit —esa simpática antesala para la gubernatura—. Está cabrón. Resulta que doña Jasmín tiene un pequeño secreto de nacimiento: vio la luz primera en California, convirtiéndose en ciudadana estadounidense por gracia del jus soli gringo.

¿Y qué hizo el régimen ante semejante afrenta a la soberanía nacional que tanto pregonan? Simple: inventar un telepeaje temporal. La reforma dice que para ser gobernador hay que renunciar a cualquier otra nacionalidad… pero (siempre hay un “pero” cuando se trata de proteger a las cuatas) el régimen transitorio se sacó de la manga que la regla aplica milagrosamente a partir de 2028. Casualmente, Nayarit vota en 2027.

¡Qué timing tan providencial! Así, la abyección ética queda sepultada bajo una chicanada jurídica. La soberanía nacional, esa que Sheinbaum defiende con furor épico en la mañanera, resulta que es elástica: es un peligro mortal para la República en 2028, pero un accesorio perfectamente tolerable, chic y patriótico en 2027 si el billete electoral cae en la alcancía morenista.

Nos dirán, con esa superioridad moral que exaspera, que Bugarín tiene su Certificado de Nacionalidad Mexicana expedido por la Secretaría de Relaciones Exteriores en 2018, y que juró solemnemente renunciar a cualquier otra sumisión. Un trámite burocrático que, según los corifeos del régimen, borra por arte de magia el pasaporte rojo de los Estados Unidos. Pero aquí es donde la puerca tuerce el rabo.

Wey, una cosa es lo que Jasmín le jura llorando a la Secretaría de Relaciones Exteriores con un mariachi de fondo, y otra muy distinta es lo que el Departamento de Estado de la Unión Americana opina al respecto. La propia ley mexicana advierte que obtener la nacionalidad azteca no borra automáticamente la ciudadanía gringa. Para Washington, Jasmín puede seguir siendo tan estadounidense como la hamburguesa, a menos que exista un documento sagrado: el Certificate of Loss of Nationality.

Hasta hoy, ni Luisa María Alcalde desde su búnker, ni la enflaquecida ética de Morena han podido mostrar el documento oficial donde el gobierno imperial de los Estados Unidos reconoce que soltó formalmente a su ciudadana. ¿Sigue siendo Jasmine Bugarín ciudadana norteamericana ante las leyes guarras de Donald Trump? Si la respuesta es no, que saquen el papel y callen bocas. Si la respuesta es sí, entonces el oficialismo está empujando a una candidata con doble lealtad a un puesto de poder… exactamente lo mismo que los censores de Palacio Nacional califican hoy de peligro nacional.

Aquí es donde el discurso del régimen se desangra en su propia hipocresía. Si tener dos nacionalidades es un riesgo de seguridad nacional tan grave que ameritó cambiar la Constitución para blindar a México de influencias extranjeras… ¿cómo se atreven a solapar la misma anomalía en su propia trinchera solo porque el calendario les favorece la jugada? Exigir pureza patriótica para los opositores y los migrantes, mientras se le abren las puertas de par en par a los correligionarios con pasaporte extranjero, no es pragmatismo político, es un insulto a la inteligencia de los mexicanos. Es la vieja, rancia y cínica escuela del poder: la ley es un rigor inquebrantable para aplastar al adversario, pero una sugerencia flexible y maleable para los cuates.

Ya lo decían los abuelos con infinita sabiduría popular, muy lejos de los sofismas de la Consejería Jurídica de la Presidencia. Lo que estamos viendo en Nayarit no es defensa de la soberanía; es, en toda su gloria cínica y corrosiva: Hágase la ley en los bueyes de los migrantes… y la impunidad en los bueyes de mi comadre. Literal.

Fuente:

// La Mañanera del Pueblo / IAQumada / HeyGen

Vía / Autor

// Staff

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